Cuando llega la versión de “Escualo”, la canción dedicada al tiburón del que Astor Piazzolla era cazador, el violinista Serdar Geldymuradov lleva la melodía, mientras el contrabajo y el bandoneón marcan armas tan precisas como la exploración y el estar atento a la presa. El piano de Bárbara y la guitarra de Armando son testigos partícipes de una ceremonia plástica y agónica, como si un cuadro de Caravaggio o de Goya se posaran en medio del escenario.
Ciudad de México, 7 de mayo (MaremotoM).- Dice el bandoneonista Pablo Mainetti que tocar en un concierto la música de Astor Piazzolla es como ir a tocar un concierto con música de Schubert o de Debussy. En esa línea pone a uno de los mejores compositores e intérpretes que ha tenido el tango en el siglo XX.
Como un verdadero clásico, Piazzolla no admite imitaciones de músicos tan geniales como el nombrado Mainetti (un bandoneón así puede tenerme enamorada toda la vida, parafrasearía a algún poema de amor cursilón que recuerde), como Daniel Falasca, que toca un contrabajo tan percusivo (es ahí que va ese sonido fuerte y desmesurado de Astor) como acústico y él mismo baila en el escenario, demostrando que la música de Piazzolla obvio que también se acompaña con el cuerpo.
Un concierto en el teatro de la Ciudad fue el encuentro con la música de Astor, con estos músicos maravillosos, en un concierto sin palabras, sin nombrar al padre de las melodías, porque lo que hace un músico es precisamente tocar sin hablar y cuando empiezan los acordes de “Biyuya” o de “La camorra”, el quinteto demuestra que va a mostrar su propia fuerza, su propio entendimiento del repertorio que interpreta y que, sin quererlo, nos va a descubrir a un nuevo Astor Piazzolla. No sólo porque las composiciones no sean tan conocidas (yo iba dispuesta a escuchar la Suite Troileana o alguna canción con poemas de Horacio Ferrer), fundada en mi ignorancia turística, es decir: toco lo más espectacular para ganarme al público o rebano alguna línea cursi del repertorio, traigo a una cantante y todos lloramos al final.
De hecho, en la conferencia de prensa con los periodistas de México, no fue posible comunicarse con el Quinteto, sino que Julio Val, el director del grupo, explicó que venían a presentar músicas incluso inéditas, que no han sido grabadas, en un “trabajo antropológico” que se llama, como el disco, Operation tango.

El concierto duró aproximadamente 70 minutos, deberíamos nombrar a la pianista muy joven que se adapta perfectamente a sus compañeros hombres y más viejos: se trata de Bárbara Varassi Pega, que ejecuta el repertorio con excelente nivel.
Ni hablar del guitarrista Armando de la Vega, un hombre que sentado nos lleva a volar por todo el universo piazzolleano, que de por sí es complejo y misterioso.
Cuando llega la versión de “Escualo”, la canción dedicada al tiburón del que Astor Piazzolla era cazador, el violinista Serdar Geldymuradov lleva la melodía, mientras el contrabajo y el bandoneón marcan armas tan precisas como la exploración y el estar atento a la presa. El piano de Bárbara y la guitarra de Armando son testigos partícipes de una ceremonia plástica y agónica, como si un cuadro de Caravaggio o de Goya se posaran en medio del escenario.
Tienen más de 20 años de trayectoria, han cambiado algunos integrantes, pero este Quinteto Piazzolla que se presentó anoche en el Teatro de la Ciudad nos hizo vivir un Piazzolla presente, actual y a la vez muy clásico.
Operation Tango, el disco, tiene una clara diferencia respecto a los esfuerzos anteriores del grupo, ya que el repertorio comprende piezas no escritas originalmente por Piazzolla para un quinteto, sin embargo fueron arregladas para este conjunto.
Los títulos incluyen “Tango Ballet”, una pieza temprana de Piazzolla para una película; “Tocata Rea” y “Fuga y Misterio”, de la ópera María de Buenos Aires y Los Sueños, de la banda sonora de la película Sur.
Para Julián Vat, la elección de los temas se mantiene fiel a uno de los objetivos del Quinteto. “La idea no es sólo centrarse en los clásicos de Piazzolla, parte de nuestra misión es poner el foco en piezas menos conocidas que creemos que merecen ser escuchadas”, considera el músico.
Para el Quinteto Astor Piazzolla, el desafío cada noche no está todo en el atril, sino en conjurar ese espíritu en la música. Pablo Mainetti (bandoneón), Bárbara Varassi Pega (piano), Serdar Geldymuradov (violín), Armando de La Vega (guitarra), Daniel Falasca (contrabajo) y Julián Vat (director musical), son los encargados de mantener vigente la revolucionaria música del gran innovador del tango, al presentar una mezcla vívida de tango tradicional, música clásica, jazz e incluso elementos de estilos populares como la canción napolitana y el klezmer.
El grupo ha editado cuatro discos, entre ellos Revolucionario, ganador del Latin Grammy 2019 a la Mejor Grabación de Tango y ha realizado giras por Estados Unidos, Latinoamérica, Europa y Asia.











