José Alfredo Sánchez

ESCUCHAR PARA CONTAR: JOSÉ ALFREDO SÁNCHEZ Y LA MÚSICA QUE ESCRIBE DESDE EL CORAZÓN

Música de fondo es un libro hecho de obsesiones sonoras, de pasiones que no caben en un solo disco ni en una columna. José Alfredo Sánchez, periodista y melómano, convierte su memoria en playlist y su oído en escritura para narrar el pulso íntimo de una vida escuchada —y sentida— desde el corazón.

Ciudad de México, 26 de noviembre (MaremotoM).- Hay libros que nacen del oído y no del teclado. Música de fondo, de José Alfredo Sánchez, pertenece a esa estirpe rara: textos que no se leen, se escuchan. Mientras converso con él pienso en esa vieja frase —repetida, disputada, tal vez gastada—: escribir sobre música es como bailar sobre arquitectura. José Alfredo sonríe cuando la menciono. No la desmiente, la habita.

“Es una frase retórica, nadie sabe quién la dijo en realidad. A mí me sirve para recordar que lo esencial es oír la música. Escribir sobre ella es traducir lo que sentimos cuando la escuchamos”, dice. Habla sin prisa, como quien afina antes de tocar.

Su libro reúne textos publicados durante años —crítica, memoria, obsesiones personales— ahora convertidos en un cuerpo único, como si la música que lo ha acompañado necesitara fijarse al papel. No pretende construir teoría, tampoco canon. Elige otra ruta: contagiar entusiasmo, esa chispa que uno siente cuando una canción le toca el pecho y necesita que alguien más la escuche.

“Yo escribo lo que me ha pegado la gana”, confiesa. No hay en su voz altanería, solo claridad. Monk, Joni Mitchell, Carla Bley, Mingus, Brad Mehldau, la Nueva Canción Latinoamericana… Los textos no obedecen a una curaduría institucional sino a un enamoramiento.

José Alfredo Sánchez
La presentación en la FIL. Foto: Cortesía

Lo escucho y recuerdo algo que le dije al inicio de la entrevista: también yo escribo enamorada. Él asiente. La crítica musical, al menos la que vale la pena, nace de esa fiebre.

Hablamos de México, de la resistencia de la lectura en un país más dispuesto a escuchar que a leer. Él mismo dudó antes de hacer el libro.

“Estos textos tenían vida efímera como columnas. Yo pensé: ¿a quién le va a interesar leerlos en un libro?, pero noté que seguían vigentes y quise que convivieran juntos”.

Lo dice desde un lugar íntimo: sus textos son una autobiografía hecha de discos. La infancia suena, la enfermedad suena, el amor suena, el desasosiego también. Cada capítulo es un retrato sonoro.

Le pregunto por esa parte del libro donde aparece la vida rota de Monk, la histeria creadora, el genio al borde del abismo. Él responde con afecto, sin solemnidad:
“Me atraen los compositores que se aventuran hacia algo más. Gente que no solo toca bien, sino que escribe con una profundidad que rebasa lo musical”.

Grammy 2024
Joni Mitchell, la matriarca de las cantantes. Foto: Grammy 2024

Hablamos de Joni Mitchell. De su sombra junto a Bob Dylan. Del amor sin réplica.

“En Estados Unidos su influencia es enorme. Aquí casi no llegó así. No sé si porque su música no es tan fácil o porque sus letras no han tenido la misma resonancia. Para mí es tan importante como Dylan o Cohen”.

Hablamos también de Francisco Franco, de la memoria reciente, de cómo la canción política resurge cuando la historia se oscurece. Me dice que en su libro faltan argentinos —Yupanqui, Spinetta, Gieco— y que lo sabe. Ríe. La música siempre será un mapa incompleto.

El presente le inquieta. A mí también. Antes escuchábamos discos enteros, mirábamos el libreto, leíamos mientras la música sonaba. Ahora saltamos pista a pista, sin respirar.

“No sé bien hacia dónde va la música. Este dominio del sencillo, del algoritmo, esta velocidad del consumo… me confunde.”

No lo dice como lamento nostálgico. Lo dice como pregunta abierta. En el fondo, Música de fondo es eso: una pregunta. Cómo escuchamos. Qué queda después. Qué música nos construye. Si somos lo que oímos o lo que escribimos sobre lo que oímos.

Quizá ambas cosas.

Este libro trae códigos QR para entrar a playlists. Se lee y se escucha. Se piensa y se oye. El papel no sustituye al sonido; lo acompaña. Es crítica que se asume traducción y memoria que se asume piel.

Al despedirnos pienso en algo simple: hay personas que escriben para demostrar, y otras —como José Alfredo Sánchez— que escriben para compartir una emoción. Esa emoción queda. Suena mucho después de cerrar el libro.