La Sala Principal del Teatro Metropolitano fue testigo de una noche inolvidable: la bailaora, coreógrafa y directora Sara Baras, una de las máximas figuras del flamenco a nivel mundial, elevó el alma de cientos de espectadores con su espectáculo “Vuela”, una obra profundamente emotiva dedicada al legado del maestro Paco de Lucía. Dentro del marco de la 10ª edición del Festival Ibérica Contemporánea, la artista gaditana transformó el escenario en una experiencia sensorial de belleza, fuerza y memoria.
Ciudad de México, 16 de julio (MaremotoM).- “Este espectáculo nació del amor y de la gratitud. Paco fue y sigue siendo parte de mi vuelo”, expresó Baras en un emotivo gesto al cierre del espectáculo, cuando recibió el máximo reconocimiento del Festival de manos de su directora general, Lic. Adriana Covarrubias Herrera. Fue un homenaje dentro del homenaje: a la artista que ha revolucionado el flamenco contemporáneo, a la amiga que honra con danza la obra del guitarrista más influyente del siglo XX.
Flamenco como vuelo del alma
“Vuela” no solo es un espectáculo. Es una travesía emocional. Dividido en cuatro actos —Madera, Mar, Muerte y Volar—, la pieza recorre los caminos simbólicos del recuerdo, la ausencia, la herencia artística y la espiritualidad del arte. Elementos escénicos como bastones, mantones que simulan redes de pescadores, abanicos o la bata de cola, se integraron a una coreografía que es testimonio de dominio técnico y profundidad poética.
La guitarra —omnipresente, incluso en silencio— tejía el espíritu de Paco de Lucía a través de luces que evocaban sus cuerdas, de sonidos que resonaban como ecos del pasado y de emociones que florecían al ritmo de los palos flamencos: tientos, bulerías, rondeñas, tangos, zapateados y saetas.
Sara recita poesía entre movimientos. Habla con el cuerpo, pero también con las palabras. El espectáculo es un gesto total: ella firma la coreografía, la dirección, el guion, y por supuesto, cada golpe de zapato sobre el escenario.

Una trayectoria sin fronteras
Sara Baras no necesita presentación, pero vale la pena recordarla. Su carrera comenzó a los 8 años bajo la tutela de su madre, Concha Baras y desde entonces no ha hecho más que crecer hasta consolidarse como una de las artistas más importantes de la danza española. Ha bailado en los más prestigiosos escenarios del mundo —como la Ópera de París, el Sadler’s Wells de Londres, el City Center de Nueva York y el Teatro Real de Madrid— y ha sido galardonada con premios que van desde el Nacional de Danza de España hasta la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes, el Premio Olivier británico y múltiples reconocimientos internacionales.
“Sara Baras no pisa el escenario, lo transforma”, escribió alguna vez un crítico francés. Y eso fue exactamente lo que ocurrió en Querétaro.

Un equipo que respira arte
Acompañada por un elenco de primera línea, Baras brilló rodeada de grandes talentos: Matías López “El Mati” y María Fernández en el cante, Keko Baldomero en la guitarra y dirección musical, Rafael Moreno en la percusión, Alexis Lefèvre en el violín y un cuerpo de baile preciso y conmovedor formado por Chula García, Cristina Aldón, Carmen Bejarano y Miriam Pérez
Cada uno aportó una capa más a ese tapiz sensorial que se tejía en escena.
Al finalizar el espectáculo, el público se puso de pie en una ovación cerrada y estremecedora. Baras, emocionada, agradeció al Festival y a Querétaro, tierra que la recibió con el corazón abierto. “Gracias por este abrazo. Gracias por hacer del arte un puente entre el pasado y el presente”, dijo ante los aplausos.
La artista dedicó su premio al maestro Paco de Lucía, pero también a la danza, a la memoria y a esa idea del arte como salvación. “Bailar es volar. Y hoy volamos todos juntos.”
Con esta noche mágica, el Festival Ibérica Contemporánea, que celebra sus 20 años y su 10ª edición en México, reafirma su papel como el evento flamenco más importante de América Latina. Y Sara Baras, con cada giro, con cada zapateado, con cada silencio lleno de emoción, volvió a demostrar que el flamenco no es solo un arte: es una forma de vivir, de amar y de recordar.











