Santiago Auserón

SANTIAGO AUSERÓN: LA MELODÍA DE LOS MARES

Más que un disco, Nerantzi es un mapa de encuentros. “Todavía me mueve el deseo de descubrir y compartir música nueva”, confiesa el músico. El álbum une dos orillas del mar que ha sido escenario de tantas civilizaciones y tantas ruinas. En ese espacio común, Auserón encuentra sentido: “Esta idea de que el Apocalipsis se avecina pierde dramatismo cuando uno mira las tradiciones del mundo antiguo y se siente heredero de ellas”.

Ciudad de México, 21 de octubre (MaremotoM).- A Santiago Auserón nunca le ha bastado con repetir fórmulas. A lo largo de su trayectoria —desde Radio Futura hasta Juan Perro—, ha perseguido una misma obsesión: el descubrimiento. Ahora, con Nerantzi, su nuevo disco, el músico zaragozano vuelve a tender puentes, esta vez entre España y Grecia, entre el castellano y el bouzouki, entre el Mediterráneo que separa y el Mediterráneo que une.

“Nerantzi significa naranja amarga en griego”, explica Auserón. “El proyecto nació de un hallazgo fortuito en Atenas. Me metí en un restaurante frente al Ágora, se llamaba Musas. Lo que sonaba era muy bonito. En Atenas hay dúos de bouzouki y guitarra por todas partes, pero aquello sonaba un poco más alto que el estándar medio”, le comentó a Javier del Pino, en la Cadena SER.

Volvió varias veces. Escuchó, observó, preguntó, hasta hacerse amigo de los músicos Vaggelis Tzeretas y Thodoris Karellas. “Al cabo de un tiempo me propusieron adaptar algunos temas suyos al castellano, y así nació Nerantzi”. Lo que empezó como un encuentro casual se convirtió en un diálogo entre lenguas y sensibilidades, un proyecto que rescata la raíz común del Mediterráneo y la transforma en un gesto contemporáneo.

Filosofía y música: el hilo invisible

Auserón conserva intacta su condición de filósofo. “Sigo siendo estudiante de filosofía —dice— y me ha gustado siempre la idea de los pensadores griegos. Cuando conoces la Grecia actual, descubres que es la misma gente que imaginabas en la antigüedad”.

La fascinación se extiende al idioma: “Llevan cuatro mil años hablando prácticamente la misma lengua. Las raíces de las palabras pesan como sillares de la Acrópolis. Me encantaría poder cantar en griego algún día”.

 Santiago Auserón
En Nerantzi hay algo de ese asombro: el deseo de traducir no solo palabras, sino emociones. Foto: Cortesía

En Nerantzi hay algo de ese asombro: el deseo de traducir no solo palabras, sino emociones. Las canciones griegas, adaptadas al castellano, conservan su melancolía, su espíritu antiguo, pero dialogan con el ritmo mestizo de Auserón, con su manera de habitar el tiempo.

Más que un disco, Nerantzi es un mapa de encuentros. “Todavía me mueve el deseo de descubrir y compartir música nueva”, confiesa el músico. El álbum une dos orillas del mar que ha sido escenario de tantas civilizaciones y tantas ruinas. En ese espacio común, Auserón encuentra sentido: “Esta idea de que el Apocalipsis se avecina pierde dramatismo cuando uno mira las tradiciones del mundo antiguo y se siente heredero de ellas”.

El resultado es un repertorio que huele a vino, a piedra y a sal. Una conversación entre guitarras españolas y cuerdas griegas que suena a regreso, a diálogo y a permanencia. En tiempos de fragmentación, Auserón levanta un puente sonoro y filosófico: el de quienes aún creen que la música puede ser una forma de pensamiento.

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