Wenceslao Bruciaga

Pornografía para piromaníacos: Volver a ser homosexual como los de antes

Se llama Pornografía para piromaníacos, cuyo título es un homenaje al grupo Porno for Pyros, “que me gusta mucho. Hablaban del sexo sin culpa y siempre quise escribir una novela que se llamara así”.

Ciudad de México, 14 de diciembre (MaremotoM).- Dice el escritor Carlos Velázquez que Wenceslao Bruciaga “es una de las joyas mejor guardadas de la literatura mexicana. No se ubica dentro de tradición alguna. Ni siquiera con los outsiders. Se cocina aparte. Su prosa está llena de furia, rapidez y avidez por asir lo inasible de la vida”.

En su nueva novela, Pornografía para piromaníacos (Sexto Piso), el autor nos conduce al mundo gay de San Francisco y al mismo tiempo analiza y explora las nuevas relaciones en esta inmensidad del neoliberalismo: Pedro Blaster, Charliee Sebastian y Jeff “Pliers”Peralta son los nombres de tres actores sumergidos en el estridente circuito del porno gay del Área de la Bahía. Su aparente estabilidad de glamur exhibicionista, seguridad económica o sexo al alcance de su antojo, se ve perturbada con la inesperada ola de suicidios que parece afectar como discreta epidemia a otros compañeros actores de la industria.

Wenceslao Bruciaga nació en Torreón, Coahuila, 1977. Es novelista, escritor de no ficción, columnista, guionista, cronista y melómano incurable e insufrible, además de boxeador aficionado y adicto a la pornografía gay. Es autor de los libros Tu lagunero no vuelve más (Moho, 2000), Funerales de hombres raros (Jus, 2012), Un amigo para la orgía del fin del mundo (Discos Cuchillo, 2016) y Bareback Jukebox (Moho, 2017).

“Lo tenía como en secreto, porque cada vez má me estoy alejando de las redes sociales. Se vuelve todo repetitivo y odioso. En la literatura se está perdiendo la capacidad de misterio y quería que hubiera expectativas”, afirma Wenceslao.

Wenceslao Bruciaga
Editó Sexto Piso. Foto: Cortesía

“Es una historia de tres actores gay, que está escrita en tercera persona. Quería alejarme de la autoficción y echar mano de la imaginación otra vez. Hubo un trabajo de investigación para la novela. Hace mucho que yo trabajaba en Quo y hacíamos especiales de sexo y ahí empecé a tener contacto con el mundo gay de San Francisco. Tenía un archivo con muchas entrevistas a actores de la industria. Es una historia que pasa en San Francisco. No quería que sonara falso o impostado. Irvine Welsh, Edmund White y Dennis Cooper, que son como muy honestos con las experiencias gay. No son victimistas ni buscan conmover al lector”, afirma.

Se llama Pornografía para piromaníacos, cuyo título es un homenaje al grupo Porno for Pyros, “que me gusta mucho. Hablaban del sexo sin culpa y siempre quise escribir una novela que se llamara así”.

“Soy un escritor muy descuidado, debo procurar ser más limpios con mis textos, pero es un impulso emocional, creo que escribo así. Las imágenes son muy poderosas. Tengo 45 años, me siento un poco viejo”, expresa.

Esta historia le permite contar varias historias y es sobre todo “un cuestionamiento generacional. Es una novela salpicada de testosterona. Un poco es observar los modos, los mecanismos, los gays de ahora son muy diferentes, se guían por la deconstrucción y yo ya no comulgo con eso. Hay como una presión por asumir todas esas nuevas lecturas de ser homosexual”, afirma.

Wenceslao Bruciaga
Ya estamos normalizados y eso es lo que no me gusta. Foto: MaremotoM

“Sobre los gays siempre hay mucha presión. Ahora envejeces cada dos horas. Mi literatura es para que se extinga, probablemente seguirá existiendo mientras sigamos existiendo nosotros. ¿Qué tanto recurrirán a nuestros textos? A mí se me acusa mucho de que lo que escribo está pasado de moda. Bueno, puede ser, pero entonces se me hace un poco complicado de que el sexo dependa de la inmediatez”, agrega.

“La búsqueda de derechos nos ha vuelto conservadores y eso voltea mucho a los homosexuales. Todos nos hemos vuelto asexuales. Nos quita salvajismo, la virtud por la promiscuidad nos ha definido. Tenemos derecho a la disidencia, esa búsqueda de derechos actual nos quita peligrosidad. Ya estamos normalizados y eso es lo que no me gusta”, dice el escritor.

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  1. Que chido!