Peces raros

Peces raros: los rockeros amantes del tecno hacen bailar a México con sus éxitos

Lucio Consolo y Marco Viera dominan el paisaje sonoro que le da a la banda una poderosa potencia rock disco

Ciudad de México, 27 de mayo (MaremotoM).- Las salas de conciertos se convirtieron en una moneda de cambio para los artistas que tienen el poder de convocatoria para llenar un estadio, pero que prefieren sudar al alcance de las manos de sus fieles.

Para “Peces raros” eso significa un respiro en la gira que realizan por México (se presentan en Puebla, Guadalajara y Ciudad de México) en la que presentan Dogma, su cuarto álbum de estudio, con los cabecillas Lucio Consolo y Marco Viera atentos a dar un respiro antes de continuar con sus presentaciones masivas.

La reputación del dúo Consolo-Viera inició en 2014 con el lanzamiento del álbum “No, gracias”, en el que se reconocen influencias de Charly García, Luis Alberto Spinetta y Miguel Abuelo, pero creció a partir de 2015 cuando los músicos decidieron experimentar con la música electrónica.

Y eso, a los fans que se dieron cita la noche del viernes parece gustarles. La velada comenzó con una experiencia electrónica a cargo de Ezequiel Araujo y Tomás Putruele, pronto el ambiente se tintó carnavalesco, con una asistencia de no más de trescientas personas que siguieron y celebraron las mezclas de sonidos, riffs de guitarra eléctrica y las improvisaciones lideradas por Lucio y Marco recibidas al grito de: “¡te amo, Peces Raros!” y el “¡venga, muchachos!”.

Las luces neón golpeando el escenario y la silueta de los músicos latinoamericanos a postrados en el fondo del Supremo, el inicio lento de la velada fue de menos a más y se volvió más fuerte cuando los músicos fueron acompañados por sus seguiremos al grito de: “Y vos me vas a matar esta noche / Vos me vas a matar esta noche “.

Peces raros
Lucio Consolo y Marco Viera dominan el paisaje sonoro que le da a la banda una poderosa potencia rock disco. Foto: Cortesía

Más tarde, el sintetizador de los músicos se convirtió en el Leonidas que comandó a los espartanos por la terraza con la constante tensión entre un paisaje sonoro rockero y una situación electrónica, amalgamada por el deseo de ponerse a bailar y disfrutar las sutiles transiciones musicales entre una canción y otra.

Peces raros
El grupo es espasmódico y juguetón en todo momento. Foto: Cortesía

El grupo es espasmódico y juguetón en todo momento. A Lucio Consolo le gusta pasar la mayor parte del show con los pies en el suelo, mientras Marco Viera patrulla el escenario dando frenéticas sacudidas a su guitarra eléctrica, incitando a la gente a corear: “Oh, no van a parar / Nadie va a parar / No vas a parar”, sin embargo, el pinto en el arroz que no puede faltar fue la bocina que se reventó a media presentación y provocó una ligera merma en la ejecución.

Si bien una de las cualidades que tienen los argentinos es esa capacidad de estirar los géneros musicales y crear una propuesta que atrapa a la gente (los asistentes no dejaron de vitorear “No van a parar”, “Aunque me digas que no” o “Fabulaciones”) el espectáculo se apoya, en gran medida, en la creación de una atmósfera hipnótica e incandescente, producto de voces ásperas y riffs estridentes y al hacerlo uno reflexiona las verdaderas fortalezas de su unidad: esta banda trata de traficar con versos camuflados entre los sintetizadores y de disparar samples para transmutar acordes. Son en estos momentos de flujo en los que “Peces raros” logran una sincronía absoluta con la audiencia, y con ellos mismos, y se presentan como el tipo análogo moderno, mezcla de Basement Jaxx, Daft Punk y Justice, en la cima de sus poderes.

La automitificación puede meterse debajo de la piel de algunos; contrarrestado por el hecho de que la audiencia se apropió de las canciones de la agrupación y eso es lo más hermoso que le puede suceder a un músico.

 

Comments are closed.