La poeta y gestora cultural habla del secuestro del arte por el mercado, del abandono de lo público, del daño psíquico que nos deja la guerra y del papel desesperadamente necesario del arte en un mundo en llamas. “Vamos a ser una sociedad trastornada por completo. Y sin arte.” (Melisa Arzate)
Ciudad de México, 8 de julio (MaremotoM).- “El arte estaba por todos lados, hoy hay que buscarlo.” Así comienza la conversación con Melisa Arzate, poeta, gestora cultural y autora de Arden (2022) y autora de los libros de poesía Titila sangre (2024) y Entera Nueva (2024).
Titila Sangre es una voz luminosa que no rehúye la oscuridad del presente. Su diagnóstico es certero: el arte ha sido desplazado, atrapado entre el mercado, el espectáculo y la indiferencia política.
“Intenté crear una plataforma cultural —Luna Aura— para llevar arte a espacios insospechados. Pero pronto llegaron las grandes marcas. Me ofrecían recursos para murales, con la condición de incluir relojes, logotipos, personajes con su imagen. Eso ya no es arte.”, dice.

Arzate observa cómo incluso los espacios públicos que antes albergaban grandes exposiciones —como el Museo de Antropología o el Munal— se han vaciado de ambición y apoyo estatal.
“Recuerdo exposiciones como Magna Grecia o piezas de la National Gallery. Frente a una figura griega con narrativa de la Odisea, quedé perpleja. Sentí que debía estudiar eso. ¿Dónde están esas exposiciones hoy? Se fueron. Y el Estado dejó de interesarse por la cultura.”
Al mismo tiempo, el mercado ocupó ese vacío. “Zona Maco, que en algún momento fue legítima, se convirtió en una pasarela. Los corredores culturales son artificiales. Todo está patrocinado, condicionado.”
EL HORROR DE LA GUERRA Y LA PERPLEJIDAD
A propósito de un poema que escribió recientemente sobre el horror en Gaza, Arzate revela que está escribiendo dos nuevos libros: Tragaluz —centrado en su abuela, la violencia de género y el silencio— y Perpleja, un diario poético que parte de la imposibilidad de comprender el horror de la humanidad.
“Cada poema es un alarido ante algo que no entiendo. Esa ‘terribilidad’ —como la de Miguel Ángel, como la de Zurita, como los desastres de Goya— se ha vuelto constante. Pero ahora está magnificada por las redes. Una muerte ocurre 500 mil veces al día, en nuestros celulares.”
Arzate recuerda a la fotógrafa Lee Miller entrando en Auschwitz al final de la Segunda Guerra Mundial. “Ella ve los cuerpos, colapsa, se hunde en el alcoholismo. Nosotros lo estamos viendo mientras sucede. Eso cambia todo. No hay distancia. No hay consuelo.”
Por eso insiste en que la poesía, aunque no detenga bombas, es una forma de resistencia. “Escribir es lo único que me fue conferido. No soy un gobierno. No soy una transnacional. Soy una poeta. Y tengo que decir lo que está pasando.”

MÉXICO: UNA GUERRA SILENCIADA
La poeta también habla de la violencia en México. “Estamos en guerra desde hace años. ¿Cómo es posible que viéramos en tiempo real el asesinato de una influencer y saliéramos a justificarlo diciendo ‘seguro estaba metida’? Eso también es una guerra. Esa chica fue asesinada ante los ojos de niñas que la seguían para aprender a maquillarse.”
Arzate recuerda las imágenes de Pedro Valtierra con los zapatistas: “Parece que México pasó eso como quien pasa un tope. Y ahí sigue. Esa guerra no terminó. Solo nos convencimos de que era invisible.”
La conversación llega a Greta Thunberg, a la banalización del activismo, a la responsabilidad que implica hablar desde una plataforma pública. “No es una cuestión de ego. Es una cuestión de ética. Cuando decides pronunciarte desde un medio, hay vidas en juego.”
Por eso, cada palabra escrita, cada poema compartido, debe tener un compromiso radical con la vida.

EL ARTE O LA BARBARIE
Melissa Arzate no tiene respuestas fáciles. Solo certezas dolorosas: “Claro que tengo que levantarme por la mañana, llevar a mi hijo a la escuela, sonreír. Pero también tengo que escribir sobre esto. Porque eso es lo que soy. Porque si el arte no dice lo indecible, ¿entonces quién lo hará?”
Fragmento del poema “Arrullo a Arunal Rashid”
(Publicado en Titila Sangre)
Entonces me acuesto a llorar como todas las noches
y en lugar de canciones de cuna
te arrullo con las bombas que caen en Daza
POEMA OJIVA TRANSHUMANA
Pase sin cernirse por aquí la pena, no ajena
porque aún cuando al otro lado del orbe anochezca
y aquí se descorran cortinas para hacer como que aún puede haber día,
humanos nos llamamos,
con la nomenclatura dando por sentada una supuesta calidad
H U M A N A
sin tener la más peregrina idea de lo que eso exige y reclama.
A ciencia cierta
en todos los puntos cardinales que, en el esferoide oblato que llamamos tierra,
se confunden izquierda y derecha,
somos, con sobradas pruebas, las más viles de todas las bestias.
De nada valen sofisticaciones, maquillajes ni afeites
ya quisiéramos ser mona de seda:
en cambio, asesinos desmemoriados que repiten las mismas escenas
cambiando actores y escenarios
perpetuando el gore,
el esperpento,
caterva de acéfalos condenados:
Homo sapiens sapiens
supuestamente pensando
dejamos de ser erectus, habilis, ludens, faber
pensando que nos pensábamos como si pensáramos
inventando, articulando de a poco, de a siglos
palabrotas con que justificar nuestra ignominiosa vacuidad:
producción
productividad
prospección
rentabilidad
redituabilidad
redistribución
compraventa
comercialización
conveniencia
capital
capital
capital
no capitel de columna corintia con hojas de acanto para embellecer
espacios abiertos al tiempo de las ideas
a los vientos alisios que airearan las mentes del trópico al oeste.
Tampoco capital de importancia suprema
como epicentro del conocimiento trascendental.
Más bien, capital de pena impuesta
unos sobre otros
guillotinando voluntades, porvenires, derechos de réplica.
Capital del que viste con poder
enjoya con ambición
calza con perversión
corona de aplastante destrucción
de todo lo que tiende a llamarse
VIDA.
Homo Capital-Capital, no Sapiens-Sapiens:
capital de peculio
de caudal
de fortuna
de bien que es todo mal
lo que taladra y habita
invade y carcome
parasita por no decir priva
en esas mentes que se definen como primeros mandatarios
de la más hórrida ambición,
altísimo peldaño en la escala evolutiva del mal mayor .
Todo ese capital que quien pone sus ojos aquí
de seguro no ha visto ni verá
as decir sin decir
petróleo
uranio
hidrógeno
misil balístico intercontinental
ojiva nuclear transhumana, portadora de guerras que son una sola que no acaba:
antes se ocultaba en campos de exterminio, reservas, trincheras o líneas de batalla
hoy transmitida en tiempo real
monetizada en redes por su alcance orgánico letal.
Capturan mis retinas y las tuyas
masacres, brutalidades, depravaciones
estando en la cama, el retrete, el café, la calle que ya no miras
todo con pinta de lejano,
se diluye
se desmaterializa al grado de parecer ficción.
Todas esas muertes reales
pasan por dobles de acción.
¿Quién creería que eso importa más que las batallas de un filme
incluso uno de ciencia ficción que verán los chicos acá
apoltronados con gaseosas y palomitas, creyéndose que nada es real?
Un niño muerto se reduce a un short
otro famélico llorando en un scroll
cuerpos desmembrados en un story
gritos, estallidos y esquirlas en un tik-tok.
Todo el valor humano,
lo creado hacia el bien
la sabiduría de la evolución
el acervo intelectual de la especie
el gran pensamiento de todos los tiempos
desaparece ahí,
en cada uno de esos videos sin actores ni producción
dirigidos por voluntades humanas dispuestas al genocidio
en pos del susodicho capital.
Una pequeña o gran fortuna por el más alto tipo de cambio:
cientos que son miles,
miles que hacen millones
de vidas fulminadas
asesinadas por proyectiles mientras suplican ayuda humanitaria
hospitales y escuelas bombardeados
pintados de absurdo por los miembros de mujeres embarazadas
fragmentos de recién nacidos irreconocibles
entre polvorientos escombros níveos
mercados, calles y casas que no son nadas más que fantasmas
alaridos acallados por detonaciones parecidas a relámpagos
atronadora tormenta mortal
perversa orquesta del fin de los tiempos.
Pero aquí todo pasa y es mejor hacer como que nada pasa
continuar moviendo el pulgar para que aparezca el supuesto drama
de alguna celebridad inflada con royal,
lo último en la gala neoyorquina que cada vez es más un teatro del absurdo-real
la relevancia absolutamente intrascendente de adquirir un nuevo
móvil, auto del año, cuerpo último modelo que revista lo vacuo.
Ese pulgar, esas manos, esas mentes, quedan impregnadas de sangre
porque no es humano intentar olvidar el horror
ese que se quedó ya
irremediablemente sembrado en las mentes de criaturas
gazaties
iraníes
ukranianas
yemenís
afganas
pakistanís
sudanesas
chiapanecas
culiacanenses
no volverán a conciliar el sueño en calma
tatuados por bombardeos como su propio pulso carotídeo
detonaciones como chasquidos al masticar el pan que les falta
cadáveres conocidos y desconocidos como juguetes abandonados
a los pies del olvido.
Matar siempre.
Una y otra y otra vez es la historia de los tiempos humanos
por orden de un tal o cual dios,
en aras de la libertad de unos pueblos que a otros esclavizaron,
en legítima defensa de una fe que realmente no profesan
en nombre del valor del dinero en el tiempo:
es eso lo que hoy llamamos vida
¿PARA QUÉ TANTA VIDA LA MÍA?
Si no vale un céntimo más que la de esos
nada distintos de mí
en los supuestos allás
la mía, puesta en estas manos que no hacen más que cubrirse la cara
frente a las pantallas
llevarse la mano al orificio de la boca mientras allá todo estalla.
Que sirva esta poesía de algo:
para gritar en un coro cada vez más grande
lengua de fuego fatuo
aullido en supresión del cómplice silencio
que vibre la poesía como acto de protesta por encima de
la ráfaga, el bombardeo, el tiroteo
tiritan las caras demacradas de hambre, de miedo
tirito aterrorizada por la indiferencia,
por no entender de qué va esto de vivir sabiendo lo que, mientras escribo,
otras almas padecen sin tregua: PATHOS
patológico, patético eso de querer olvidar
si apenas al cerrar los ojos reaparecen las madres gimiendo
si al probar bocado vienen a mí los pequeños esqueléticos
si tan solo al respirar duelen los huesos de esos para quienes no hay refugio que valga
y el pánico hace las veces de oxígeno en la atmósfera preclara.
De nada vale vivir sin comprender
que cada asesinato en esos horizontes equivale a uno en el nuestro
que lo que pasa por esos lares, tarde que temprano
sucederá en el cielo raso de nuestras cabezas
que la sangre derramada se disemina por mares y tierras
y que acabaremos con los pies empapados sin saber si ese carmín era ajeno
o es ya la propia linfa, derramada mientras dabas la espalda
para seguir una intrascendente vida mundana.
NO QUIERO ESTA VIDA
que pesa tanto llevando a cuestas
todas esas muertes,
cargas invisibles,
realidades siniestras.












Gracias por este artículo. Desde PR reciba un abrazo solidario. Quisiera saber del curso de brujas . Es uno de los temas q investigo acá