Los mejores guitarristas

LOS HEREDEROS DE LA GUITARRA DEL ROCK: DEL LEGADO DE GILMOUR A LA REVOLUCIÓN DE TIM HENSON

Quizá la pregunta correcta no sea quién es el mejor, sino quién está escribiendo el próximo capítulo de la guitarra. En ese libro, las páginas se escriben en múltiples idiomas: blues, metal progresivo, psicodelia, indie, folk eléctrico. El sonido, al final, sigue siendo tan eterno como una cuerda vibrando en manos de alguien que sabe contar historias sin palabras.

Ciudad de México, 9 de agosto (MaremotoM).- La pregunta es simple y a la vez incendiaria: ¿quién es el mejor guitarrista de rock hoy? ¿o la mejor guitarrista? En una época en la que el género ha diversificado sus sonidos y ha perdido la hegemonía que tuvo en los años setenta y noventa, las respuestas se bifurcan.

David Gilmour
David Gilmour y su hija. Foto: Cortesía Facebook

Los puristas nombran a David Gilmour, John Frusciante o Eric Clapton como guardianes de un estilo donde el sentimiento vale tanto como la técnica. Los exploradores del presente apuntan a artistas como Jack White, Tim Henson o Sophie Lloyd, que empujan los límites del instrumento hacia terrenos híbridos y digitales. En el medio, una generación que mezcla reverencia por los clásicos con un hambre por la reinvención.

En el territorio de los consagrados, David Gilmour sigue siendo sinónimo de elegancia melódica. Su forma de tocar —llena de espacios, silencios y notas que parecen tener voz propia— es referencia todavía para guitarristas jóvenes. John Frusciante, por su parte, volvió a los Red Hot Chili Peppers con la misma aura de guitarrista de culto, capaz de dotar a un riff funk de un peso emocional que roza lo espiritual.

Si hablamos de reinvención, Jack White merece un capítulo aparte. A los 50 años, el músico de Detroit sigue sorprendiendo con composiciones como las de su más reciente álbum No Name (2024), donde combina minimalismo, distorsión cruda y un sentido rítmico implacable. “Lo que me interesa es buscar nuevos sonidos con lo mínimo posible. Menos cuerdas, más riesgo”, ha dicho.

La nueva guardia se mueve en un espectro técnico ecléctico. Tim Henson, fundador de Polyphia, combina el virtuosismo del metal progresivo con hip hop, trap y música clásica. Su forma de tocar es tan visual como sonora: tapping limpio, acordes complejos y un sentido melódico que atrae a millones de seguidores en YouTube. “No me interesa sonar como nadie. Quiero que la guitarra cuente historias nuevas”, declaró en una entrevista.

En ese mismo plano de modernidad brilla Sophie Lloyd, que pasó de ser una sensación de internet a tocar con artistas de rock consagrados y encabezar listas de mejores guitarristas del año según MusicRadar. Su estilo combina precisión quirúrgica con un carisma de escenario que recuerda a las grandes estrellas de los ochenta.

El espectro alternativo tiene a figuras como Dan Auerbach (The Black Keys), que ha rescatado el blues-rock con un sonido contemporáneo; Kevin Parker (Tame Impala), que usa la guitarra como un instrumento más en un laboratorio psicodélico o Jamie Hince (The Kills), cuya crudeza minimalista ha marcado a toda una generación indie.

En el lado del virtuosismo puro y la fusión de géneros, nombres como Misha Mansoor (Periphery), Gary Clark Jr., Derek Trucks o Billy Strings demuestran que la guitarra sigue siendo un territorio vivo.

Mansoor ha redefinido el “shred” moderno con afinaciones bajas y texturas complejas; Clark Jr. ha devuelto al blues un espíritu combativo; Trucks mantiene encendida la llama del slide; y Strings es la prueba de que el bluegrass puede ser tan explosivo como el rock.

Incluso hay apuestas emergentes como MJ Lenderman, que desde la escena indie sureña de EE.UU. crea canciones donde la guitarra es tan protagonista como la voz, y que empieza a ser citado como “el próximo gran nombre” por medios como The Guardian.

Hoy no hay un solo “mejor guitarrista de rock” porque el rock mismo ya no es un territorio único: es un archipiélago de islas creativas. Los veteranos como Gilmour y Frusciante mantienen un estándar emocional que sigue influyendo; Jack White demuestra que aún es posible romper las reglas con un acorde afilado y la nueva generación —Henson, Lloyd, Mansoor— expande las fronteras técnicas y estilísticas.

Quizá la pregunta correcta no sea quién es el mejor, sino quién está escribiendo el próximo capítulo de la guitarra. En ese libro, las páginas se escriben en múltiples idiomas: blues, metal progresivo, psicodelia, indie, folk eléctrico. El sonido, al final, sigue siendo tan eterno como una cuerda vibrando en manos de alguien que sabe contar historias sin palabras.

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