Una gran satisfacción que restaurantes tan famosos como La Bota, no se detenga en sus laureles y busque día a día conformar las exigencias de públicos que van cambiando, pero que al mismo tiempo buscan en los sitios cierta tradición, cierta atmósfera y, por qué no, un gesto de noble amistad y simpatía.
Ciudad de México, 28 de julio (MaremotoM).- Hace una semana he tenido la oportunidad de visitar la hostería La Bota, un sitio frecuente, pero al que hace mucho no iba. Me encontré allí con mi amiga, Lucirene Castellanos y vimos de pronto un sitio cambiado para bien, en un contexto que en otros tiempos pasaron por dificultades y por grandes hostilidades de parte de las autoridades del Centro.
El restaurante estaba lleno. Una capacidad que se veía en muchas oportunidades desbordado, pero que al mismo tiempo camareros muy concentrados en lo suyo, atendían con mucha presteza.

La carta como siempre muy poblada y los platillos abundantes, la cerveza bastante fría (nunca estará suficientemente fría para mí) y las cosas que uno iba pidiendo se hacían lugar pronto en la mesa.
Este sitio que se conforma como un espacio cultural y creativo, antes debe saciar la sed y el hambre de los caminantes que llegan a su vera. Ese domingo era un sitio sumamente familiar, algo que no habíamos visto en otras visitas y antes de absorber la gran oferta artística y cultural que tiene La Bota, uno debe enfrascarse en el menú, para disfrutar la particular culinaria que sostiene.
Desde quesadillas monumentales, pasando por una sidra helada o un Martini muy generoso en un vaso, hasta la típica paella que se sirve en bandejas al centro, muy bien provistas, para protagonizar un festín gastronómico.

Responsables de La Bota son, como ya sabemos, el poeta y chef Antonio Calera Grobet y Melisa Arzate, promotora cultural, docente, investigadora y escritora. Ambos dirigen las actividades culturales de La Chula Foro Móvil, Mantarraya Ediciones y, por supuesto, Hostería La Bota.
Ese domingo tuvimos la fortuna de asistir al cuadro de flamenco presentado por La Forja, un grupo que se formó en México en 1996, por el guitarrista Daniel Rivadeneyra y que se ha presentado en todos los tablaos de la Ciudad de México; la agrupación ha viajado por todo el país presentando no solo números flamencos, sino también una mezcla de otros géneros como el jazz, el rock progresivo y la música mexicana.
También ha participado algunos de los más importantes festivales y ferias como el Festival del Centro Histórico de la Ciudad de México, el Festival Internacional de Mérida, el Festival Internacional de Zacatecas, el Festival Internacional del Desierto San Luis Potosí, entre otros.
Así que la danza y la música tuvieron en Hostería La Bota una expresión de alta calidad, que subyugó a los asistentes y que dieron al restaurante un colorido y un fervor ya característicos en el lugar.
Una gran satisfacción que restaurantes tan famosos como La Bota, no se detenga en sus laureles y busque día a día conformar las exigencias de públicos que van cambiando, pero que al mismo tiempo buscan en los sitios cierta tradición, cierta atmósfera y, por qué no, un gesto de noble amistad y simpatía.











