La voz que alguna vez hizo vibrar Woodstock llega ahora al Auditorio Nacional con la misma fuerza de hace medio siglo. Con más de 100 millones de discos vendidos y un lugar asegurado entre los grandes de la música, Fogerty demuestra que la edad no es un límite cuando se trata de rockear con autenticidad.
Ciudad de México, 1 de septiembre (MaremotoM).- En la memoria colectiva, los acordes de “Proud Mary” o “Fortunate Son” no sólo son parte de la banda sonora de los años sesenta: son la radiografía de una época convulsa, con guerras, sueños y contradicciones. Detrás de esas canciones está John Cameron Fogerty, nacido en 1945 en Berkeley, California, un muchacho de voz rasposa y corazón inquieto que acabaría marcando para siempre la historia del rock.
Criado en una familia modesta, Fogerty encontró en la guitarra una brújula para orientarse en un mundo cambiante. Con su hermano Tom y otros compañeros formó primero The Golliwogs, hasta que en 1967 cambiaron de nombre y se convirtieron en Creedence Clearwater Revival, una de las bandas más emblemáticas de la contracultura estadounidense.
El éxito fue vertiginoso: entre 1968 y 1972, Creedence editó himnos que aún hoy resuenan con fuerza. La voz de Fogerty, cruda y poderosa, se escuchó en Woodstock en 1969, en un concierto que selló la leyenda de la banda, aunque nunca apareciera en la película oficial por decisión del propio Fogerty.

La historia de Fogerty no fue un camino fácil. Los conflictos internos y los pleitos legales con Fantasy Records, su casa discográfica, terminaron por deshacer a Creedence en 1972. Fogerty quedó solo, cargando con la gloria, pero también con el peso de disputas que lo alejaron de su propia obra durante años.
El músico se negó a tocar en vivo las canciones que había escrito, incapaz de soportar la injusticia de que sus créditos y regalías estuvieran en manos de otros. Esa etapa oscura marcó su vida, pero también reforzó su identidad de artista independiente y terco, fiel a sus principios.
En los 80, Fogerty resurgió con fuerza. Centerfield (1985) lo devolvió al mapa con su tema homónimo convertido en clásico del béisbol. En 1997 ganó un Grammy por Blue Moon Swamp, prueba de que su talento seguía intacto.
Finalmente, tras décadas de lucha, en 2023 logró recuperar los derechos de sus canciones. Por primera vez pudo decir con orgullo que él era el único autor de los himnos de Creedence, cerrando un círculo de justicia personal y artística.
Un hombre de familia, un músico eterno
Hoy, a sus 80 años, Fogerty ya no está solo. Acompañado de sus hijos, quienes participan activamente en su música, decidió regrabar los clásicos en un álbum titulado LEGACY: The Creedence Clearwater Revival Years (2025). Para él, es más que una recopilación: es una celebración de la libertad, la familia y la autonomía.
La voz que alguna vez hizo vibrar Woodstock llega ahora al Auditorio Nacional con la misma fuerza de hace medio siglo. Con más de 100 millones de discos vendidos y un lugar asegurado entre los grandes de la música, Fogerty demuestra que la edad no es un límite cuando se trata de rockear con autenticidad.
El 29 de septiembre, el Auditorio Nacional será testigo de un reencuentro esperado por casi veinte años. Fogerty, con su inconfundible voz y su guitarra en mano, demostrará por qué Rolling Stone lo incluyó entre los 100 mejores cantantes de todos los tiempos.
Será, sin duda, un concierto histórico: una celebración de la música que cambió el mundo y de un hombre que, a pesar de las sombras y las batallas legales, nunca dejó de cantar.
John Fogerty regresa a México con 80 años y con la misma convicción de siempre: el rock es libertad.











