Charly García

En La lógica del escorpión, siempre están las canciones: Charly García, presente

La lógica del escorpión es el decimocuarto álbum de estudio del cantautor y cuenta con las participaciones estelares de David Lebón, Pedro Aznar, Fito Páez y Luis Alberto Spinetta, de manera póstuma.

Ciudad de México, 12 de septiembre (MaremotoM).- Dice Renata Schussheim que los escorpiones le dan mucho miedo. Sin embargo, es la responsable, junto con el diseñador Martín Gorricho, de La lógica del escorpión (Sony Music), el nuevo álbum de Charly García, después de siete años de no grabar un disco.

La lógica del escorpión es el decimocuarto álbum de estudio del cantautor y cuenta con las participaciones estelares de David Lebón, Pedro Aznar, Fito Páez y Luis Alberto Spinetta, de manera póstuma.

Charly García
Charly García compone y hace canciones. Foto. Cortesía

El último lanzamiento de García había sido Random en el año 2017, tras el cual no había vuelto a publicar música. Sin embargo, a finales de 2023, la cantante Rosario Ortega publicó una foto desde un estudio de grabación junto a él, dando a entender que un álbum venía en camino.

El disco estuvo disponible el 11 de septiembre desde las 16:00 en vinilo y a partir de las 21:00 en las principales plataformas digitales, como anunció en sus redes sociales a principios de la semana.

LA HISTORIA DE CHARLY GARCÍA

Una de las últimas presentaciones públicas del legendario rockero argentino acaeció en el verano cordobés cuando, en el marco del “Cosquín Rock 2011”, el músico de bigote blanco, pasados largamente los 50 años, resucitado después de varias muertes anunciadas que siempre se frustraron (“Al fin y al cabo, él nos va a enterrar a todos”, supo decir alguna vez su colega y amigo Fito Páez), dio un concierto con una energía inusitada, tan propia de otros tiempos, de otros destellos.

Según las crónicas, el autor de temas memorables como “Los dinosaurios” o “Cuando me empiece a quedar solo”, por nombrar apenas dos canciones de su vasta e imprescindible obra artística, se mostró entusiasta, dinámico, dueño de sí mismo y del escenario que ha sido siempre su primera casa, su único domicilio conocido.

Lejos estos apuntes de aquel junio del 2010 cuando García pisó suelo mexicano y ofreció un concierto cargado de nostalgia en el emblemático Auditorio Nacional. Fue la oportunidad en que hizo una emocionante, aunque truncada versión de “Canción para mi muerte”, el himno que escribió a comienzos de los 70 (cuando Charly apenas contaba con 20 años) y que sirvió para celebrar su vuelta a la vida plena, luego de una larga temporada en el infierno de la metadona y de los fármacos para poder dejar la cocaína, su compañera fiel en una existencia cargada de excesos.

“Este es una de los temas que más me gustan; es una canción de vida para los que estamos de vuelta, la voy a cantar hasta donde me acuerde”, dijo entonces el músico, para delirio del público que aplaudió cada uno de los lentos e impredecibles movimientos de un hombre vestido con un traje oscuro, una camisa gris, cargado de kilos, como botarga que reflejara un poco, apenas un poco, la gloria que supo coronarlo como un genio en el ayer.

Este disco, La lógica del escorpión, si bien trae las letras de García, cargadas de nostalgia y anhelante de un tiempo que ya se fue, también es un Charly presente, un artista (así lo llaman sus amigos) que todavía tiene cosas para decir, en un plan –como lo escribió el periodista Eduardo Fabregat en Página 12– que “viene a traer calma. Calma y disfrute, porque a fin de cuentas este Charly sigue teniendo ases en la baraja y para su nuevo disco tomó decisiones radicales que juegan a favor. Entonces, nada de voces manipuladas, autotuneadas o enmascaradas para un pulido final: lo que escuchas es lo que hay. Y el García que suena en LLDE es frentero y auténtico, una voz desgastada por el tiempo y las fricciones, pero que lejos de “ensuciar” el resultado le pone una curiosa épica, sentido y coherencia con las canciones. Si desde 1972 viene estableciendo diferentes Garcías para cada momento, este de 2024 es igual de honesto.”

Su oportunidad en un millón para que el músico también conocido por inaugurar y gozar del concepto de “rockstar” en la Argentina (Y por qué no decirlo, en todo Latinoamérica), se curara de sus adicciones y pudiera alargar una vida que siempre transcurrió en el abismo, en el borde de un precipicio que, según la lógica de los médicos y de los que nunca visitaron el lado oscuro, hace rato que tendría que habérselo tragado para siempre, se dio y ahora tiene forma de disco.

Como sigue opinando Fabregat, uno de los periodistas expertos en el rock argentino, en Luis Alberto Spinetta y obvio, de Charly García: “Charly tiene permitido además ser autorreferente. Rescatar del pasado profundo “Rompela”, su particular visión de aquel lejano “Rompan todo” de Los Shakers, en modo “rockito de apertura ganchero para decir aquí estoy”. Versionar (en rigor, sin mucho más que agregar) el “Juan Represión” de Sui Generis y rescatar de una época similar “Te recuerdo invierno”, con salsa de Farfisa y pajaritos. O replicar sin culpa la melodía de “Chipi Chipi” en la energética “Estrellas al caer” y volver al piano de “20 trajes verdes” como fondo del relato de la fábula de la rana y el escorpión. O, sobre todo, apelar al arsenal mágico de la tecnología de estudios para hacer de “La pelicana y el androide” mucho más que un ejercicio nostálgico en tributo a Luis Alberto Spinetta: aquel tema de Privé demeado en conjunto se convierte en un potente ensayo sónico, un hiperpropulsado viaje al espacio que convierte al track 3 del lado B -Charly ideó este disco pensando en analógico- en uno de los puntos más altos del álbum”.

NO ES COMO CHARLY HACE 20 AÑOS

Renata Schussheim dice que no podemos buscar lo que encontrábamos hace 20 años. Este es Charly García presente y “está bueno”. El carácter del escorpión que ostenta el célebre cantautor es el reflejo de lo que es ahora y el presente está genial, divertido y talentoso.

El último concierto de García en México, por ejemplo, había transcurrido a principios del 2000 en el Salón 21, donde en pleno escenario se dedicaba a tomar cocaína, donde destrozó un cuarto de hotel y donde dio una conferencia de prensa a unos pocos periodistas elegidos mientras se chutaba un churro de marihuana gigante.

Charly nunca paraba y todos los años eran el año en que García iba a morirse. Pero no. No ha muerto. Ni siquiera se murió cuando en 2008 se tiró de un sexto piso y cayó vivito y nadando a una piscina. “A los chicos les digo que no repitan estas cosas en su casa”, fue la primera frase que el músico alcanzó a decir Charly, quien entonces tenía 56 años, antes de que sus asistentes se lo llevaran a descansar.

Charly García
Suena la voz de Luis Alberto Spinetta en La pelicana y el androide. Foto: Especial

Como las que suele disparar Maradona, el otro gran mito contemporáneo y contradictorio de la Argentina, muerto en 2020,  las frases de García resultan memorables. Para muestra aquella que esbozó cuando los periodistas le preguntaron qué opinaba del atentado a las torres gemelas de Nueva York, del que ayer se cumplieron 23 años. “¡Qué puntería!”, dijo. Y no dijo más.

Charly no sólo no ha muerto, sino que al parecer tampoco está tan dormido como dicen aquellos que critican su recuperación farmacológica y preferirían verlo bajo tierra antes que automatizado por los tratamientos hospitalarios.

Quizás, en la vida de Carlos Alberto García Moreno, nacido el 23 de octubre de 1951, todo se deba a su privilegiada constitución genética. Cuando apenas era un niño ya tocaba a Mozart con dedos mágicos y tenía lo que en música se llama oído absoluto.

También era el ser caprichoso y mimado que es hoy, cuando está a punto de cumplir sus primeros setenta y tres años. Cuando sus padres, un matrimonio de clase acomodada de la Capital Federal, partieron en un viaje rumbo a Europa y no lo llevaron, a Charly le dio por tener una crisis nerviosa y contraer vitiligo, esa enfermedad que le produce las conocidas y reconocibles manchas blancas en la piel.

Sí, probablemente hay un gen García que lo salva de todos los males que acabarían prontamente con otros comunes mortales. Ya lo dijo su amigo Fito Páez, al opinar sobre el otro caso del exceso argentino: El caso Cerati. “No sé de qué misterio se trata, Bukowski vivió hasta los 82 años…lo que creo es que no hay leyes, uno tiene una vida, una forma de vivirla y los años no están ligados a los excesos solamente.”

Charly García
Portada de la Rolling Stone Argentina, con una fotografía de Nora Lezano. Foto: Cortesía

Como sea, este hombre que dice ser “el mismo y otro diferente” en forma simultánea, transita por la vida con bandera blanca de paz y de guerra, un estandarte que lo habilita para cantar o no cantar, tocar el piano o no hacerlo, avalado como está por una obra magnífica por medio de la cual ha contado la historia de los últimos 60 años del país que lo vio nacer.

Y siempre quedan las canciones, esos soles que brillan en una carrera sin pausa que Charly García ha seguido siempre fiel a un principio básico: el rock es la fuente de la eterna juventud.

“Rompela”, “Yo ya sé”, “El club de los 27” (Con David Lebón), “La Medicina N° 9” (Con David Lebón)”, Te Recuerdo Invierno” (Casandra Lange – 1995)”, “Autofemicidio”, “América” (Con Pedro Aznar), “Juan Represión” ((Sui Generis – Pequeñas anécdotas sobre las instituciones|1974)”, “Estrellas al caer”, “La Pelícana y el Androide” (Con Luis Alberto Spinetta (LAS – Privé|1986)”, “Watching the Wheels” ((John Lennon – Double Fantasy|1980)”, “La Lógica Del Escorpión”, “Rock and Roll Star” (Con Fito Paéz (The Byrds – “So You Want to Be a Rock ‘n’ Roll Star”|1967 Álbum: Younger than yesterday )

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