Snarky Puppy

De cuantas maneras se puede describir el jugo fermentado de uva

Entrevista con el fundador de Snarky Puppy, una tromba sonora inspirada en la música de los 80

En la última presentación del Empire Central Latin American Tour, Snarky Puppy ofreció un concierto inolvidable

Ciudad de México, 3 de junio (MaremotoM).- En la música nada pesa tanto como la contradicción: la superioridad del oído sobre el cerebro humilla al músico mejor formado. Cuando, el jueves pasado, Michael League llegó al escenario del Auditorio BlackBerry y recibió la primera —de muchas— ovaciones de los espectadores, pensó en sus años en la universidad.

En 2004, el joven músico descubrió su poca capacidad para encajar “en cualquiera de los conjuntos escolares”. Michael League entendió que es la escucha y no la jerga, el camino al corazón de la música: Snarky Puppy es un experimento interesante que demuestra que escuchar es más que analizar.

Escuchar es más que analizar

El momento en que League formó en una escuela del sur de EEUU a Snarky Puppy acabó en anécdota y solo es recordado por melómanos notarios y archivistas. La noche del jueves 01 de junio, lo texano y los mexicanos una vez más se volvieron a ver las caras y la coincidencia no terminó en tragedia, los nacionales lo celebraron como si hubieran recuperado la provincia perdida. Los aplausos crearon tanto estruendo en el recinto como el trío de alientos, las tres cuerdas, los dos pianos y sintetizadores y el dúo de percusiones que acompañan al grupo. El jazz, como los mexicanos, es un ejemplo extraño de cooperación. Los músicos se adaptan unos a otros insistiendo en sus propias competencias y de alguna manera se almoldan y se exigen entre todos a la vez. El mexicano es un ensamblaje de distintas identidades que coexisten al mismo tiempo.

La música da voz a individuos y a grupos a los que se les niega la posibilidad de expresarse en los medios al punto de que, en muchos momentos y lugares, la libertad de cantar es un elemento controvertido y a los mexicanos, como a los músicos, nos gusta tener la palabra. La banda de jazz fusión americana doblegó el corazón de los tres mil doscientos espectadores gracias a un novato y un veterano.

Snarky Puppy es un proyecto que debutó en 2006 con The Only Constant en Denton, Texas. Por su parte, Empire Central, es el décimoquinto disco de la banda y ganó el Grammy al Mejor Álbum Instrumental Contemporáneo, para llegar a este punto de sus carrera Snarky Puppy cambió su residencia desde el sur, hasta el barrio neoyorquino de Brooklyn, pero el álbum presentado regresó a las raíces de Texas, un homenaje a la rica historia de música negra de Dallas.

Snarky Puppy
La música es democrática en cuestiones de agradecimiento. Foto: Cortesía Paussina

La música es democrática en cuestiones de agradecimiento, antes League escribía a cientos de promotores de conciertos —sin mucho éxito—, hoy los promotores los buscan a ellos. Es un triunfo colectivo, quizá por eso, cuando el públicó se rindió ante Michael, él rechazó la ovación con nítido español: “no, no, no, para nada” y pidió las gratitud para todos los músicos. Durante diecinueve años han sido referente de la música mundial.

En 2013 colaboraron con Lalah Hathaway y ganaron un Grammy, en 2015 el álbum Sylvia ganó el Mejor Álbum Instrumental Contemporáneo y repitió el reconocimiento en 2016 por Culcha Vulcha y en 2021 con Live At The Royal Albert Hall, además de 2023 por Empire Central. El grupo tiene nombre de cachorro, a sus diecinueve años el Bulldog Francés de la música jazz tiene pulmones para tocar dos horas y recorre el escenario como un verdadero Ganadero Australiano.

Snarky Puppy
Los texanos pasaron de la intensidad a lo etéreo. Foto: Cortesía Paussina

Los texanos pasaron de la intensidad a lo etéreo. El mundo sonoro del grupo cambió de forma. Keep It On Your Mind, Take It!, Belmon y Cliroy, sonaron más funkys, más pesadas y notablemente más lentas, los primeros veinticinco minutos del concierto recordaron esa capacidad atmosférica perfectamente lograda en los volúmenes discos anteriores y que los álbumes de estudio recientes se perdieron. Un par de discos definen muy bien el ambiente que permeó en el concierto y trasmitieron la escencia de lo que los múscos quisieron lograr: cena familiar (Family Dinner) y nos gusta estar aquí (We Like It Here).

“Gracias por venir, estos primeros cuatro temas son nuevos” fueron las primeras palabras que Michael League dirigió a su publico y muy amablemente les pidió permiso para continuar con otros los tracks de Empire Central.

México se enfrentó a una banda que tocó acordes quejumbrosos, juegos rítmicos y ganchos memorables y que se ganó el corazón de los escuchas con méritos propios. Snarky Puppy dominó de inicio a fin su presentación consolidó su sonido, apretó y pulió su impresionante resonancia de banda. El públicó estalló cuando comenzarón a tocar Lingus o What Abouth me?. Se notaron las venas hinchadas de los cuellos de los asistentes cuando comienzan a tararear y acompañar las melodías. Los músicos adoptan un aire relajado y simpático, Michael Leaguea da afectadas zancadas por el escenario, interactuando con la bada y con el público. Es experto en romper el cuarto plano, sin por ello dejar de transmitir una actitud potente, casi rockera. En su libro Cómo escuchar jazz, Ted Giogia se pregunta: ¿de cuántas maneras se puede describir el jugo fermentado de uva?, esto como una metáfora para tratar de explicar cómo los críticos de música pueden escribir sobre el jazz. La respuesta la dio Snarky Puppy en el Auditorio Black Berry. Verlos en vivo es como presenciar un combate de box. La mano izquierda del cachorro sarcástico mantiene a raya al público —su oponente— con una arrogancia, trasmutada en respeto, nunca antes vista. No era el clásico jam que  apenas sirve para desmarcar territorio e impedir que el otro se acerque, era un constante martilleo de sonidos que persistentemente aturdía y perforaba el oído de los tres mil escuchas. Pum, en la cabeza con el bajo. Pum, en la cabeza aturdida por la trompeta. Pum, en la cabeza rota por las percusiones. Pum, en la cabeza que chorrea de emoción por los sintetizadores. El martillo de sonidos pegaba obsesivamente donde más dolía y no deja en paz a su oponente hasta que terminó su tarea sonora. Los músicos atraparon al mundo entero en la palma de sus manos, para acompañarlos el auditorio elevó tanto su voz entonando Shofukan que no cabía en el BlackBerry.

En la música nada pesa tanto como la contradicción: la imagen de Snarky Puppy es la de un perro pequeño, robusto, compacto y sólido; pero el grupo es numeroso, formado por diez integrantes que con su talento atraviesan campos de sonidos infinitos. Buscan melodías donde parece que no las hubiera. Llegan a temas vivos que trasmiten lo que tienen que trasmitir, que vuelve a contar, en una versión moderna, el cuento del flautista de Hamelin. Por la leyenda alemana documentada por los Hermanos Grimm sabemos que una masa de roedores se entregó a las notas de un sublime flautista, en México una tercia de miles de personas escucharon un concierto inolvidable, una presentación que dejó, en quien lo vivió, el rastro que dejan, también, el miedo o el amor, una enfermedad o una catastrófe.

Atrévanse: nieguen que Snarky Puppy encantó a México.

Atrévanse.

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