Alexandra Gravas

ALEXANDRA GRAVAS: UNA VOZ QUE CRUZA FRONTERAS

No hay nada rutinario en el canto de Alexandra Gravas. Habla de su repertorio como quien teje una historia nueva cada vez: “No quiero karaoke. No puedo cantar igual que una mexicana o una francesa. Soy griega y busco ofrecer una interpretación diferente, personal, que respete la esencia de cada canción pero también le dé nueva vida.”

Ciudad de México, 12 de noviembre (MaremotoM).- La voz de Alexandra Gravas no solo canta: viaja. Nacida en Grecia, vive en Atenas, pero a la vez es ciudadana del mundo; la mezzosoprano ha construido una carrera que desafía las fronteras geográficas y musicales. Su espectáculo Horizons: Viaje a las melodías del mundo, que presentará este 13 de noviembre en Casa Cent’anni Music Hall, es más que un recital: es una travesía emocional que une culturas, idiomas y corazones.

En el escenario, acompañada por el pianista Józef Olechowsky, Gravas interpretará canciones en español, griego, francés, alemán, árabe y chino, en un repertorio que va de “La vie en rose” a “La Llorona”, de “Las simples cosas” a “Bésame mucho”. Cada idioma, dice, tiene “un carácter propio, un alma distinta”.

“Para mí, las lenguas son música. El griego, por ejemplo, tiene una melancolía diferente del español. Cuando canto boleros en mi idioma, la emoción se transforma. El bolero mexicano es más pasional; el griego, más nostálgico.”

Gravas recuerda que el bolero también llegó a Grecia en los cincuenta, de la mano del cine y de intérpretes como Sofía Loren. “Canto ¿Qué es esto que llaman amor?, de una película de 1955. Es un bolero griego, con guitarras y piano, una copia amorosa del estilo mexicano”, cuenta.

No se trata de imitación, sino de encuentro. “Cuando la lengua griega se mezcla con el ritmo del bolero, nace algo nuevo. Es una fusión que no busca borrar, sino abrazar.”

En su discurso, como en su canto, Alexandra habla de puentes, de unión, de empatía. “Mi concierto es una colección de canciones que funcionan como puentes entre culturas. En estos tiempos tan divididos, necesitamos un mundo más unido, porque todos somos humanos.”

La metáfora que elige para explicarse es luminosa: “En una de mis canciones, El cóndor pasa, el ave vuela sobre las fronteras de los humanos. El cóndor no sabe que esas fronteras existen. Quiero ser como ese cóndor: libre, capaz de ver el mundo desde arriba, sin límites.”

No hay nada rutinario en el canto de Alexandra Gravas. Habla de su repertorio como quien teje una historia nueva cada vez: “No quiero karaoke. No puedo cantar igual que una mexicana o una francesa. Soy griega y busco ofrecer una interpretación diferente, personal, que respete la esencia de cada canción pero también le dé nueva vida.”

Por eso su Horizons no es un espectáculo de versiones, sino de visiones. Cada pieza es una conversación entre mundos: Edith Piaf dialoga con Agustín Lara, Kurt Weill se asoma al Mediterráneo y Cucurrucucú Paloma renace en una voz que sabe de nostalgias universales.

“Es un proceso creativo, muy importante para mí. Si no puedo ofrecer algo nuevo, prefiero no cantar. Cada idioma que hablo en el escenario es una forma de decir lo mismo: el amor, la esperanza, la vida.”

Gravas tiene un lazo profundo con México. En 2021, su disco Songbook 3 / El amor es vida, grabado junto al dúo Los Macorinos, fue elegido como Mejor Álbum del Año por el diario La Razón. “México me ha dado tanto —dice—. Aquí descubrí que el público no solo escucha, siente contigo.”

Desde entonces regresa cada año para cantar en escenarios como el Palacio de Bellas Artes, el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris o el Festival Cervantino. Y aunque su familia vive en Atenas, asegura que México es ya parte de su vida emocional. “Regreso para cantar y siempre me siento en casa.”

En Grecia, su carrera no se detiene. Hace apenas unas semanas ofreció un concierto en el Megaron Concert Hall, el equivalente helénico del Palacio de Bellas Artes. “Soy feliz de poder conocer el mundo a través de mi profesión. La voz me ha llevado a lugares donde la palabra no alcanza.”

Alexandra Gravas
Alexandra Gravas en Polanco. Foto: Cortesía

El nuevo recital que presentará en Polanco no es solo un recorrido por las melodías del mundo: es una declaración de principios. En una época donde los muros se levantan y las lenguas parecen dividir, Alexandra Gravas propone el canto como puente, la emoción como idioma común.

“Tal vez no puedo cambiar el mundo —dice—, pero sí puedo cambiar un poco los pensamientos de quienes me escuchan. Eso ya es mucho.”

Al escucharla, una se convence de que tiene razón: hay voces que no solo interpretan canciones, sino que crean horizontes.

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