Ríos escribe con un pie en la realidad mexicana —paisajes, habla, rituales domésticos— y otro en lo fantástico. “Me han dicho que se siente realismo mágico con toques de novela negra. A mí me gusta pensarlo como fantasía oscura: hay misterio y una atmósfera latente, pero lo que importa es el viaje interior”, explica.
Ciudad de México, 5 de noviembre (MaremotoM).- En La otra voz (Hachette), Zaida Ríos coloca a su protagonista —Azul— en una ranchería serrana donde la miseria convive con supersticiones que parecen tan reales como el hambre.
Azul no sólo ve fantasmas: escucha la “otra voz” de las personas, esa conciencia secreta que a veces contradice lo que decimos en voz alta. Desde ahí despega una novela de fantasía oscura que prefiere hablar de amor fraternal y redención antes que de sustos y que confirma a su autora como una de las narradoras jóvenes más sólidas del género.
“Muchos creen que es una historia de fantasmas —dice Ríos—, pero la otra voz es la esencia que nos constituye. Azul oye el alma de la gente y, en ese don, encuentra también su mayor amenaza: él mismo”.
Ríos escribe con un pie en la realidad mexicana —paisajes, habla, rituales domésticos— y otro en lo fantástico. “Me han dicho que se siente realismo mágico con toques de novela negra. A mí me gusta pensarlo como fantasía oscura: hay misterio y una atmósfera latente, pero lo que importa es el viaje interior”, explica.

La novela arranca cuando Azul, separado de su hermano Nicolás, decide volver al lugar de origen para saldar cuentas con el pasado y consigo mismo. Culpa, miedo y lealtad sostienen la trama: “Quise escribir una historia de redención y de amor fraternal. Azul teme lo que puede llegar a ser; su poder lo aísla, pero también lo salva cuando por fin se reconcilia con él”.
La forja de una voz
Ríos planifica, dibuja mapas y entra a escena con los personajes definidos. “Soy obsesiva. Antes de empezar sé cómo arranca y cómo termina. Necesito claro qué desea el protagonista y qué fuerza se le opone”, cuenta. Sus filiaciones literarias van de Mary Shelley a Anne Rice y Poppy Z. Brite. El tono viene, dice, de una infancia entre altos de Jalisco, veranos sin televisión y una abuela que convertía la cocina y el arroyo en usinas de historias: “Crecí entre leyendas de duendes, aparecidos, milagros. En México la línea entre realidad y fantasía es porosa”.
Instalada en La Paz, Baja California Sur, la autora ha construido carrera “a golpe de taller, lectura y terquedad”. Su encuentro con Fernanda Álvarez, editora de Hachette, fue determinante: “La conocí en la FIL. Le dejé el manuscrito y, tres meses después, me escribió: Me interesa. A partir de ahí, entendí que también en este oficio hay puertas que se abren”.
Ríos celebra el momento del género y del catálogo donde publica: “En H. Otros mundos (Hachette) hay cuatro autores mexicanos y tres somos mujeres. Esa mirada abierta ha sido clave para la fantasía, el misterio y el terror que hoy leen con voracidad las nuevas generaciones”.

La prosa de La otra voz alterna pasajes de tensión con claros instantes luminosos —la complicidad entre hermanos, la promesa de pertenecer a algún sitio—. “Necesito destellos de luz para que la oscuridad pese. Mis personajes son grises: como nosotros”, dice Ríos, que acaba de cerrar un libro de cuentos para el programa PECDA y prepara su siguiente novela con Hachette.
¿Cine o serie? La autora se entusiasma sin titubear: “Sería una gran película. Si un director como Guillermo del Toro leyera esta historia, sabría que el monstruo más peligroso está adentro”.











