Vivian Sánchez Barajas reafirma su convicción de que escribir es un acto vital y político: “Seguir escribiendo es la única manera. Es mi salvación, mi rebeldía, mi postura frente al patriarcado y frente a lo establecido. Contra la pérdida, contra la violencia, contra la soledad: seguir escribiendo es seguir viva”.
Ciudad de México, 4 de septiembre (MaremotoM). – La poeta mexicana Vivian Sánchez Barajas vuelve a sorprender con La sangre llama (Los Libros del Perro), un libro atravesado por la muerte del padre, la memoria y la dificultad de la despedida. La obra surge como un viaje de duelo y de escritura que, lejos de encerrarse en lo autobiográfico, busca convertirse en una experiencia compartida con los lectores.
“Definitivamente, la inspiración principal fue la muerte prematura de mi padre”, explica. “Yo vivía en Vietnam y no pude despedirme. Ese duelo a distancia marcó la escritura y me obligó a reescribir durante años. Tengo más de 25 versiones del mismo libro”, afirma.
Su libro anterior, Santorini, ya exploraba los vínculos entre eros y tánatos, en la línea de Georges Bataille, pero en clave más íntima. Con La sangre llama, la poeta siente que el tono se volvió más abierto: “Creo que este libro es más pensado en el lector. En Santorini trabajé la tensión entre erotismo y muerte; aquí busqué la universalidad, que otros pudieran sentirse identificados. No quería quedarme solo en el yo dolido, en el ego. La poesía debe impactar también en quien la lee”.
Nacida en Mexicali, Sánchez Barajas reconoce que la vida literaria en el norte del país no ha sido sencilla: “Acá es como vivir en el Viejo Oeste. No soy académica ni pertenezco a los grupos locales, así que mi camino ha sido mandar los manuscritos a editoriales y esperar. Siempre ha sido así, con Santorini y ahora con La sangre llama”.

Ese aislamiento, sin embargo, se verá interrumpido pronto: la autora prepara su mudanza a Europa, donde espera acercarse a otros círculos literarios y ampliar su horizonte creativo.
En La sangre llama conviven la muerte y el amor, pero también la fragilidad psíquica y la dimensión sobrenatural: “Nuestro primer amor es el padre y eso aparece en los poemas. También el deterioro de su salud mental y ese momento en que el padre pierde poder sobre sí mismo y sobre la familia. Claro, lo sobrenatural: los muertos regresan, se manifiestan. Yo quería incorporar esas presencias”.

Además de la poesía, Sánchez Barajas trabaja en dos proyectos: un libro de poemas sobre migración y colonización y su primer libro de cuentos, escrito desde la autoficción.
“Sobreviví una relación violenta. Denuncié a mi agresor y terminó en la cárcel. Fue una experiencia muy dura, pero también un acto de justicia inesperada. Ese libro de cuentos nace de ahí. Es fuerte, porque lo viví, pero me interesa dar testimonio. Será mi primera incursión en la narrativa”, expresa.
Vivian Sánchez Barajas reafirma su convicción de que escribir es un acto vital y político: “Seguir escribiendo es la única manera. Es mi salvación, mi rebeldía, mi postura frente al patriarcado y frente a lo establecido. Contra la pérdida, contra la violencia, contra la soledad: seguir escribiendo es seguir viva”.











