Memo Bautista y Sonia Yáñez

UNA CRÓNICA SONORA DEL CENTRO HISTÓRICO: 40 AÑOS DE MÚSICA CALLEJERA

Sonia Yáñez y Memo Bautista convierten canciones, calles y memoria en un mapa vivo de la capital, en una ciudad que no se calla. Una crónica sonora del Centro Histórico confirma algo sencillo y poderoso: la ciudad también se entiende con los oídos. Entre boleros, ska, rap, rock y pregones, Yañez y Bautista levantan un espejo donde el Centro se reconoce en su belleza y su furia, en su memoria de canciones y su ruido perpetuo. Porque la ciudad que somos —amorosa y cansada, brillante y rota— suena. Y en estas páginas se escucha.

Ciudad de México, 3 de septiembre (MaremotoM).– ¿Cómo suena el Centro de la Ciudad de México? Nunca está en silencio. Desde los conciertos en Bellas Artes o los gratuitos del Zócalo hasta los salones de baile, los músicos callejeros y las rockolas de cantina, la música brota en todas sus formas, sobre todo en la canción popular urbana. Siendo la principal zona de atracción —con exceso de habitantes y visitantes—, el Centro ha sido cantera de artistas, escritores, pintores y músicos.

De eso trata Una crónica sonora del Centro Histórico (Fideicomiso del Centro Histórico, 2023), de Memo Bautista y Sonia Yáñez: una audioguía escrita a ras de asfalto para conocer el Primer Cuadro a través de sus canciones.

Un archivo vivo: 70 canciones, 12 años de campo y cientos de pistas

El año de partida es 1980 —cuando por decreto presidencial se creó el Centro Histórico— y el recorte es quirúrgico: solo temas grabados. El libro reúne 70 canciones escritas en los últimos 42 años, elegidas de un archivo mayor que hoy llega a unas 400 grabaciones sobre la ciudad.

Cada pieza se teje con anécdotas, notas periodísticas, relatos, mitos urbanos y, mediante códigos QR, puede oírse in situ en un mapa musical que recorre la Alameda, el Barrio Chino, el Eje Central, la Torre Latinoamericana, el Teatro Blanquita, Garibaldi, Tepito, La Merced, el Mercado de Sonora y estaciones del Metro.

Memo Bautista y Sonia Yáñez
Una crónica sonora del Centro Histórico. Foto: Cortesía

“La música es un archivo —dice Sonia—: te cuenta cómo se vivía la ciudad y cómo se vive ahora. Hay canciones atemporales y otras que clavan un alfiler exacto en su momento”.

Memo recuerda el chispazo: “Tenía que programar diez canciones sobre la ciudad para un programa de radio y en una búsqueda rápida salieron veinte. Se lo conté a Sonia y encontramos un mundo”.

La investigación supuso años de caminatas y de buceo en plataformas, colecciones privadas, discotecas, archivos y tianguis de La Lagunilla. “Si no delimitábamos, jamás terminábamos”, admite Memo. De ahí las dos reglas: Centro Histórico y grabaciones existentes.

El resultado es periodismo narrativo escrito con oficio de músicos: capítulos con ritmo propio que permiten andar y re-andar el Centro a compás de rock, blues, reggae, cumbia, salsa y hip hop; y un retrato de quiénes han cantado más esta zona en cuatro décadas: Jaime López, El Tri, Maldita Vecindad, Café Tacuba, Los Negrete, Rockdrigo González, Amandititita, entre otros. También un ranking involuntario de lugares inspiradores —con Garibaldi, Tepito y el Metro como tricéfala musa—: “Por lo menos cinco canciones cada uno”, calculan.

Memo Bautista
Un gran cronista, autor de En la fosa común: Memo Bautista. Foto: Cortesía

El libro no idealiza. “Queríamos contar también la parte fea”, dice Sonia. Y enumera: encharcamientos, baches, calles cerradas, montañas de basura cuando los vecinos sacan bolsas de noche, ratas en Reforma y el golpe de olores al salir del Metro Zócalo: “Es un olor a orines, a caca… si vas a escribir sobre el Centro, tienes que escribirlo todo”.

Ambos han vivido dos veces en el Centro —en Victoria, cerca del Metropolitan y en Leandro Valle y Perú, a espaldas de Santo Domingo—y conocieron de primera mano el desplazamiento de habitantes históricos hacia la Lagunilla. “Para escribir del Centro hay quien lo vivió y quien lo vive —dice Memo—: el que habita y el que lo camina para comprar, trabajar, pasear. Sin querer, esas canciones son crónica”.

Lo extraordinario en lo ordinario

El libro invita a levantar la mirada. “La Torre Latino está tan presente que se vuelve invisible”, sugiere Sonia. La devuelven al centro del cuadro con dos pistas: “Mexico City Blues” de Los Negretes —un corazón roto que sube a los catalejos del mirador a buscar la casa de la ex— y “Mare” de Maldita Vecindad, donde un turista yucateco se rinde ante el rascacielos. “Buscamos lo extraordinario dentro de lo ordinario”, resume Memo.

Sonia Yáñez
“Explorar es recordar dónde estamos”, dice Sonia. Foto: Cortesía

También leen la ciudad en sus nombres cambiantes: Plateros hoy es Madero; el Eje Central fue por años Niño Perdido —“todavía hay una papelería que lo recuerda”—. “Explorar es recordar dónde estamos”, dice Sonia.

Sobre el presente, no dudan: falta planeación y continuidad. “Cada intento de orden dura poco. No importa si gobiernan los mismos, nadie sigue lo que funciona”, advierte Memo.

Sonia añade otra capa: “Se privilegia lo visible y no se ataca la raíz. Falta educación ciudadana y mantenimiento. Por eso tenemos socavones, basura en las coladeras y calles invadidas”.

Citan transformaciones recientes que mueven el paisaje: el remozamiento de La Merced —nuevos pisos, instalaciones reguladas tras incendios— y el cambio de dinámica en Garibaldi después de un accidente que acotó las fiestas callejeras. “Nuestro libro congela un instante, pero la ciudad no deja de moverse”.

El Metro: de Rockdrigo a raperos actuales, la línea subterránea es compás y metáfora (“atraviesa el Centro y la vida diaria”).

Garibaldi: himno de mariachis y banda; serenatas, despedidas y amaneceres (“la música al aire libre como derecho de la noche”).

Tepito: barrio bravo donde conviven cumbia, sonideros, reguetón y rock (“la música como identidad y resistencia”).

Eje Central: eje de casseteros, discos y tianguis; paisaje de bocinas y pregones.

Bellas Artes/Zócalo: de lo sin–fónico a lo sin–freno: conciertos formales y masivos gratuitos (“dos polos de un mismo sistema de sonido”).

Sobre el Centro como tema inagotable

“Hay un libro con 500 corridos de la ciudad. Entendimos que si no recortábamos, nunca terminaríamos” (Memo).

“No solo queríamos la postal bonita: también el olor del Zócalo cuando llueve y el estorbo de la basura nocturna” (Sonia).

“Se piensa más en el futuro político que en la ciudad. Eso nos condena a empezar de cero cada sexenio” (Memo).

“La Latino está ahí, pero ya no la vemos. La música te obliga a mirar y oír de nuevo” (Sonia).

Lo que sigue: precuela y ciudad completa

La “precuela” que muchos lectores piden —ir de 1980 hacia atrás, desde Cantares de Tenochtitlán—.

El libro de toda la ciudad, con crónicas más allá del Centro. “Ya estamos escribiendo y buscando quién lo edite”, adelantan.

Una crónica sonora del Centro Histórico confirma algo sencillo y poderoso: la ciudad también se entiende con los oídos. Entre boleros, ska, rap, rock y pregones, Yañez y Bautista levantan un espejo donde el Centro se reconoce en su belleza y su furia, en su memoria de canciones y su ruido perpetuo. Porque la ciudad que somos —amorosa y cansada, brillante y rota— suena. Y en estas páginas se escucha.

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