Un nahual en el imperio propone leer esa historia no como excepción, sino como síntoma. La vida de un hombre mixteco que cruzó el río Bravo para desafiar a la mafia neoyorquina es también la vida de una nación que mira desde lejos a sus hijos. Guerrero devuelve esa mirada con precisión, afecto y profundidad.
Ciudad de México, 25 de noviembre 2025 (MaremotoM).—La advertencia resonó como destino y como presagio: “Tú eres un nahual y por eso siempre van a tratar de hacerte daño.” Esa frase, pronunciada por una curandera en la infancia de Jaime Lucero, se convirtió en el eje simbólico que guía Un nahual en el imperio (Grano de Sal), el nuevo libro del periodista y especialista en migración Maurizio Guerrero. La obra reconstruye una vida marcada por la pobreza extrema, la intuición, la violencia estructural y la capacidad de fundar comunidad en el corazón financiero del mundo. La historia personal de un migrante mixteco de Puebla desemboca en un retrato político más amplio: la ausencia histórica de representación para los mexicanos en Estados Unidos.
Guerrero explica que la noción del nahual no se incorporó como elemento decorativo, sino como llave narrativa. “El nahual tiene dos acepciones: chamán o curandero y esa imagen me interesaba porque Jaime Lucero migró como un indígena mixteco con una cosmovisión que se contrapone al centro del capitalismo global,” afirma. El contraste entre Manhattan y la Mixteca poblana funda el ritmo del libro: dos sistemas de vida enfrentados, dos maneras de comprender el mundo que convergen en una historia de sobrevivencia.

La mafia, las telas y la intuición
El ascenso económico de Jaime Lucero ocurrió en un territorio dominado por la mafia italiana: la distribución de telas en el antiguo distrito de la moda de Manhattan. Guerrero recupera una tensión poco explorada en la narrativa migrante. “Los italianos lo dejaron entrar al principio, porque él repartía telas y lo que les interesaba más era distribuir prendas ya terminadas,” recuerda. El problema comenzó cuando Lucero creció. Los choferes latinos contratados en Nueva York temían a la mafia. El emprendedor recurrió entonces a jóvenes expandilleros mexicanos que no conocían ese poder ni tenían miedo a las amenazas. Esa estrategia permitió que su empresa se expandiera sin ceder ante la intimidación criminal.
La violencia y la intuición, dos fuerzas que atraviesan la vida de Lucero, funcionan como motores del libro. “Él siempre se concibe como parte de un colectivo. Nunca habla de su éxito como algo individual. Dice que sus logros son los logros de la comunidad,” sostiene el autor. Esa filosofía explica no solo su recorrido empresarial, sino la construcción posterior de Casa Puebla y Fuerza Migrante, organizaciones dedicadas a otorgar becas y a promover la representación política de la diáspora mexicana.

El libro también documenta la transformación urbana de Nueva York desde los ochenta hasta hoy. La industria textil se desplazó hacia Brooklyn y luego hacia los suburbios debido al incremento en los costos de Manhattan. Guerrero detalla esta migración económica: “La trayectoria de Lucero te habla desde Manhattan como centro del universo neoyorquino, después Brooklyn, luego otros condados y ahora Nueva Jersey.” La expansión refleja el modo en que los migrantes, particularmente los mexicanos, han ido reorganizando sus espacios de vida en la zona metropolitana.
Pasar de Independencia, un poblado de la Mixteca, a los suburbios de Nueva Jersey implica una reconfiguración del mundo. Sin embargo, en esa geografía persiste la lógica comunitaria. Tiendas mexicanas, centros de apoyo legal, restaurantes, asociaciones y redes de ayuda mutua forman parte de una vida colectiva que se niega a la disolución.
La pregunta crucial: ¿quién representa a los mexicanos en Estados Unidos?
La obra coloca una cuestión central sobre la mesa: la ausencia absoluta de representación política. Guerrero lo dice sin matices: “Realmente nadie nos representa acá. No hay una sola figura en el Congreso estadounidense que se asuma abiertamente como mexicano o mexicano estadounidense.” Esta vulnerabilidad se acentúa en el contexto del gobierno de Donald Trump. “Hay un ataque frontal. Su eje es la xenofobia,” señala.
En ese vacío político surgió Fuerza Migrante, una organización que impulsó las primeras diputaciones migrantes en México. El logro parecía imposible en 2018. La realidad cambió. “Cuando retomé el libro en 2024 ya había 11 diputados en 2021 y luego 7 y una senadora en 2024. Lo que comenzó como una idea noble rindió frutos,” apunta Guerrero.
El autor pide que esta reforma no se desmonte. La nueva discusión electoral en México amenaza con eliminar esas curules. “Este libro ojalá sirva para que los diputados vean la importancia de la representación migrante. Se les celebra por las remesas, pero no se les escucha,” afirma.
La escritura de Guerrero combina estructura periodística, análisis político y la energía narrativa de una biografía mayor. El resultado es un retrato de la migración mexicana desde una perspectiva rara vez contada: la del poder construido desde la periferia, desde la intuición y desde la solidaridad.

La figura de Jaime Lucero permite mirar una diáspora que cambió profundamente. Las comunidades mexicanas en Estados Unidos no solo sostienen al país mediante remesas: también son agentes políticos, culturales, económicos y sociales. Este libro ofrece una interpretación más compleja de ese fenómeno, una página que interpela a México y otra que interroga al imperio estadounidense.
La elección de Zohran Mamdani como alcalde de Nueva York abre otra línea de lectura. Guerrero considera que su triunfo inaugura un nuevo horizonte. “La ciudad tiene hambre de una narrativa de igualdad económica y justicia social y esa narrativa incluye a los migrantes,” afirma. La mirada progresista de Mamdani encaja con el espíritu que anima el libro: la necesidad urgente de repensar quién pertenece, quién decide y quién tiene derecho a ser escuchado.
Lucero llegó a Estados Unidos con las palabras de una curandera en la memoria. Guerreros del capital financiero y ladrones de la periferia le exigieron resistencia. El nahual funcionó como advertencia y como brújula. El libro revela que esa doble condición no es solo suya: es la condición de millones de migrantes que cargan con la herida, el mito, la intuición y el deber de sobrevivir.
Un nahual en el imperio propone leer esa historia no como excepción, sino como síntoma. La vida de un hombre mixteco que cruzó el río Bravo para desafiar a la mafia neoyorquina es también la vida de una nación que mira desde lejos a sus hijos. Guerrero devuelve esa mirada con precisión, afecto y profundidad.











