En mayo de 2026, Stallone compartirá con sus lectores ese trayecto en Los Escalones, sus memorias más esperadas, que publicará Plaza & Janés en España y Latinoamérica. Será, en palabras del propio actor, “mi testamento, la expresión de lo que quiero que sea mi legado”.
Ciudad de México, 19 de septiembre (MaremotoM).- Cuando Sylvester Stallone tenía apenas doce años, se sentó por primera vez en los setenta y dos escalones del Museo de Arte de Filadelfia. Nadie lo miraba. Era un niño golpeado por el acoso, por la violencia doméstica, por la inseguridad de una vida que parecía predestinada al fracaso. Desde ahí, mirando la ciudad, empezó a soñar con ser un héroe. Medio siglo después, ese mismo tramo de piedra, inmortalizado en la saga Rocky, se ha convertido en metáfora de su vida: subir, caer, volver a levantarse, correr sin detenerse hasta dar un puñetazo al aire en señal de victoria.
En mayo de 2026, Stallone compartirá con sus lectores ese trayecto en Los Escalones, sus memorias más esperadas, que publicará Plaza & Janés en España y Latinoamérica. Será, en palabras del propio actor, “mi testamento, la expresión de lo que quiero que sea mi legado”.

El combate de una vida
La historia de Stallone se parece a las películas que lo hicieron famoso: dramática, llena de giros, marcada por la resiliencia. Antes de conquistar Hollywood, conoció la pobreza, la humillación y hasta la cárcel. Fue tiroteado en su juventud, rechazado en decenas de castings y obligado a aceptar papeles mínimos en cintas de explotación para sobrevivir, pero nunca dejó de escribir. Rocky nació de esa obstinación y, contra todo pronóstico, se convirtió en un fenómeno cultural que le valió tres premios Oscar y lo colocó en la cima.
En Los Escalones, Stallone habla sin tapujos de esa infancia difícil, de los días en que fue objeto de burlas y de cómo encontró en la escritura y el cine un camino hacia sí mismo. También cuenta lo que significó convertirse en icono con Rambo, el soldado que volvió de Vietnam para librar guerras interiores y exteriores.
Stallone nunca se conformó con ser solo un rostro de acción. Guionista, director y productor, supo combinar la fuerza física con una sensibilidad que lo acercó al público más allá del músculo. En sus memorias, esa dualidad se convierte en clave: “¿Qué he aprendido sobre la vida? Que lo importante no es cuántos golpes das, sino cuántos puedes resistir y seguir en pie cuando suena la campana”, escribe.
La narración avanza como un combate: round tras round, derrota tras derrota, triunfo tras triunfo. Habla del amor, de la paternidad, de las pérdidas personales y de su búsqueda constante de sentido en una industria que lo glorificó y lo encasilló al mismo tiempo.
Los Escalones no es solo la historia de una estrella de Hollywood. Es la confesión íntima de un hombre que ha hecho de su vida un relato de superación. Stallone quiere que sus memorias sean un manual de resistencia para cualquiera que se enfrente a la adversidad: un libro que, al igual que la escena de Rocky en Filadelfia, invite a levantarse y correr hacia adelante.
“Quiero volver a subir corriendo aquellos escalones, vivir de nuevo esos momentos de liberación y éxtasis, y acompañar a los lectores en ese viaje”, dice Stallone.
En mayo de 2026, con más de cinco décadas de carrera y setenta y nueve años cumplidos, el actor volverá a ponerse la gorra azul que llevó Rocky y dará un último golpe, esta vez no en la pantalla sino en la página. Porque Sylvester Stallone, el hombre que enseñó al mundo a no rendirse, aún tiene mucho que contar.











