La conversación con Bárcena llevó el tema a un terreno íntimo. Gere confesó que desde hace años comparte con su esposa la obsesión por preservar la naturaleza. Habló de cuidar árboles, tortugas, corredores genéticos. No dio cifras. Prefirió un relato.
Guadalajara, 6 de diciembre (MaremotoM).- El actor llegó a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara envejecido y luminoso. Ya no es el muchacho de Reto al destino, sin embargo conserva esa espalda derecha y un halo de seducción propio del mito.
Las fanáticas lo llamaron desde la reja, formaron fila durante horas y apenas pudieron verlo descender de una camioneta negra hacia el auditorio Juan Rulfo. Hubo gritos, teléfonos al aire, el intento de atrapar una imagen imposible. Iván Ballesteros, editor de Sonora, contó luego un detalle íntimo: “Si mi madre lo hubiera visto, lo llenaba de besos”, dijo. Después sonrió con discreción, aclarando: “No hay fotos”.
El auditorio Rulfo se llenó hasta el último asiento. El resto quedó fuera, atrapado por un pasillo demasiado estrecho para la expectativa. Gere apareció junto a Alicia Bárcena, secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales, para hablar de algo más concreto que el mito: mil 200 hectáreas de montaña y costa en Xala, al sur de Puerto Vallarta. Las definiciones escapan a la retórica: santuario, no desarrollo. Esas fueron las palabras que usó y las sostuvo con una calma casi monástica.
El proyecto nació de un desencanto. Primero buscó levantar un espacio de conservación en República Dominicana. Allí lo miraron como se mira a un inversionista cualquiera, interesado solo en el dinero. Tiempo después, su esposa tomó un vuelo a Guadalajara y se sentó junto a un padre de escuela conocido apenas por los pasillos. Durante el trayecto el desconocido habló de un lugar intacto, con tortugas, leopardos y un corredor de grandes felinos.
“Dios mío”, recordó Gere, “era uno de los sitios más hermosos que he visto en mi vida”. Desde las montañas hasta el océano. Vegetación sin colonizar. Recuerdos que volvían como advertencia: “Me di cuenta de que había estado ahí con mi primera esposa hace 30 o 40 años”. La palabra para ese gesto no fue nostalgia sino decisión. Se hizo socio del proyecto.

La conversación con Bárcena llevó el tema a un terreno íntimo. Gere confesó que desde hace años comparte con su esposa la obsesión por preservar la naturaleza. Habló de cuidar árboles, tortugas, corredores genéticos. No dio cifras. Prefirió un relato. Así se entiende su película Sabiduría y libertad, basada en una conversación con el Dalái Lama. Ahí discute sobre el tiempo, los cambios, lo que significa estar vivo y si existe algo después de ese borde final.
La charla cambió de tono cuando mencionó el estado actual del mundo. Ya no habló como actor ni como activista, sino como ciudadano. “Me avergüenza este presidente”, dijo refiriéndose a Donald Trump. “Es un reto para nosotros”. Puso en la misma línea a Benjamín Netanyahu y Vladímir Putin: líderes con poder y sin visión. “Tenemos malos dirigentes. No debemos permitir que los malos sean nuestros representantes en el mundo”.
La política internacional apareció como una sombra detrás del proyecto de conservación. Defendió la inclusión con palabras directas: “Cualquier gobierno que no es incluyente es un mal gobierno. Cualquier líder que no es inclusivo no es el líder correcto”. No fue la voz del yo, sino una postura. El auditorio respondió con un aplauso largo que no pidió fotos ni autógrafos. Había algo distinto en esa escena. Gere ya no es la imagen de los años ochenta. Su cuerpo cambió, pero conservó una presencia que irrita al tiempo y a la costumbre.
Hubo una última anécdota, fuera de los reflectores. Recordó haber visto volver aquella costa al sur de Jalisco, en una época que ya no existe. “Era como África hace 150 años”, dijo. Nadie le pidió que explicara. Bastó la imagen. Una selva intacta, tortugas en la arena, el rumor del océano en una extensión que todavía no ha sido devorada por la urbanización.
Lo demás quedó en Guadalajara como rumor. Sólo quedan las palabras sobre un santuario que intenta no desaparecer.











