“Si recuperáramos los buenos sueños ya estaríamos ganando un poco. Los sueños colectivos serían una salvación, pero no veo esa posibilidad”, dice María José Lavín.
Ciudad de México, 12 de noviembre (MaremotoM).- María José Lavín ha encontrado un espacio ideal en la galería del Seminario de Cultura Mexicana, para mostrar Sueños a la carta, compuesta por 100 piezas que incluyen instalaciones y esculturas realizadas con pluma 3d, esculturas en resina, mármol, cerámica, madera, barro y felpa. La exposición estará abierta hasta el 13 de enero de 2023.
Nacida en la Ciudad de México en 1957, la artista ha obtenido del Fondo de las Artes tres años para crear esta exposición, inspirada por La casa de las bellas durmientes, de Yasunari Kawabata y por el filósofo francés Gilles Lipovetsky cuando dice que todos nuestros sueños son hoy a la carta en La era del vacío.
“María José Lavín crea nubes flotantes mediante el dibujo con una pluma 3D. La artista teje los filamentos de plástico y metal que brotan en caliente de la pluma, da forma a volúmenes provistos del peso y la ligereza de los sueños. Son esculturas huecas y sin embargo contundentes que se suspenden de lo alto como si fuesen soplos de alguna respiración espasmódica, a veces profunda, a veces agitada. Se transita entre ellas como se viaja en los sueños, a ojos cerrados y abiertos”, escribe en el catálogo Jaime Moreno Villarreal.

“La mujer de mármol tendida en un sueño inacabado semeja una embarcación; las almohadas de resina preservan en su oquedad la huella de una presencia que se ha ausentado definitivamente. ¿Dónde estamos cuando soñamos con viajar? Andamos de viaje”, agrega.
ENTREVISTA EN VIDEO A MARÍA JOSÉ LAVÍN
“Estoy exponiendo en el Seminario de Cultura Mexicana. El espacio es maravilloso. Lo diseñó el arquitecto Felipe Leal. Es un lugar es un punto de partida para los artistas que no tenemos donde exponer. Yo estoy muy honrada de que me hayan escogido para exponer en este espacio, la Galería 526”, dice María José Lavín.
La obra de Lavín necesita un gran espacio, esa amplitud donde se ve una instalación osada, que “cuando yo la estaba haciendo en mi estudio se me venía toda encima”, admite.
“Cuando entramos en la curaduría, un cuarto inmenso llevó a esta instalación que son como mujeres dormidas que necesitaban este espacio con unas almohadas, para que entráramos y fuéramos unos voyeuristas del sueño de los otros”, agrega.
Trabaja en resina, en madera, pero todas sus obras parecen de tela y donde no hay un espacio, pareciera que uno entrara a un sueño.
“Para una escultora el espacio es maravilloso. La gente no sabe rodear la escultura, hay que darla vuelta, tocarla, deberíamos poder tocarla sin que le pasara nada. Esto salió de un libro que leí, se trata de La casa de las bellas durmientes, de Yasunari Kawabata. Estas mujeres dormidas, narcotizadas, que otra persona sospecha su sueño o si está muerta o si despertará del narcótico. Qué pasa con este viejito que sólo le permite mirar la belleza y luego leí a Gilles Lipovetsky: en la hipermodernidad ya no hay sueños colectivos, el sueño como la moda es a la carta”, afirma.

“Me pareció que esto es lo que nos está pasando. Cada quien está en su sueño unilateralmente. Sin ser literal quería transmitir esa atmósfera del sueño, que es universal en la literatura, en el arte. No sabemos si duermen si tienen pesadillas y alrededor de eso se empezó a construir. Gané la beca del Sistema Nacional de Creadores y pude hacerlo durante tres años. Uno de los años fue la entrada de la pandemia, hablaba yo de la muerte y del sueño, entonces hice esas almohadas en duro, con la huella de los que sueñan o mueren. A mí se me murieron mis padres en esa época, había muerte por todos lados, pero también había sueños”, agrega.
Le comentó a María José en los narcóticos que a veces nos pueblan a las mujeres. Esa manera de no darse cuenta inmediatamente de lo que nos está pasando.
“Mientras caminas por este espacio, no sabía que iba a ser un espacio tan generoso, la obra si tiene sus consecuencias, si puede ser lo que sueña cada uno. Es un sueño a la carta. Estas mujeres que somos de pronto narcotizadas, trabajé con porcelana de un centímetro, un material muy frágil, para que la gente juegue como quiera”, expresa.
“Si recuperáramos los buenos sueños ya estaríamos ganando un poco. Los sueños colectivos serían una salvación, pero no veo esa posibilidad”, concluye.











