La tempestad es interesante y plantea debates necesarios. No es buena porque es de las pocas que quedan, sino que es de las pocas que quedan y tiene algo para decir.
Ciudad de México, 13 de febrero (MaremotoM).- La revista cultural La Tempestad cumple 25 años de vida, defendiendo siempre la innovación artística y dando su parecer en un contexto donde a veces parece no haber contexto. Donde los hombres hacen un programa de debates sobre el aborto y los funcionarios o la gente que no es artista, “comunica” qué es el arte contemporáneo o no.
Fuera de esos focos de atención, La Tempestad siempre ha montado su mancha en algo de lo que sabe: preguntarse si es posible lo nuevo, tanto como se lo preguntaban en 2011, cuando salió el número 81 y se lo preguntan ahora con Sendas de lo nuevo, en un número de papel que no editaban desde el 2020.
“Cuando circularon nuestros primeros números, en 1998, José Emilio Pacheco dijo que éramos la primera revista cultural mexicana del siglo XXI. 25 años después somos una de las pocas que quedan. Creemos que un proyecto como el nuestro aún tiene un papel que jugar”, dicen el director Nicolás Cabral y la editora Laura Pardo en la editorial.
El primer artículo es La belleza como propiedad, de McKenzie Wark, donde admite que plantearse en estos momentos el dicho de Asger Jorn “la vanguardia no se rinde”, cuando “la estética aparece ya totalmente incorporada a la mercantilización” no es nada fácil.
“La belleza es propiedad, por lo que, con una concentración masiva de riqueza, a veces parece como si sólo los muy ricos pudieran tener algo de ella”, dice esta catedrática australiana, que concluye que “la vanguardia no se rinde, aunque ahora no avancemos hacia ninguna parte; vayamos de lado hacia el arte de la vida cotidiana, fuera de la vista”.
El fotógrafo de Aguascalientes Dorian Ulises López Macías, ofrece un reportaje sobre La cara del futuro, donde artistas y diseñadores en fotos muy trabajadas o ellos mismos muy trabajados, arman la postal de estos tiempos.

La teórica y escritora Graciela Speranza defende la inutilidad del arte, en una nota dedicada al artista argentino radicado en Frankfurt Tomás Saraceno y a partir de la idea de improvisación, Sandra Sánchez explora las coordenadas de lo nuevo en el arte contemporáneo.
Hay un oasis de poemas del genial uruguayo Eduardo Milán y un texto sobre la matanza de Mario Bellatin, en una revista que termina con un ensayo del director Nicolás Cabral, donde inspirado por el escritor César Aira cuando dice que “prefiero lo nuevo a lo bueno”, desgrana en su obra Cumpleaños (2011) y en la evolución de su novela, que pasa de una “marcada voluntad estilística a la escritura de novelitas que suman capítulos de una Enciclopedia”.
La tempestad es interesante y plantea debates necesarios. No es buena porque es de las pocas que quedan, sino que es de las pocas que quedan y tiene algo para decir.
Felicidades.











