The Fabelmans

RESEÑA | The Fabelmans: La vulnerabilidad de Spielberg

Spielberg regresa a la gran pantalla con su película más íntima, cercana y personal hasta la fecha, The Fabelmans, una biopic en la que despliega una vez más su maestría como narrador, con la salvedad de que en esta ocasión el guion es su propia vida, en particular su niñez y su adolescencia y su pasión por el séptimo arte.

Ciudad de México, 21 de febrero (MaremotoM).- Es innegable el impacto que ha tenido en el imaginario cultural el cine de Steven Spielberg. Durante más de 5 décadas sus hipnóticas y fantásticas narrativas nos han embrujado, desde llevarnos a otros mundos, aterrorizarnos con un tiburón asesino, maravillarnos al volver a los dinosaurios a la vida o estrujarnos el corazón al abordar el holocausto de una manera tan personal y demoledora, y ni qué decir de la ternura del entrañable extraterrestre que ha marcado a generaciones enteras.

Spielberg regresa a la gran pantalla con su película más íntima, cercana y personal hasta la fecha, The Fabelmans, una biopic en la que despliega una vez más su maestría como narrador, con la salvedad de que en esta ocasión el guion es su propia vida, en particular su niñez y su adolescencia y su pasión por el séptimo arte.

Y es que en The Fabelmans, Spielberg desnuda con honestidad sus sentimientos más profundos, sus recuerdos más felices,pero también los más dolorosos para construir un drama de una familia en descomposición, centrándose en su madre, quien fue su principal cómplice e impulsora de sus sueños de hacer cine, pero también quien le ocasionó una herida que le afectó durante buena parte de su vida.

La historia comienza en 1952, cuando sus padres, Mitzi (Michelle Williams) y Burt (Paul Dano) llevan al pequeño Sammy (Mateo Zoryan Francis-DeFord) por primera vez al cine con la expectación, el miedo a lo desconocido y la emoción que suele sentirse cuando asistimos por primera vez a la sala oscura y al encanto de la imagen en movimiento.

The Fabelmans
Spielberg desnuda con honestidad sus sentimientos más profundos. Foto: Cortesía

Allí, queda absolutamente maravillado por The Greatest Show on Earth, de Cecil B. DeMille, en particular con un aparatoso y espectacular choque de trenes que incluso llega a provocarle pesadillas pero que sueña con recrear en casa con la locomotora de juguete que le ha regalado su padre.

Como el niño busca una y otra vez provocar el choque con riesgo de romper el juguete, su madre decide darle una cámara super 8 para que pueda filmarlo y así controlar las acciones en ese pequeño mundo acotado que es el cine. Y a partir de ahí Sammy comienza a realizar pequeñas y divertidas películas con sus 3 hermanas bajo el apoyo y la complicidad de su madre, una pianista talentosa que tuvo que abandonar su carrera para dedicarse a sus hijos y que conoce bien la importancia de perseguir los sueños.

Al poco, la familia se muda a Arizona y su madre insiste en que se lleven al tío Benny, un amigo del padre de Sammy que se ha vuelto una presencia constante en la vida de los Fabelman, quizás demasiado constante, la primera señal de la crisis por venir. En Arizona, Sammy continúa filmando y experimenta con géneros como el western y el bélico con gran aceptación de sus compañeros, sin embargo, su padre, un hombre chapado a la antigua, flemático, ciertamente gris, interpretado por Paul Dano actuando casi de sí mismo, considera que no debe dedicar tanto tiempo a un simple hobby. Las cosas se complican cuando la familia se muda nuevamente a California dejando atrás al tío Benny, lo que desequilibra completamente a la madre de Sammy, sumiéndola en una honda depresión. Cabe destacar la actuación de Michelle Williams, quien ha sido nominada al Óscar como Mejor Actriz, por su retrato de una mujer asfixiada y triste en un matrimonio aburrido, condenada a vivir su rol de madre y pilar de familia, aunque en ciertas ocasiones se torna un poco exagerada en un personaje que también lo es y que quizás así fue en la vida real con delirios como no tener una vajilla y utilizar sólo platos y manteles desechables o tener de mascota a un mono capuchino. También es notable el trabajo de Gabriel LaBelle como el Sammy adolescente que logra mimetizarse con el verdadero Spielberg y adoptar incluso su postura, sus tics y gestos de forma natural, alejándose de la caricatura o la imitación.

Si bien el guion es bastante lineal y predecible, con bullying contra los judíos incluido, la magia de Spielberg para entretener muy a su estilo hollywoodense, sigue allí con notas de humor que aligeran el drama como las puntadas acerca de la religión que se manda en boca de la novia que tuvo en su juventud, que es una de las partes más disfrutables. así como la participación de David Lynch como John Ford, a quien el adolescente Spielberg tuvo la fortuna de conocer cuando buscaba convertirse en director.

Sin embargo, la película es larga y se hace larga, en buena medida porque abusa de la madre como el centro, tornándose un poco redundante en ciertas partes , eso sí con una impecable fotografía, diseño de arte y como siempre la música de cabecera de John Williams que esta vez pone atención a los pequeños detalles y sutilezas y echa mano de grandes como Haydn, que acompaña el sentimiento nostálgico y melancólico de un filme que más allá de un homenaje al cine es también un retrato de una familia rota, del amor y el perdón.

Fuente: Alterna Cine / Original aquí.

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