Andrea Chapela

¿Por qué necesitamos tantas cajas y etiquetas para entender que nos queremos?: Andrea Chapela

No puedo hablar desde la edad, tengo 35 años, pero me parece interesante también pensarlo. Es una novela muy de las personas de mi época y sobre el amor nos hemos preguntado todos en algún momento de la vida. A pesar de la edad, lo seguimos preguntando, porque creo que aunque uno no vaya a entablar necesariamente cierto tipo de relaciones, al menos creería, también viendo a la gente alrededor, que hay una necesidad de ser visto, de ser entendido, de compartir quién es uno y por eso también me interesaba el amor.

Ciudad de México, 6 de junio (MaremotoM).- Soy fan de Andrea Chapela. Me gusta mucho ella, su sonrisa, sus discursos siempre consoladores, su estar comunicada siempre, con una o dos vistas al teléfono, pero siempre presente y sobre todo, me encanta cómo escribe Andrea Chapela.

Recuerdo una noche en Coahuila, enfrentadas a un hombre que nos explicaba todo, que sabía todo y que además estaba maravillado por cómo él se oía a sí mismo, respiré varias veces aliviada. Estaba ella para hacerlo callar un poco. Más allá de sus altas virtudes personales, Andrea en esta nueva novela, Todos los fines del mundo (Random House), establece un fin del mundo posible, probable y opone como en una firme voluntad de vida en el Más Acá, una utopía de los sentimientos.

Claro, se hace preguntas totales por ejemplo ¿cómo es el amor? A pesar de que no se las responde hay una brisa fresca que corre por las creencias de esta escritora y de sus lectoras, las que sin duda, son fans de ella.

–Andrea Chapela, he leído tu novela y he quedado maravillada, no solamente de la historia en sí, qué somos tres, digamos, sino todo el escenario. ¿Cómo lo armaste? Me parece que dentro de poco ya estaremos viviendo así

–Es cierto. Hay algo de que está más cerca de lo que quisiera aceptar. Sobre todo ahora que estoy en Madrid y hace el calor que hace, me acuerdo mucho. En realidad lo que más tardó de la novela fue cómo hablar de lo que quería hablar. Creo que la parte del escenario, sea ese Madrid súper caliente o incluso este México medio futurista, en el fin del mundo, este pueblo, esa parte de hacer imaginación, es de lo que más me gusta. Y más bien fue un trabajo de ir como encontrando los lugares donde esa ciencia ficción se desarrollara. Aunque realmente el gran problema en la novela era ¿cómo hablo de estas preguntas que tengo? ¿Cómo habla uno de ideas en una novela? Esa para mí era una pregunta muy grande al escribir este libro.

Andrea Chapela
Son preguntas que me hacía, eso sobre el amor, sobre qué significa querernos. Foto: Cortesía

–Una de las cosas que a mí me planteó serias reflexiones es precisamente la relación entre los tres. Muchas veces hemos pasado por esas relaciones y no hemos reflexionado sobre ellas. Y teniendo en cuenta el futuro que plantea la novela, es una cuestión que plantea el tema de los géneros, ¿verdad?

–La novela decide luego jugar con el género mismo, de alguna manera, pero creo que son preguntas que me hacía, eso sobre el amor, sobre qué significa querernos y por qué necesitamos tantas cajas y etiquetas para entender que nos queremos y cómo eso nos ayuda y a la vez nos restringe. Ese extraño balance entre una cosa que nos da límites y también una cosa que nos da seguridad. Fue una exploración de muchas preguntas y a las que no sé tampoco si encuentro respuestas, el libro da ciertas respuestas, pero no sé si yo he terminado de encontrarlas.

Andrea Chapela
Editó Random House. Foto: Cortesía

–Yo, una mujer grande, he determinado el fin del amor, es decir, ya no me planteo ninguna otra situación al respecto. Y tú planteas precisamente una relación entre jóvenes, pareciera ser que hay como cierta vitalidad de ese sentimiento en las primeras edades…

–No puedo hablar desde la edad, tengo 35 años, pero me parece interesante también pensarlo. Es una novela muy de las personas de mi época y sobre el amor nos hemos preguntado todos en algún momento de la vida. A pesar de la edad, lo seguimos preguntando, porque creo que aunque uno no vaya a entablar necesariamente cierto tipo de relaciones, al menos creería, también viendo a la gente alrededor, que hay una necesidad de ser visto, de ser entendido, de compartir quién es uno y por eso también me interesaba el amor, no solo como este gran amor romántico que parecería ser el epítome de nuestras vidas, sino como no, hay muchos tipos de amores, y los amores te transforman con nosotros, nos acompañan en distintos momentos. También hay este tipo de testigos, de cómplices en la vida que no siempre tienen esta figura de la pareja que está tan aceptada y tan construida por la sociedad. Me pregunto, de la misma manera que he ido tratando de entender cómo, a pesar de mi juventud, de entender esos lugares, de estos testigos de mi vida, de estas personas con las que la comparto, que no son mi pareja, que no terminan de caber en ese molde. También me pregunto si en el caso de  una mujer mayor, si en otras etapas de la vida, eso también requiere otro tipo de lugares de encuentro, que no necesariamente son el único que parecía ser el importante, según nos ha dicho la sociedad.

–Una de las cosas que me hizo preguntar tu libro fue precisamente el tema de la enfermedad, cómo mi sobrina está muy enferma ahora y toda la familia está en función de ella, en la medida que puede, si me enfermo, ¿qué me va a pasar? Estoy absolutamente sola, ese sentido de protección que tú marcas en la novela

–Claro. Tengo 35 años y no estoy casada y no tengo muchos planes de que ese sea el camino de mi vida. ¿Cómo será mi vida si yo decido no tomar ese camino? ¿Cuáles son las posibilidades que tiene mi vida y cuáles son las otras posibilidades de conexiones y de comunidad y de cercanía que tengo? Sí, por cualquier razón, incluso porque no me apetece, porque no tengo ganas, decido no entablar ese tipo de relación, al final me lo preguntaré en el próximo libro.

–Esto leyendo mucho Vivian Gornick y probablemente por eso esté con el tema del patriarcado y todo eso, pero me parece que la relación entre los tres establece una nueva relación y una nueva posibilidad del canon ¿Sientes que es una novela feminista?

–Todo lo que ponen entre dichos los modelos que han sustentado el sistema capitalista patriarcal que tenemos, tiene que tener de alguna manera un aspecto en ese sentido. Al final, ellos tres, lo que ayuda es que hay muy pocos modelos que te digan cómo vives ese tipo de relaciones en cuanto te sales de la norma. Lo mismo tiene que ver en las relaciones entre dos mujeres y a veces puedes imitar lo que hemos elegido o tratar de inventarte algo nuevo, que es muy difícil. La novela marca de si es realmente lo sexual lo que tiene que ser central en nuestras relaciones. Quería de alguna manera ir explorando las distintas formas en las que esos personajes intentan estar juntos y cómo pues terminan encontrándose. El feminismo, lo que dice es que los modelos eran obsoletos, hay que inventarnos nuevos y cada vez que lo intentamos, esos modelos vuelven como de alguna manera a normalizarse.

–Quisiera que todos los alumnos de la secundaria y de la prepa leyeran tu novela

–Estaría muy bien que consideráramos la amistad como algo más importante entre hombres y mujeres que muchas otras de las formas.

Andrea Chapela
Estaría muy bien que consideráramos la amistad como algo más importante entre hombres y mujeres que muchas otras de las formas. Foto: Cortesía

–Lo que digo es que ojalá comprara la SEP este libro

–Cuando me planteo quién puede ser el lector de este libro, pues hay mucho que tiene que ver con mi generación y con la gente de mi edad, pero que es un poco quiénes son mis interlocutores también un poco en la vida y quién soy yo misma. Mi libro de cuentos es bastante leído en las prepas, lo ponen mucho los profesores y siempre he tenido muy buena respuesta. A los alumnos les gusta esa idea de las emociones y la tecnología y como que se sienten muy representados. En la Preparatoria, en la primera juventud de la universidad, pues es cuando uno también se está haciendo muchas de estas preguntas y cuando se siente que esto está todavía muy en juego. También me sorprende más la reacción de gente bastante mayor, amigos de mis padres, que tienen 70, gente de esa generación que les ha gustado el libro y que el libro les dice algo. Eso también para mí ha sido sorprendente y muy agradable de tener estas conversaciones con los amigos de mis padres acerca del libro.

–¿Cómo escribiste la novela?  Teniendo en cuenta que te habías dado a conocer por los cuentos, que son dos géneros absolutamente diferentes

–Sí, me había dado a conocer por los cuentos, pero mi primera entrada a la literatura fue la novela y sigue siendo para mí el lugar en el que creo que mi cerebro se siente más cómodo. El cuento me cuesta mucho más trabajo. El cuento requiere de mí un trabajo de mucha concentración de material, mientras que la novela me permite, no es necesariamente la discreción, pero es como soltar. Soy una escritora que escribe borradores y luego deja tiempo entre ellos y edita mucho. Trabajo un primer borrador muy rápidamente y luego son varios años de volver sobre el material. Creo que ese primer borrador es muy superficial en muchas cosas, en los personajes, en las ideas y es un poco un sentido de lo que puede ser la novela. Y luego con los años voy regresando a seguir con una manera de excavar, es como ir poniendo capas de pintura una tras otra, como con cada nueva pasada, me enfoco en algo nuevo. Escribí el primer borrador a finales del 2019 y luego la trabajé entre el 20 y el 23. Muchas veces la volví a agarrar, la volví a cerrar. Suelo terminar versiones enteras y luego tengo muchos interlocutores que leen el libro y con quienes hablo del libro, entonces hay gente que ha leído versiones de este libro tres o cuatro.

–Andrea, una de las cosas que pasa con las novelas de ciencia ficción es que siempre uno se imagina una película finalmente

–A ver, supongo que entre las cosas de ciencia ficción esta sería una película bastante barata. Tiene pocos efectos especiales. Me gusta mucho el cine, pero escribir el guion me cuesta trabajo. La escritura tiene algo de monólogo interno y de subjetividad de los personajes y me cuesta mucho trabajo pensar solo en imagen. Siento que me faltan herramientas. No pienso mucho en el cine mientras yo escribo, estoy jugando con las herramientas de la literatura.

Andrea Chapela
Me parece difícil leer Los desposeídos, de Ursula K. Le Guin y creer que uno está escapando. Foto: Cortesía

–Me conseguí la novela de Elisa Díaz Castelo, de la que me habías hablado. Los jóvenes están leyendo muchísima ciencia ficción ahora

–Hay algo en el ejercicio imaginativo, incluso en el ejercicio de plantearte que la realidad que estás viviendo no tiene por qué ser la única realidad, ni las circunstancias. Me parece que la ciencia ficción es un arma muy poderosa para pensar preguntas filosóficas grandes, hacer lo que los filósofos llamaban como estos juegos de pensamiento. La ciencia ficción hace eso y lo juega desde las herramientas de la ficción. Estamos en un momento muy raro de la historia de la humanidad en nuestra relación con el futuro y con las posibilidades de ese futuro. Y creo que es una herramienta que los jóvenes tenemos para tratar de volvernos a inventar cosas. En un momento en el que parece que hemos llegado a cierto fin de la imaginación, cierto fin de los modelos de mundo, cierto fin de ciertas cosas, creo que las herramientas de la ciencia ficción y su imaginación son una forma de tratar de volver a abrir ese futuro un poco que se ha ido cerrando.

–Es raro porque en general la ciencia ficción se plantea como escape

–Claro, pero hay libros de escape en todo tipo de ficción. Y hay libros de escape en la ficción más realista. Me parece difícil leer Los desposeídos, de Ursula K. Le Guin y creer que uno está escapando.

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