Luego, la reconciliación con Novak Djokovic. Primero, hay que pensar que la mayoría de los aficionados al tenis pensaban que iba a ser Daniil el que se iba a llevar el trofeo. Confiamos mucho en Djokovic, pero tiene 36 años, a veces –aunque se resucite- cae en lo más bajo de la cancha y el tenis no admite milagros.
Ciudad de México, 11 de septiembre (MaremotoM).- Nos levantamos con otro Novak Djokovic campeón del US OPEN. El jugador serbio, de 36 años, ganó su Slam 24 ante el ruso Daniil Medvédev. Por 6-3, 7-6(5) y 6-3 en un encuentro que era difícil de predecir al ganador, aunque ya sabemos Novak siempre resucita y así fue.
Difícil y a la vez fácil entender las razones para admirar al que hoy se considera el mejor tenista de la historia. A lo largo de todos estos años, hemos visto a muchos campeones y tanto ellas como ellos han construido el camino exitoso de este deporte que se juega desde los Juegos Olímpicos de 1896.

Desde el deporte blanco hasta este uniforme azul de Djokovic y rojo (de New Ballance) de Coco Gauf (una niña en la grada y ahora es campeona del US OPEN) muchas cosas han cambiado, pero probablemente esta sea una de las mejores finales del torneo.
Primero, porque no podemos dejar de amar a Daniil Medvévev, un gran rival, a quien nada le queda ese mote de “loser” que un aficionado indolente le dejó caer mientras caminaba: ya ganó el US OPEN en 2021 y hoy es el número 3 del mundo, un lugar muy difícil de obtener.
Luego, la reconciliación con Novak Djokovic. Primero, hay que pensar que la mayoría de los aficionados al tenis pensaban que iba a ser Daniil el que se iba a llevar el trofeo. Confiamos mucho en Djokovic, pero tiene 36 años, a veces –aunque se resucite- cae en lo más bajo de la cancha y el tenis no admite milagros.
Pero pareciera ser que la diosa del deporte blanco hace las suyas y todo lo que podíamos esperar se va de bruces con una realidad que diseña al mejor jugador de la historia.
No sólo tuvimos que esperar cinco sets, sino que en apenas tres sets, un Novak que nace y renace se acerca a la red, habla tres o cuatro palabras con el ruso y luego se tira a la cancha, mira al suelo y no puede creer lo que le está pasando.
Acaba de ganar el torneo y en su verbo, que siempre está florido, se acuerda de sus padres (a los que tanto les debe su carrera), se acuerda de sus hijos (una de ellas, Tara, le dio fuerza emocional en este partido y Djokovic no se olvida), de su esposa y de su increíble equipo (casi todos italianos).

A propósito de la discusión si es el mejor deportista de la historia, con Michael Phelps, Usain Bolt, Michael Jordan, Leo Messi, Tiger Woods, Nadia Comaneci o Muhammad Alí, él respondió: “Dejo a los demás que decidan si debo estar en esa discusión, pero hay un hecho claro. Si no fuera de Serbia, habría muchos años que estaría en el olimpo de los dioses del deporte, especialmente en el imaginario colectivo del mundo occidental. Pero así es la vida, agradezco ser serbio, me da fe y esperanza y hace que todo lo que estoy logrando sea aún más dulce”, sentenció.
Claro, Novak es nacionalista y como tal tiene algunas posturas irredentas y a veces desagradables para la historia de la Guerra de los Balcanes. Otra cosa: estuvo en contra de las vacunas y muchas veces lo abominamos por esas declaraciones relacionadas con la salud y la medicina que él no tendría que haber hecho.
Pero, no hay nada que equipare su actuación en una cancha de tenis, nada por otro lado que haga competencia con él a la hora de ser gentil con los rivales y pocas veces se ha enfurecido durante un partido. Agradece siempre a sus padres que han hecho enormes sacrificios para solventar su carrera y destacó su admiración por Kobe Bryant, a quien homenajeó sobre la pista llevando una camiseta con el número 24 y el apodo clásico del malogrado baloncestista estadounidense, la “Mamba Forever”.
Por eso amamos tanto a Novak Djokovic.











