Palestina

EL FUTBOL ESPAÑOL Y EL ABRAZO A PALESTINA: UNA OLA QUE CRECE DESDE LOS ESTADIOS

El gesto se repite en estadios como Vallecas, El Sadar, San Mamés, Montjuïc, Benito Villamarín o incluso en algunos encuentros del fútbol modesto, donde el contacto con la comunidad convierte cada partido en un acto social. Las redes de seguidores organizados, históricamente atentas a causas internacionales, han recuperado canciones, símbolos y proclamas que en otros momentos formaban parte de la lucha contra el apartheid o de los movimientos por la autodeterminación.

Ciudad de México, 16 de noviembre (MaremotoM).- En los últimos meses, el fútbol español ha empezado a hablar un idioma que va más allá de tácticas, alineaciones o polémicas arbitrales. En estadios donde antes solo se escuchaban cánticos por el club, hoy resuena una palabra que no pertenece al terreno de juego: Palestina.

La solidaridad —a veces silenciosa, otras abiertamente desbordada— se ha convertido en un gesto transversal que reúne a jugadores, entrenadores, aficiones y organizaciones deportivas. Lo que antes aparecía como un acto individual se ha transformado en un movimiento creciente, visible y, sobre todo, cargado de intención.

La escena más reciente volvió a colocar el tema en el centro. San Mamés, acostumbrado a vibrar con el Athletic, se llenó para ver un amistoso entre Euskadi y la selección palestina. Más de 50.000 personas convirtieron Bilbao en un mosaico de ikurriñas y banderas palestinas, en un estadio donde el futbol se mezcló con el duelo por las víctimas y con una reivindicación política que atraviesa al País Vasco desde hace décadas.

El abrazo a Palestina no fue retórico: los jugadores palestinos dieron una vuelta de honor con una pancarta que decía “Thank you Basque Country”, mientras la grada respondía con una ovación que sonaba a reconocimiento y a consuelo. El canto final de Txoria Txori selló la tarde con un tono que rara vez entra en un partido.

Ese gesto no es aislado. La liga española, sus entrenadores y hasta figuras internacionales vinculadas al fútbol del país han ido sumando pequeños actos que, unidos, forman una corriente de empatía que sorprende por su amplitud.

En Cataluña, donde el Estadi Olímpic Lluís Companys recibirá en breve a las selecciones de Catalunya y Palestina, la preparación del partido avanzó entre obstáculos económicos y tensiones administrativas. Finalmente, el encuentro se salvó gracias a un esfuerzo conjunto entre la Federación Catalana de Futbol, el Ayuntamiento de Barcelona y el FC Barcelona, que cubrirá la logística sin aparecer de manera visible. La dimensión solidaria se impuso: todo lo recaudado irá destinado a apoyar a las víctimas del conflicto.

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Los aficionados ondean banderas palestinas durante el partido. Foto: Cortesía

El impulso final para llenar el estadio llegó desde Inglaterra. Pep Guardiola, cuya voz trasciende cualquier frontera deportiva, difundió un mensaje en el que recordó que Barcelona es “ciudad de paz” y que el partido no es solo un amistoso, sino un homenaje a los más de 400 deportistas palestinos asesinados en Gaza. Con un tono sereno que contrastaba con la crudeza de los datos, pidió un estadio lleno para enviar un mensaje claro: “Es un clamor a la solidaridad. Llenemos el estadio.” Guardiola ha mostrado en varias ocasiones su preocupación por lo que sucede en la región; incluso lució un pañuelo palestino en partidos recientes y, al recibir su doctorado Honoris Causa en Manchester, habló públicamente del dolor que causa ver el sufrimiento de la población civil. Su postura ha resonado con fuerza entre aficionados y jugadores.

Dentro de España, el fútbol popular también se ha convertido en espacio de protesta. Aficiones de clubes de Primera y Segunda División han desplegado pancartas, han guardado minutos de silencio autogestionados y han mostrado banderas palestinas en graderíos donde normalmente solo se celebran goles. El gesto se repite en estadios como Vallecas, El Sadar, San Mamés, Montjuïc, Benito Villamarín o incluso en algunos encuentros del fútbol modesto, donde el contacto con la comunidad convierte cada partido en un acto social. Las redes de seguidores organizados, históricamente atentas a causas internacionales, han recuperado canciones, símbolos y proclamas que en otros momentos formaban parte de la lucha contra el apartheid o de los movimientos por la autodeterminación.

En varios vestuarios se escucha un murmullo que antes no aparecía: la inquietud por lo que ocurre lejos del césped. Algunos jugadores han utilizado sus cuentas personales para mostrar apoyo a Palestina, mientras que otros han preferido expresar solidaridad fuera de los focos. Aunque la Federación Española de Fútbol evita pronunciarse públicamente, el eco de los gestos individuales y colectivos es imposible de ignorar. En un deporte donde cada palabra puede convertirse en titular, el silencio a veces pesa tanto como un pronunciamiento explícito.

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Contra el genocidio en Gaza. Foto: Cortesía

Lo que ocurre en España forma parte de un fenómeno más amplio, pero adquiere un matiz particular en un país donde el fútbol funciona como catalizador de identidades, memorias y luchas. El gesto de Euskadi, la convocatoria catalana, las palabras de Guardiola y la movilización de los aficionados muestran que los estadios pueden convertirse en foros donde se discuten temas que no caben en una rueda de prensa. La solidaridad con Palestina nace del fútbol, pero se proyecta fuera del campo, en un momento histórico donde el deporte ya no puede fingir que vive aislado del mundo.

En España, el fútbol ha empezado a mirar hacia Palestina no como un eslogan, sino como un compromiso. Lo que late detrás de las pancartas y los himnos improvisados no es un intento de politizar un juego, sino la convicción de que el deporte también participa de la vida y de sus tragedias. Y que hay tardes —como aquella en Bilbao— en las que un estadio repleto es mucho más que un espectáculo: es un mensaje que se envía al mundo, desde la hierba hasta las gradas, pasando por miles de manos que levantan una bandera que no es la propia, pero que duele como si lo fuera.