Paulina Flores

PAULINA FLORES: LOS CHILENOS SOMOS ROMÁNTICOS Y RESENTIDOS

Esa escritura en libertad llega a Anagrama, confirmando a Paulina Flores como una autora esencial: heredera de Flaubert y Bolaño, pero con un estilo propio que juega con el género policial, el humor y la vulnerabilidad de una generación entera.

Ciudad de México, 4 de septiembre (MaremotoM).- La escritora chilena Paulina Flores (Santiago, 1988) confirma su lugar en la narrativa latinoamericana con La próxima vez que te vea, te mato (Anagrama, 2025), una tragicomedia de amores, celos y precariedades en Barcelona. Seleccionada por Granta como una de las mejores narradoras en español y admirada por Alejandro Zambra, Flores despliega en esta novela un estilo híbrido que combina la sátira, el melodrama y los ecos del género policial.

Su protagonista, Javiera, llega a España para estudiar un posgrado en Literatura, pero pronto descubre que la vida europea no es tan luminosa como la imaginaba. Entre un compañero peruano punk que estudia boleros y una red de relaciones amorosas múltiples, Javiera encarna una suerte de femme fatale fallida, siempre al borde de un crimen imaginario, siempre perseguida por su narcisismo y su deseo de escapar de lo normal.

La autora reconoce que su novela se tiñe de influencias inevitables.

“Me recuerda mucho la sensación que tuve al leer Madame Bovary, de Flaubert. La rechacé por su aspiracionalidad burguesa, pero a la larga me marcó más que Papá Goriot. Javiera comparte esa aspiración frustrada en el amor y en la vida”.

Como en Bolaño, sus personajes son inadaptados: “Me interesa escribir a quienes están en la periferia. Mis personajes son un punto más tiernos, con una ternura extraña, pero esa mezcla de marginalidad y sueños imposibles me conecta con Roberto Bolaño. Además, me fascina su manera de ironizar con el género criminal, como en La pista de hielo”.

Aunque La próxima vez que te vea, te mato no es una novela de género, sí coquetea con las formas del policial. Javiera fantasea con asesinatos, ensaya crímenes mentales y se mueve en una atmósfera de suspenso.

Paulina Flores
Editó Anagrama. Foto: Cortesía

“Estuve muy permeada en esa época por Patricia Highsmith. Siempre me ha gustado la figura del criminal porque es moral y energético. Los criminales crean su propio sistema de valores, son antisistema y, en ese sentido, muy artistas. Me atrae esa tensión”.

El resultado es un policial irónico, que juega con las convenciones pero no las cumple: un crimen que no llega a concretarse, un misterio que se desarma, una criminalidad que ocurre en la mente.

La novela explora también la dimensión social. Javiera carga con el pasado de un padre preso y la precariedad de una vida sin certezas.

“Hay mucho resentimiento en Javiera y eso es muy chileno. Lo digo como un valor. Somos románticos y resentidos. Y esa lucha de clases se actualiza en el amor. No porque seamos pobres no podamos ser narcisistas”.

El narcisismo, confiesa Flores, es el sello de la época: un espejo distorsionado donde Javiera se observa con crueldad y ternura.

En la novela aparecen guiños a Crash de Ballard, al cine de mafias japonesas y a Takeshi Kitano.

“El cine y la literatura se parecen cada vez más. Me interesa esa mezcla de suspenso, melodrama y cultura pop. Kitano me encanta porque muestra a mafiosos jugando al fútbol o riéndose: esos contrastes me parecen narrativamente muy ricos”.

Flores asegura que escribió esta novela sin contrato ni compromisos editoriales:

“Solo quería escribir, como cuando publiqué Qué vergüenza. Estaba muy libre. Luego se la pasé a amigas, amigos y a Alejandro Zambra, que siempre ha sido un modelo para mí”.

Hoy, esa escritura en libertad llega a Anagrama, confirmando a Paulina Flores como una autora esencial: heredera de Flaubert y Bolaño, pero con un estilo propio que juega con el género policial, el humor y la vulnerabilidad de una generación entera.

Comments are closed.