“Estamos hartas de los mismos discursos. Estamos hartas de que solo se cuente la visión masculina de la historia, de los hechos. No la consideran masculina, porque piensan que eso es universal. Hoy, lo que estamos haciendo las mujeres, una celebración fantástica de nuevas miradas, de lo que es el mundo, de lo que ha sido y me parece que es enriquecedor y fabuloso”, afirma Krauze.
Ciudad de México, 7 de noviembre (Maremotom).- La escritora Ethel Krauze le juega a todas las puntas, a la poesía (de la que ha hecho incluso un libro sobre el género), a la novela, donde este año ha sacado Samovar y al ensayo y tiene muchas actividades educativas, de taller, todos relacionados con la literatura.
Le han hecho recientemente un homenaje y reconocimiento a su trayectoria en el Palacio de Bellas Artes. Como parte del ciclo Protagonistas de la Literatura Mexicana, la actividad tuvo como participantes a la investigadora Gela Manzano; la crítica de arte y editora Helena González; el poeta, narrador y ensayista Vicente Quirarte y el novelista, ensayista y catedrático Hernán Lara Zavala, moderados por la coordinadora nacional de Literatura, Karen Villeda.
Hernán Lara Zavala definió a Ethel como una escritora valiente, muy personal, sincera y transgresora; se refirió a la novela recién publicada por la autora, Samovar (2023) y comentó que se trata de una historia que tardó algunos años en concretarse.

“Es una novela que está construida con base en una metonimia en el sentido de que el samovar no funge como metáfora, sino como un objeto que representa la parte por el todo. Es el reflejo y el lazo de unión entre la historia familiar de Tatiana, la protagonista, y su propio desarrollo familiar y sentimental que la forjó como mujer”.
Siempre saca muchos libros y ahora es el turno de Oscura punta, por la Universidad Autónoma de Nuevo León, del que hablamos en esta entrevista.
ENTREVISTA A ETHEL KRAUZE
“En Oscura punta, de Ethel Krauze, nos adentramos a un mar que ha sido transgredido: ese primer universo -que es el cuerpo- es alterado por un pepino marino que trastoca la infancia y reconfigura los espacios hogareños. En cada uno de estos poemas se narra el origen del desarraigo a través de un abuso que emerge y se adentra en los recovecos de la existencia”, opina Iveth Luna Flores.
“Hay paisajes resplandecientes que son captados por la mirada, pero también hay una vista enceguecida por el dolor. Sin embargo, existe aún la ternura para tocar los elementos de la naturaleza y enunciarlos. En este libro, la fuerza y la precisión de las metáforas dan cuenta de lo que los otros no nos pueden arrebatar: la libertad de construir por medio de la poesía un lenguaje propio que reescriba nuestras historias”, agrega.
“Oscura punta cuenta una historia, es un drama. Tú los ves como poemas, pero yo lo veo como un solo poema divididos en capítulos. Lo escribí así, como en un trance, me salió casi dictado desde el fondo de mi memoria sensorial. Efectivamente, tiene vuelo para convertirse una novela, quizás”, dice Ethel Krauze.
Lo que le interesaba a la autora era recuperar las sensaciones: Cómo hacer hablar al cuerpo.
“Sólo a través de una gran metáfora pude entrar en ese territorio tan oculto de las sensaciones”, afirma.
Eso sí, el libro tiene poemas individuales más allá de las relaciones con las que los queremos unir. “Son como cuentas de collar que en conjunto relatan una historia, pero son poemas también” que cuentan una historia en sí mismo.
Abril Castillo hizo la portada y las viñetas interiores, dialogando con los poemas y reinterpretarlo mediante sus imágenes. “El cuerpo como el mar y con toda su naturaleza de agua, de transparencia, el pepino de mar, que es el que ataca. Es una palabra molesta que se repite en cada poema, casi como una obsesión y me di cuenta que tenía que dejarla así”, expresa Ethel.
“Tenía que ser una figura y un sonido que cortara de tajo. Sí es incómodo, lo pensé mucho y no lo puedo convertir en otra cosa que no es”, agrega.

La razón por la que Ethel Krauze escribió Oscura punta es porque se le aparece la metáfora inicial y se lanzó. “Quise des-silenciar una experiencia de abuso sexual no en lo anecdótico. ¿Qué pasa en el cuerpo de la niña, qué pasa en las imágenes que tiene, en las sensaciones? Quitar el silencio a eso, poder poetizarlo, hay una forma de reivindicar el dolor a través de un corpus estético”, afirma Ethel, quien está cada vez más comprometida con la causa de las mujeres.
“Estamos hartas de los mismos discursos. Estamos hartas de que solo se cuente la visión masculina de la historia, de los hechos. No la consideran masculina, porque piensan que eso es universal. Hoy, lo que estamos haciendo las mujeres, una celebración fantástica de nuevas miradas, de lo que es el mundo, de lo que ha sido y me parece que es enriquecedor y fabuloso”, afirma Krauze.











