En la literatura mexicana reciente, pocos escritores han sabido articular con tanta fuerza la historia y el imaginario como Omar Delgado, autor de Los mil ojos de la selva, novela publicada por Nitro Press dentro de la colección Nitro Noir y ganadora del Premio de Novela José Rubén Romero 2024.
Ciudad de México, 17 de octubre (MaremotoM).- Los mil ojos de la selva, novela publicada por Nitro Press dentro de la colección Nitro Noir y ganadora del Premio de Novela José Rubén Romero 2024, se trata de un relato que, bajo una superficie de horror cósmico, desciende a las zonas más oscuras de la historia mexicana: la Guerra de Castas, el baile de los 41 y la represión de los diferentes.
“Es una novela situada en 1901 —explica Delgado—, el año en que Porfirio Díaz decide aplastar el último levantamiento maya enviando un ejército brutal a Yucatán. Al mismo tiempo, en la Ciudad de México, ocurre el famoso baile de los 41 homosexuales. Lo que propongo es un cruce: algunos de esos hombres, humillados y detenidos, fueron enviados como leva a la guerra. La novela imagina su destino en medio de la selva, perseguidos no solo por soldados, sino también por un demonio de la mitología maya llamado Kascabal.”
Los mil ojos de la selva mezcla documentación histórica con un tono fantástico y perturbador. El resultado es un espejo en el que se reflejan la violencia, el racismo y la homofobia del México porfirista, pero también las sombras que persisten en el presente.
“La Guerra de Castas fue un conflicto larguísimo —recuerda el autor—. Duró más de cincuenta años y generó una especie de república indígena en la península, un territorio autónomo, con su religión, su lengua, su comercio con Belice y las Bahamas. Porfirio Díaz decide acabar con todo eso en 1901, y lo hace con una represión salvaje. En ese mismo momento ocurre el baile de los 41 y la historia oficial decide unir ambas humillaciones: a los homosexuales se les manda a morir a la guerra. Eso está documentado. Lo que hago yo es narrar lo que nadie contó: su travesía por la selva, su degradación, su horror.”

La novela reconstruye ese episodio desde tres frentes: el histórico, el social y el fantástico. En ella, la figura del Kakasbal—un demonio ancestral “dos veces perverso”, según la tradición maya— simboliza el mal absoluto, el desborde de la violencia. “El Kakasbal es más malvado que los dioses mismos de la destrucción —explica Delgado—. Representa lo que está más allá de toda comprensión humana. En ese sentido, su presencia es la metáfora del propio delirio de la guerra.”
Delgado, quien ya había transitado la novela realista, eligió el terror cósmico como vehículo narrativo para hablar del México profundo. “Como decía Rodolfo J.M., cada género es una caja de herramientas —dice—. Uno escribe con lo que necesita para contar lo que le duele. Yo podría haber narrado esto de forma realista, como lo hizo Rosario Castellanos en Oficio de tinieblas, pero el horror me permitió hablar de algo más: del trance, de la locura, de cómo los hombres idealistas terminan devorados por la guerra, que se convierte en un fin en sí misma. La guerra como pulsión de muerte, como decía Freud.”

El resultado es una novela que combina aventura, reflexión y pesadilla, donde los límites entre historia y mito se disuelven. “Me interesaba explorar la irracionalidad —dice Delgado—. Los indígenas mayas comienzan su lucha por una causa justa, pero la violencia los transforma. Esa deriva hacia la fe fanática, hacia el sacrificio absoluto, solo podía narrarse desde el delirio.”
El autor insiste en que la historia mexicana está llena de zonas oscuras que merecen ser revisadas desde otros géneros. “La historia de México —afirma— es una masa fértil, una arcilla viva. Podemos moldearla con los recursos del realismo, de la ciencia ficción, del horror o del mito. Hay figuras que se han vuelto sagradas, totémicas, intocables, pero si las sacas de su pedestal y las colocas en otro contexto, adquieren una riqueza nueva. Eso me interesa: escribir desde la libertad de mezclar la documentación con la imaginación.”
Esa libertad narrativa da lugar a una novela tan precisa en sus datos como inquietante en su tono. Los mil ojos de la selva recurre a fuentes históricas reales, pero también a una invención simbólica que coloca a los personajes en un territorio intermedio entre el infierno y la historia.
“Quería que los personajes fueran humanos, entrañables —dice el escritor—. A los personajes hay que quererlos. Si tú los quieres, salen bien y aunque la novela sea cruel, hay ternura, humor, amistad. Porque incluso en medio del horror, la humanidad persiste.”
Para Delgado, escribir Los mil ojos de la selva fue también un acto de resistencia cultural. “Vivimos tiempos donde la literatura histórica parece patrimonio del realismo —explica—, pero la imaginación también puede dialogar con la historia. No se trata de embellecerla, sino de entenderla desde otro lugar. La fantasía permite iluminar los rincones donde el discurso oficial no entra. Escribir sobre la guerra, sobre los marginados y los demonios, es también escribir sobre nosotros.”
En tiempos de simplificación narrativa, Los mil ojos de la selva apuesta por lo contrario: complejizar. Es una novela que une el horror con la historia, la mitología con la política, y que devuelve a la literatura mexicana una de sus tareas más profundas: imaginar los huecos del pasado para entender el presente.
Omar Delgado escribe con rigor de historiador y con la mirada de quien sabe que los monstruos no solo viven en la selva, sino también en los pliegues de la memoria.











