Gabriel Orozco

NO SOY UN ARTISTA FLOJO: GABRIEL OROZCO

A punto de cerrar la amplia retrospectiva Politécnico Nacional que el Museo Jumex le dedicó desde febrero, el artista respondió con humor y paciencia casi 300 preguntas recibidas por el público. Si es o no flojo por delegar en otros su trabajo, si una caja de zapatos o una cáscara de cebolla es arte, cómo es su relación con el poder político y económico, qué significa ser exitoso, la relación con su padre el muralista Mario Orozco Rivera y el vacuo y perdido mercado del arte mexicano fueron algunas de sus más interesantes respuestas.

Ciudad de México, 3 de agosto (MaremotoM).- “Pedí mesa porque dije, bueno esto es como una clase en la escuela, entonces voy a jugarla de maestro y como ya ahora me dicen maestro, pues ahora sí soy el teacher”. Así, jocosamente, Gabriel Orozco (Jalapa, Veracruz, 1962) abrió el diálogo con unas 200 personas, hombres y mujeres jóvenes en su mayoría, en la terraza del Museo Jumex al medidoía del sábado 26 de julio.

Orozco, quies es considerado “uno de los artistas mexicanos contemporáneos más influyentes a nivel mundial”, contestó preguntas que recibió durante los seis meses de exhibición de Politécnico Nacional, su primera exposición retrospectiva en 20 años en el país, con cientos de sus obras entre la escultura, el dibujo, la fotografía, la instalación, la pintura, el ensamblaje y los juegos.

Politécnico Nacional se extiende por los tres pisos del museo y por supuesto, incluye las “celebrities”, como él mismo llamó a sus obras más controversiales y desafiantes como son: la caja de zapatos de la Bienal de Venecia, la cáscara de cebolla de la mesa de artista del MoMA y el esqueleto de ballena con motivos de grafito, de la serie de la Biblioteca Vasconcelos. También muestra otras piezas menos famosas, pero que igualmente fueron creadas para cuestionar los límites del llamado “arte”, como La DS (un automóvil Citroën recortado y reconfigurado) y Obit (una serie de collages con obituarios).

Durante dos horas, sus respuestas y anécdotas a veces hilarantes mostraron a un artista juguetón, que se sabe privilegiado desde la cuna –como hijo del muralista Mario Orozco Rivera, el más destacado discípulo de David Alfaro Siqueiros– y acostumbrado desde joven a moverse por las bullentes escenas artísticas de México, Nueva York, París, Berlín y Japón. Una formación “que nunca había ocurrido en ningún otro artista mexicano” y que –considera– determinó su forma de comprender el arte como ideología y siempre en relación con el poder económico y político, tal como en un “juego de ajedrez”.

“Yo crecí con artistas, entonces eso sin duda ayuda a involucrarse en el mundo del arte desde muy temprana edad, lo que es importante, pero al final para lograr su propio lenguaje tiene uno que dejar de ser artista. Entonces podría decir que dejé de ser todo lo otro que podía haber sido”.

Y es que Orozco de niño quiso ser piloto de F1, tal como Meteoro o Ultraman, los héroes de su infancia, cuyos muñecos de acción están presentes en sus “mesa de trabajo” (instalaciones con objetos que “resignifican lo insignificante”).

Gabriel Orozco
Gabriel Orozco ya es comendador por la Embajada de Francia. Foto: Cortesía

Un niño de 10 años le preguntó si ¿los niños también pueden ser artistas? Cuestión que lo llevó a reflexionar sobre el arte y a recomendar a los padres de familia presentes que para escoger escuela se fijen primero en el salón de arte. “En efecto hay algo del niño cuando está aprendiendo, cuando está empezando a conocer el mundo y lo está explorando, que lo convierte de alguna manera en un artista”.

Gabriel Orozco
Hablar de una mexicanidad como raíz de la estructura de esta obra es imprescindible cuando atraviesan como fantasmas los pueblos que Juan Rulfo describe. Foto: Cortesía

En su opinión el arte es ante todo un lenguaje que comunica: “Un proceso en el que de una experiencia real se trata de establecer una comunicación de esa experiencia a través de signos, sonidos, imágenes o cosas que hace uno con las manos, incluso disfrutándolo porque finalmente el arte también se realiza cuando el espectador lo disfruta. Entonces la palabra arte es un verbo en cierta manera”.

 

Sin embargo, disertó sobre la cambiante percepción y temporalidad del mismo. “Lo único que cambia es la manera en cómo vemos el arte. Por eso que alguien les diga a ustedes qué es arte y qué no es arte, a menos de que sea un artista profesional como yo, no le crean. Es el término lo que es fluctuante”.

No cualquiera

A momentos “el teacher” decía sentirse “como en un talk show como el de Colbert” y divertido respondía preguntas dignas de coleccionistas de juguetes japoneses, o de matemáticos deseosos de saber cuántos lápices uso en sus ballenas o de filósofos  demasiado teóricos instándolo a confesar ¿por qué hay tantos círculos en sus obras?

Para Orozco, “la obra de arte no es un objeto absoluto que termina su viaje cuando se realiza” y el artista, “como profesional, intenta expandir las fronteras de lo que es el arte para tener más herramientas de trabajo, más maneras de hacer y de relacionarnos con el mundo real, con nuestro país, con la sociedad, con nuestros seres queridos y con la humanidad.”

Gabriel Orozco
Al lado de su escultura en la Vasconcelos. Foto: Cortesía

Al recordar cómo surgió esta obra en plena Bienal de Venecia reconoció que ha sido “uno de sus más grandes desafíos”: “Porque parece muy fácil, ¿no? agarrar y en la Bienal de Venecia poner una caja de zapatos y sentirse muy trasgresor, pero lo más importante ocurrió dos días antes, al comentar la idea con mis colegas en los drinks de la tardecita. Es un arte, créanme que es un arte, saber con quién juntarse para las travesuras”.

Según el artista “todo mundo necesita su Batman y su Robin si es que vas a hacer algo nuevo, pues tienes que tener cómplices de acción”. En este caso contó que fueron sus colegas, un inglés, un francés y un neoyorkino, los que le dijeron ¡yeah, esa sí está buena, vas, vas, vas, vas”.   

“Esa pieza, curiosamente, ha sido de los grandes desafíos por todo el proceso. La quitaron 15 minutos antes de que se inaugurara la Bienal de Venecia con toda la gente afuera. La tiraron a la basura. Lo que pasa es que ya lo habían hecho el día anterior, entonces yo ya tenía otras tres cajas al lado, trasbambalinas, yo las volví a poner, porque ni para qué hacerles caso, o sea, ya tenía ya mis cajas de repuesto”, recordó.

En el colmo del absurdo compartió cómo actualmente en el Museo Jumex, previendo que la pisaran o la tiraran de nuevo, hiceron una réplica exacta hecha a mano. “Qué ternura, pero para empezar, no es la original. O sea, la original se perdió 15 minutos antes de la Bienal y esta es no sé, quizá la doceava generación. Pedí que devolvieran la que estaba pisada y me dieran la restaurda de regalo, porque si alguien se diera cuenta que era una copia hecha en el museo, iban a decir que ya estoy falsificando mi trabajo”.

¿Pero quién realmente hace que esa caja de zapatos vacía sea considerada arte? La respuesta del artista fue contundente: “Pues el espectador que le está significando cada vez que entra en relación con un objeto que se planteó como una propuesta de una posibilidad del arte”.

¿Eres flojo?

Muchas de las preguntas le inquirían la razón de delegar la hechura de sus obras en otros talleres o personas. “Hay gente que piensa que si uno va a hacer un trabajo con una usamenta de ballena hay que ir a cazar la ballena y tiene que ser el artista el que la limpie y hasta la cuelgue. Pero es trabajo en equipo, el arte no es una sola persona haciendo todo, eso es un mito. Es increíble que la educación en México todavía tiene algo de cierta idolatría oculta a la personalidad del artista, como si fuera Dios. Y nosotros no somos Dios, necesitamos ayuda para crear las cosas. Ahora, ¿en realidad uno puede medir el grado de talento o de calidad de un artista por su habilidad manual? Es decir, ¿el que sabe mejor dibujar es el mejor artista? No, nunca ha sido así.

“Ah, por cierto, no soy flojo, o sea, sí trabajo todo el tiempo, pero me han comentado que trabajar conmigo se siente como estar de vacaciones, y eso lo considero un gran cumplido”.

¿Qué es el éxito?

Gabriel Orozco recordó en varios momentos a su padre, quien “nunca pudo editar un libro de su obra y murió sin deudas ni dinero”, lo que considera todo un logro.

“Cualquier artista que logre sobrevivir siendo artista ya se debe de considerar exitoso, es casi un milagro en la sociedad en que vivimos que un artista pueda vivir de su trabajo. Eso yo lo viví con mi papá porque mi padre terminó sin dinero y sin deudas y él toda su vida lo que hizo fue ser artista y ya para mí eso es un gran logro. La fama o el exceso de pluralidad del capital que se pueda generar ya son cosas del destino”.

Por eso mismo dijo que los jóvenes artistas mexicanos lo tienen difícil pues actualmente el 47% del mercado global de arte del mundo está en Estados Unidos.

Tal vez no se entiende bien eso en México, aquí todo el problema cultural que puede haber es culpa del gobierno. Incluso el gobierno tiene la culpa de que los artistas no hagan dinero, que los críticos de arte no tengan con qué vivir, porque obviamente es un mercado que ya está perfectamente perdido y no es culpa del gobierno”.

Gabriel Orozco
Gabriel contesta las preguntas del público. Foto: Cortesía

El mercado de arte mexicano no es lo único que el creador considera “perdido”, también lo está la labor social del arte que está  relacionada con el espacio público

En México tenemos una tradición muy grande de arte en espacio público, pero también tenemos lo que está sucediendo en todo el mundo, que es la privatización de los espacios públicos, entonces los escenarios donde puede haber una relación entre comillas democrática con el arte están desapareciendo”.

Por eso se dijo satisfecho con de la remodelación de Chapultepec. Recordó:“Acepté con todo gusto. ¿Por qué? Porque pensaba que precisamente podía generar un equipo de trabajo bastante bueno para intentarlo. Y ahí tengo que decirlo, el presidente fue bastante apoyador, total libertad, mucho apoyo y mucho corazón también. Y se hizo lo que se pudo, y fue un gran desafío, pero estamos a punto de ya cerrarlo en la cuarta sección, que estuvo muy difícil. Y espero que siga creciendo, porque todavía hay todo por hacer, pero eso pasa en toda la cultura. Es decir, uno puede generar espacios y hacer lo que uno puede, pero en realidad es un proceso que tiene que ser constante. Es como un jardín, hay que arreglarlo, hay que mantenerlo”.

Ideología y poder

Orozco reconoció su relación con los poderes políticos y económicos mundiales como si fuera un juego que hay que saber jugar y no está exento de peligros de manipulación y complicidad. “Tengo mi relación aquí con los gobiernos diferentes que ha habido, he tenido de todo tipo de, vamos a llamarlo conversaciones. Y también en Estados Unidos, en Francia, en Inglaterra, y por supuesto en Japón, de manera directa o indirecta. Está uno participando de la vida cultural y política en la formación ideológica del espacio público y de comunicación a través de las artes visuales. Y cuando hay visibilidad, cuando hay lo que la gente llama fama, es decir que lo que uno hace va a llegar a la gente, la gente se empieza a relacionar con eso, no pasa desapercibido. Entonces quiere decir que hay activo, estamos jugando los juegos sociales y culturales en los diferentes lugares”.

Otras preguntas versaron sobre el uso lúdico de la foto como parte de su metodología para lograr transmitirle a alguien más “ese pequeño gesto efímero de la realidad” que ocurría fuera de su estudio. Con el perdón de Álvarez Bravo, confesó que “Le empecé a agarrar un poquito de manía a la fotografía en blanco y negro, de estética sublime y con títulos con intenciones poéticas o casi mitológicas y por eso empezó a hacer fotografía de objetos banales, insignificantes, cotidianos, con cierto sentido de humor, con cierta no espectacularidad, es decir, no eran figuras míticas o personajes de identidad nacional o de guerra”.

Dejó como de “postre”, las preguntas de los custodios del museo como ¿por qué tenemos que cuidar una cebolla? O ¿Por qué con tanto conocimiento hacer cosas tan simplonas y cotidianas? Enfrentó divertido el odio general hablando del ego y el vacío en la escena artística actual: “Casi siempre esas críticas violentas vienen desde un punto de vista de un ego herido que ya sabía y ya sabe lo que debe de ser el arte, se ve confrontado con un objeto o imagen que no es lo que ellos están seguros que saben es el arte, casi siempre el ego lo que genera son prejuicios ante el mundo real”.

Sin embargo, se negó a contestar ¿cuál ha sido su aportación al arte contemporáneo?

Finalmente se dijo bastante satisfecho con la curaduría de Politecnico Nacional. “Hay algo en esta exposición que creo que se logró bien y son los cambios de escala en relación al espacio y a los tiempos, no es una exposición de imposición monumentalista de la carrera de un artista, sino es una exposición que invita a jugar con las herramientas que se disponen, con las propuestas que son el resultado de una relación con diferentes culturas y con diferentes objetos”.

Gabriel Orozco, Politécnico Nacional, estará abierta hasta hoy, domingo 3 de agosto en el Museo Jumex. Entrada Libre.

Comments are closed.