“Faulkner es y será siempre una influencia mayúscula, pero creo que lo es también de Mario Vargas Llosa y de Gabriel García Márquez. Pero sí, Faulkner es una influencia decisiva a la que voy a agregar a Juan Rulfo, voy a agregar a Martín Luis Guzmán, agrego quizás a Pío Baroja. Martín Luis Guzmán, que me enseñó a leer el poder desde todas sus contradicciones, cuando escribe El águila y la serpiente o Las memorias de Pancho Villa. El sonido y la furia fue el libro que más me marcó en la vida, pero si algún libro de Faulkner influyó en esta novela fue Absalón, Absalón”, responde Arriaga en entrevista.
Ciudad de México, 4 de junio (MaremotoM).- Uno de los fenómenos editoriales donde no hay mucho de esas “catástrofe librera”, lo ha producido el autor Guillermo Arriaga, con la venta presurosa de la primera partida de El hombre (Alfaguara). Una historia de campo, de selva, de desierto, muy larga, como si fuera el gran hálito de Clint Eastwood, de Scorsese, un poco para determinar –como ya lo había hecho Álvaro Enrique en Ahora me rindo y eso es todo (Anagrama)- el grado de lo que era México en el pasado, con la influencia por supuesto de los apaches y de los yaquies, indios exterminados en una salvaje historia de exterminio. La fundación, entre otras cosas, de los Estados Unidos.
Ahora bien, ¿el hecho de que Arriaga venda todos sus libros, es eso lo que quieren leer los mexicanos ahora? ¿Este deseo de ser William Faulkner es lo que requiere ahora la literatura mexicana?
“Faulkner es y será siempre una influencia mayúscula, pero creo que lo es también de Mario Vargas Llosa y de Gabriel García Márquez. Pero sí, Faulkner es una influencia decisiva a la que voy a agregar a Juan Rulfo, voy a agregar a Martín Luis Guzmán, agrego quizás a Pío Baroja. Martín Luis Guzmán, que me enseñó a leer el poder desde todas sus contradicciones, cuando escribe El águila y la serpiente o Las memorias de Pancho Villa. El sonido y la furia fue el libro que más me marcó en la vida, pero si algún libro de Faulkner influyó en esta novela fue Absalón, Absalón”, responde Arriaga en entrevista.
“Este libro se me ocurrió cuando terminé de leer Absalón, Absalón, a los 23 años. Ya tiene un rato esta novela en mi cabeza.
El hombre es una novela que transita una frontera, una frontera literaria, más allá de las fronteras terrenales, que nos hace a todos los lectores y los escritores ser parte de Estados Unidos. Está Faulkner, está John Cheever, está Norman Mailer.
“No, Cheever y Mailer no están. En todo caso, si hay alguna influencia, tengo que reconocer El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, que es mucho más influencia que ellos. Ahí vienen algunas referencias escondidas, donde: fuimos directo al corazón de las tinieblas. Shakespeare siempre será una influencia. Entonces, yo quería hacer un personaje, obviamente no shakespeareano, pero sí que tuviera las contradicciones que tienen los personajes de Shakespeare. Que siempre deambulan entre claroscuros y yo creo que es una gran lección y aprendimos a Shakespeare”, agrega.

Nuestras tierras han sido pobladas por delincuentes y eso lo confirma El hombre, una novela polifónica donde Arriaga cuenta la historia de Henry Lloyd, un misterioso personaje que poco a poco va construyendo un imperio a mediados del siglo XIX. Arrojado, sagaz e inteligente, a la única persona que le teme es a su némesis, Jack Barley, el único que puede derrumbar su emporio. Jack Barley es un muchacho de once años que en defensa propia asesina a un muchacho de su pueblo y luego a su familia, por lo que tiene que huir de su aldea antes de que las autoridades lo capturen y lo cuelguen. La historia de Henry Lloyd y la de Jack Barley corren paralelas hasta que llega el inevitable cruce entre ellos.
La novela explora los orígenes del capitalismo americano, la conformación de los Estados Unidos en el siglo XIX, las terribles batallas entre apaches, mexicanos y texanos, la herida profunda de la esclavitud y las vicisitudes políticas derivadas del tumultuoso devenir histórico durante los últimos ciento ochenta años, todo alrededor de la figura mastodóntica de Henry Lloyd.
“Muchos países, entre ellos los nuestros, se fueron formando por gente que no era precisamente la más dulce y educada del planeta. Creo que fue gente muy dura. Hace rato hablaba con un colega tuyo que me decía que había leído una novela sobre cómo disfrutaban los torturadores salvadoreños, la tortura. Le dije, ¿sabes qué es? Que esta no es una novela de un tipo que goza de la violencia. Es un tipo que instrumentaliza la violencia. La violencia no es parte natural de su personalidad. Es un medio para alcanzar un fin. No es un asesino per se. Es un asesino que tiene una mirada muy clara, una visión muy clave. La persigue con todo lo que tiene y si tiene que usar la violencia y la crueldad, las usará, pero no es violento”, afirma.
“Algunos de los personajes dicen que es un hombre que medita con profundidad cada una de las decisiones que va a tomar. No las toma a la ligera. Las estudia, razona, reflexiona y actúa en consecuencia. Por eso hay un momento en que cuando se une a Rodrigo al mexicano, que es impulsivo, instintivo y esa unión entre ellos dos, lo dice uno de los personajes, beneficia la campaña que están haciendo Henry Lloyd y los suyos”.
A propósito de la novela de Enrigue Ahora me rindo y eso es todo dice que Álvaro es el único que ha escrito sobre los apaches en México. “Alguna vez le dije, me ganaste, porque yo estoy pensando en ese tema desde hace rato. Aunque mi novela no es una novela sobre los apaches en México, es una novela de muchas cosas y entre ellas están los apaches. Ahora, la diferencia entre Álvaro y yo, que fue mi alumno y a quien quiero como un gran amigo y al que me parece un escritor brutal, la diferencia es física entre él y yo. Crecí en territorio apache. Yo me la he pasado en territorio apache. Entonces, lo mío no fue producto de una investigación como la suya. Él narra en su libro el viaje que tuvo que hacer a territorios apaches para conocer cómo es el territorio apache. Yo desde niño he estado en territorio apache. Desde niño he visto estas puntas de flecha. Desde niño entiendo este mundo y he escuchado las historias de este mundo. Entonces, desde hace muchos años he querido contar la historia de los apaches en Coahuila, que son los lipanes, que son distintos a los apaches que él cuenta. Álvaro cuenta los apaches que están más del lado de Sonora. Estoy contando los lipanes que están en el centro de Coahuila. Y bueno, para mí las historias casi siempre vienen de algo vivencial”, dice Arriaga, también autor de El salvaje, Salvar el fuego (Premio Alfaguara) y Extrañas.

El hombre también es una novela altamente mexicana, que rescata las esencias de las raíces y es tan proporcional como lo es la distancia que ocupaba el país. “A México le sacaron toda una Argentina”, dice en cifras Guillermo Arriaga.
“Esta novela tiene que ver con lo mexicano que no aparece del lado del Sur, aparece del lado del Norte. Hay muchas formas de ser mexicano. El otro día aquí en la casa me dijo un español, es que los españoles respetamos a los indígenas, nos integramos con ellos, no los masacramos como los americanos. Le dije: No, se mezclaron con los mexicanos que tenían la alta cultura, con aquellos que tenían una ingeniería brutal como los aztecas o tenían una cultura desarrollada como las telolcas o como las caltecas, en donde estaban el chahualcóyotl y demás. Con eso se mezclaron, con los que tenían cultura, pero las tribus nómadas las exterminaron. Los mexicanos recogieron el testigo y se siguieron de largo matando a los pueblos nómadas, yaquis, eris, apaches, tarahumaras y otra serie de tribus nómadas. De hecho, se dice que fueron los apaches la última tribu en rendirse. Para los aztecas fue fácil porque era muy jerárquico, era piramidal, por eso cuando agarran a Cuauhtémoc se acaba, se cae el imperio, pero acá no, aquí moría uno y tomaba la batuta a otro y así. Los apaches fueron los más y la identidad mexicana en el norte fue distinta a la identidad mexicana en el sur. Allí había un genocidio. Esta novela relata la crueldad de ambos lados. No quiero decir con esto que los apaches eran solamente un pueblo inerme, al contrario, fueron bastante aguerridos, bastante feroces, pero los mexicanos no se quedaron atrás en las artes de la crueldad. Allá fue donde vino la gran herida del despojo del territorio mexicano. Imagínate, nos robaron el equivalente a la extensión de Argentina. Argentina mide 2.700.000 kilómetros cuadrados, es lo que se llevó. México acabó en 1.995.000 millones de kilómetros cuadrados. Se llevaron el 56%, no la mitad. Para darte idea de la proporción, llegábamos hasta Wyoming”, afirma.
El hombre es una historia de ficción con una gran documentación. Aunque esa investigación estaba en las vivencias del autor. No es que Arriaga haya investigado para su novela, sino que todas sus vivencias fueron traspasadas a la letra.
“Es la vida la que me trae la información. En algún momento por ejemplo llevé a mis alumnos a piscar algodón y he piscado algodón, obviamente no viví de piscar algodón, pero sé lo que significa estar en un surco arrancando los copos de algodón, lo que te pica, lo que te corta, lo que significa estar arrastrando la bolsa de lona. ¿Cuánto se necesita recoger en México para un salario mínimo? ¿Cómo te desgasta el sol? ¿Cómo te desgasta el clima mientras estás haciendo eso? Es una tarea muy pesada. He hecho tareas de jornalero. Yo mismo he hecho tareas de jornalero. Al hacer tareas de jornalero, también puedes entender a nivel vivencial lo que presentas. Luego estudié una maestría en historia. Hubo un momento en que me puse a leer como loco la novela de la Revolución Mexicana, que es un estudio sobre el poder. Estudié marxismo y de hecho, llegué a dar algunas clases vinculadas con la economía política. Entonces, ha sido la vida la que me ha llevado a recoger la información pertinente.”
“Me peleé con un vaquero negro en una pelea de box y le gané. Tenía 16 años y me quiso matar con un cuchillo. Y era un vaquero negro mexicano. Creo que muy poca gente conoce a los vaqueros negros mexicanos, porque hay un lugar que se llama Nacimiento de los Negros que fue fundado por esclavos que huyeron de los Estados Unidos. Y esta es una novela donde se habla de vaqueros negros. No soy alguien que llega virgen por un interés académico”, agrega.
Su hijo Santiago hizo el tráiler de la novela e inmediatamente le vinieron millones de propuestas. En ese sentido, El hombre será película, en un contexto donde Arriaga no sabe si esta es una de las mejores suyas. “Lo que sí te puedo decir es que cada novela mía trato de subir un poco más el riesgo. Y por la respuesta que tuve, tanto en las ventas, como en la presentación, la respuesta fue muy positiva”, afirma.











