“La historia, los personajes históricos, son iguales que nosotros. No por ser gente antigua o muerta significa que están hechos de bronce o que hablaban en verso. Son gente con virtudes con fallas, tenían amigos, se enamoraba. Acercarse a ellos con la naturalidad que nos acercamos al presente me parece adecuado, teniendo en cuenta que soy cronista”, afirma.
Ciudad de México, 27 de enero (MaremotoM).- Esta es la historia de la colonia a través de Jorge Pedro Uribe, un cronista, un periodista, que a través del relato histórico y un periodismo lírico que suele poner el acento en la gente, esta crónica mixtape, con visos de humor y melancolía, va y viene por Tenochtitlan y cuestiona en cada capítulo, implícita o explícitamente, las fronteras entre comunidades, ciudades y nacionalidades; entre pasado y presente.
Es sumamente divertida, teniendo en cuenta que él mismo aclara que no es un libro chistoso, pero trata del terremoto en México de 2017; el único asilo destinado a sexoservidoras de la tercera edad en el mundo; la pandemia de covid-19 en el Centro Histórico de la Ciudad de México; la fiesta patronal de Tepetlaoxtoc; los judíos de Cozumel y los de la colonia Álamos; las caravanas migrantes de Centroamérica y otros temas inesperados conviven aquí de forma orgánica con el naufragio de Diego de Nicuesa en el Caribe, la aprehensión de Cuauhtémoc en un barrio de Tlatelolco y la batalla de Centla, desembocando en lo infraordinario que recuerda al escritor George Perec. Todo esto en plena resaca de los dichosos quinientos años, desde nosotros, que no estamos vencidos y que vemos la colonia hoy como un camino que se continúa y se expande más allá de la historia.
ENTREVISTA EN VIDEO A JORGE PEDRO URIBE
Una de las cosas más conmovedoras del libro es el humor. “No es un libro chistoso pero al que se ha inyectado cierta dosis del sentido del humor”, dice Uribe.
“La historia, los personajes históricos, son iguales que nosotros. No por ser gente antigua o muerta significa que están hechos de bronce o que hablaban en verso. Son gente con virtudes con fallas, tenían amigos, se enamoraba. Acercarse a ellos con la naturalidad que nos acercamos al presente me parece adecuado, teniendo en cuenta que soy cronista”, afirma.
Los primeros cronistas fueron efectivamente cronistas de la colonia. “Los cronistas somos como los gatos, queremos enterarnos de las cosas. Las cosas que ocurren en el pasado y en el presente despiertan mucho interés. La escritura en este país, en México, con una herida abierta, en Latinoamérica en general, parece que se inclina hacia el dolor. Por supuesto que son temas que hay que atender, pero hay otras historias que se pueden tratar”, expresa Jorge Pedro.

“La curiosidad se puede saciar de muchas maneras y el cronista comparte sus hallazgos con sus semejantes”, agrega.
“No sólo se cronican los grandes acontecimientos históricos, los descubrimientos de las Indias Occidentales, sino también la vida cotidiana. En lo pequeño está lo grande, entonces no hay que soslayar lo cotidiano en aras de reparar en lo grandioso. “Lo fugitivo permanece y dura, como decía Quevedo”, afirma.
El libro hace un juego imaginativo mezclando las crónicas de hoy con las crónicas del pasado.
“Para mí, los protagonistas de la caída de Tenochtitlan no son Hernán Cortés ni Moctezuma ni los mexicas, para mí, los protagonistas de aquel proceso histórico somos nosotros. Nosotros somos lo que estamos vivos, abordar el pasado desde el presente me pareció atrevido y temerario, pero fue muy natural hacer el relato de la Conquista desde las crónicas del presente. Todo viene a cuento, porque en realidad hay hilos invisibles que hilvanan el pasado y el presente. Eso me divierte y me entusiasma”, dice.

“No había pensado en los escritores que trataron antes este tema, nadie descubre nada, pero de bote pronto no se me ocurre alguien que haya hecho este ejercicio. Siempre abordamos el pasado desde el presente, pero en este libro lo hago de manera súper explícita”, agrega.
“Nosotros no somos ni la colonia ni el virreinato de los españoles, pero tampoco somos los vencidos. Hay una narrativa preponderante que nos marca como los vencidos. Los españoles no tienen que pedirnos disculpas, porque los descendientes de los conquistadores somos nosotros. La disculpa la tenemos que hacer nosotros con nosotros mismos”, afirma.

“Acabo de ver la película Bardo y me sentí muy identificado, porque la película habla de la colonia, el protagonista habla con Hernán Cortés, el presente dialoga con el pasado. Es de interés para los vivos ver lo que está pasando en Latinoamérica. Lo que pasó hace cinco siglos no le tocó ni siquiera a mi tatarabuelo.
“Esta es mi versión de los hechos, quise contar la Conquista, hay miles de versiones, pero la mía es esta. Uno escribe para explicarse el mundo. Yo quería explicarme la narrativa de la Conquista y compartirla. Soy un gato curioso y qué bueno que no dejemos en paz a la Conquista. Los lectores jóvenes son gatunos, tienen despierta la curiosidad y para ellos es este libro. En general se lee muy bien”, concluye.











