Desde las frías llanuras de Marte, un grupo de extraterrestres desea expandir su reino hacia la Tierra. Aunque sus planes de conquista están plagados de sueños irreverentes y errores monumentales, estos intrépidos marcianos nunca dejan de intentarlo
Ciudad de México, (Maremotom).- Trino es un rockstar. Así me lo dice la jefa de prensa que supervisa la promoción del nuevo libro de Crónicas Marcianas (Aguilar). Hace ya más de 20 años que lo conozco y pienso que siempre ha sido un rockstar. Ahora mismo, con una nueva generación que espera conocer sus creaciones y su buen oficio, Trino Camacho (1961) se las arregla para estar siempre en el centro de atención.
Tiene, con Andrés Bustamante, un podcast que se llama La última trinchera, con un buen conjunto de escuchas en sus múltiples plataformas donde sale y con Jis (su otro gran amigo y colega) manejan La Chora Interminable por la radio de Guadalajara, pero que también se ha convertido en podcast, el único programa con alto contenido de ingredientes psicotrópicos y mucha sabiduría.
Trino realiza una tira para el periódico Esto, hace libros por aquí y por allá y se dedica a su vida en Ajijic, como el verdadero rockstar que es.
Ahora, en Las crónicas marcianas, que versa sobre Alienígenas e Integrados, Trino nos invita a reír de nuestra propia humanidad enfrentada al espejo de otros mundos que no hace más que mostrarnos lo hermosamente absurdo de la vida… terrestre.
–¿Cómo estás? Un poco cansado, ¿no?
– Mira, llevo desde el lunes acá, pero tengo tanto tiempo que estoy fuera de todos estos tipos de cosas que no me molesta, porque es una vez al año. Si hiciera esto, como lo hacen los rockeros, que es cada vez, me quejaría, pero no, estoy feliz.
–Pareciera ser que el tiempo vuelve y que Las Crónicas Marcianas están otra vez
–Sin embargo, Las Crónicas Marcianas son absolutamente diferentes a todo lo que he venido haciendo.
–Sobre todo porque creo y a ver si tú estás de acuerdo conmigo, es que el mundo está destruido. Y que tú lo haces a partir de un mundo destruido…
–Es un poco eso y es como la idea de cuentos como si estuviéramos en la época medieval, en la que podemos hablar de dragones, hadas y duendes, que pueden venir a salvarnos en un mundo que se está acabando. Luego te diste cuenta que eran historias que eran muy bonitas y la gente empezó a dejar eso para crear un nuevo cuento infantil, que son los extraterrestres. Y mientras el mundo se está destruyendo, lo que queremos es los terrícolas y sobre todo los tapatíos, con esta idea muy de derecha del PAN, es que vengan los extraterrestres a ayudarnos a todos, como cuando decimos que vengan los gringos y acaben con los malos.

–También es cierto que cuando tú pides las galletas con atún y la mayonesa y todo eso, nos hace pensar que hay un narcisismo terrible por parte de la gente. El mundo no se va a acabar, en realidad lo que vamos a acabar somos nosotros
–Totalmente. El usar desodorante, la basura, cómo no estamos cuidando el agua, cómo estamos a punto de una guerra que se puede escalar muy fácil con Ucrania y Rusia, cómo Trump está destruyendo todo un país y cómo este mundo está vuelto al revés, porque en todos los países, desde Milei, Ortega en Nicaragua, en Venezuela, en México, todo se ha sacudido de una manera que si están los extraterrestres, ¿por qué no hacen algo? No creo en los extraterrestres, decir esto es ser anti-marketing, pero me gustaría creer, me gustaría ver. Pienso en esta cosa hollywoodense de que vienen extraterrestres y tienen dos piernas, dos manos, una cabeza con un cerebro expuesto, un casco, unos tanques y además hablan un inglés británico perfecto, ¿no? Pero no es así. Los extraterrestres podrían ser los pulpos o los delfines o están en el fondo del mar, pero son organismos, no son seres como nosotros.
– Hace mucho tiempo que tú eres un rockstar. ¿Cómo ves la vida desde ahí y a estos marcianos que podrían ser organismos?
–Me encanta toda esta idea de cómo los seres humanos necesitamos creer. Hay clubes que ofrecen su credencial de avistadores de ovnis. Maussan ha hecho toda una cultura y todo un emporio a partir de los extraterrestres. Maussan tiene un muy buen sentido del humor y no estoy diciendo que él esté errado, simplemente es que digo: –Maussan, por favor, llévame contigo a una nave y te voy a creer. Quiero tener como la certeza de que si hay inteligencia en otros planetas, ¿por qué no vienen? ¿Por qué son siempre granjeros de Wichita o de Iowa? ¿Por qué no vienen por Juan Villoro y se lo llevan? O si vienen y se llevan un buen camarógrafo. Todas las fotos de los ovnis son borrosas y son malísimas.
–¿Tú crees que Maussan ha ganado mucho dinero?
No que haya ganado, pero creo que mantiene una especie de industria que da para mucho. Y me encanta la idea. Al contrario, lo celebro de que él esté alimentando eso porque necesitamos tener, por ejemplo, a todos los taxistas, que manejan tres temas. Uno es la política, después les preguntas de fútbol y te pueden decir perfectamente por qué está tan jodido el Atlas y el tema de los extraterrestres. Hasta que quieren parar el coche a un lado para explicar: en el Ajusco antes venían parvadas de ovnis, pero ya no vienen. Miren, es que vean la contaminación, pues es que ya no les gusta venir. No mames. O sea, todos saben. Me da mucho gusto porque Maussan se divierte y sí tiene sentido el humor porque alguna vez él me hizo en otro volumen de Crónicas Marcianas el prólogo. Entonces me cae muy bien y si lo quiero invitar a una presentación, no para burlarme de él, por supuesto que no, porque no lo voy a hacer nunca, sino para que me convenza y sí quiero de verdad creer que hay extraterrestres.

–¿Tú eres alienígena o eres integrado?
–Soy integrado. Se supone que venimos del mar y yo me pongo a pensar que no vengo del mar ni de las aves, no nado tan bien, me choca volar, pero soy de los integrados que puede nadar en una alberca y volar con un churro. De repente si te comes un hongo, puedes tener una conexión, porque los hongos sí tienen una conexión cósmica, no extraterrestre, con una sabiduría milenaria que no tiene nada que ver con seres que nos quieran venir a invadir. En el cosmos hay seres que a lo mejor no tienen ojos ni antenas, sino que son organismos que te están dando a entender que puede haber una vida orgánica en otro lugar. Aquí, en México, se produjo un accidente, a lo mejor seríamos más altos y podríamos ser campeones del fútbol mundial porque no somos chaparritos. El meteorito cayó en Mérida y ahí acabó con la vida de los mexicanos.
–¿Hay evolución en Las Crónicas Marcianas?
–Estas crónicas fueron publicadas del 2003 al 2005 y estuvieron en el diario Reforma. El que no estaba suscripto, no podía leerlas. Ahora la gente las lee y me pregunta: ¿Estás hablando de la 4T? Yo no los desengaño, porque entonces me voy a ver muy estúpido, entonces digo sí. Si Aguilar decide publicar todo el material que tengo, podría haber otros seis volúmenes.

–¿Nos va a dominar la inteligencia artificial?
–Yo tengo el antídoto y es el chip que no van a poder porque no tienen humor. Si tú le dices a Alexa, cuéntanos un chiste, te va a contar el peor chiste, además mal contado, pésimo, horrible. El día que Alexa te cuente un chiste y además te alburee, si nos ganará, pero todavía no.
–Tampoco tiene poesía la IA
–Ellos nunca van a saber qué se siente cuando se termina una relación, ellos no van a saber cómo puedes ver un amanecer y querer escribir un poema acerca nada más de ese sentimiento, de ver el sol salir o de hacer un chiste.
–¿Cómo te sientes en Penguin, teniendo en cuenta de que siempre estuviste en Planeta?
–Esas relaciones como que son de pareja también, no en malos términos, sino que simplemente hay como un desinterés y de repente te das cuenta que hay alguien que sí tiene interés y dices, bueno.
–Aunque eres muy amigo de Gabriel Sandoval, el editor de Planeta
–Sí, pero hubo un desinterés en general de todos y de repente los proyectos de revivir mi trabajo anterior no se les hacía tan buena idea o productiva, porque ellos creen que las nuevas generaciones ya están perdiéndose mucho de lo que realmente soy yo. Al hablar de mí estoy hablando de Jis también. Las nuevas generaciones están viendo otro tipo de humor y de gráfica en los cuales no me voy a adaptar, no voy a poder. Es como pedirle a Quino que a través del tiempo hiciera otra cosa que no fuera él. No puedo cambiar mi estilo y no representa un mal sentimiento, es simplemente ¿por qué no creen en mí? ¿Por qué no apostar por la vieja escuela? De repente llega una chava igual de guapa y te dice, papacito, sí te quiero y te hago de comer y te voy a hacer cariñitos en la mañana, pues me voy.
–Ahora vamos a hablar de lo realmente importante, que es tu dúo con Andrés Bustamante
–Todos conocemos a Andrés Bustamante, pero mi hijo, que tiene 16, 17 años, no sabe quién es. Somos esa generación que queremos revivir nuestras anécdotas de antes para recuperar a nuestros seguidores, pero no para ganarnos a los nuevos, los nuevos ya tienen a Chumel y tienen a Ricardo O’Farrill y tienen a estos nuevos nichos de comediantes estandoperos. Nosotros tenemos un público que sí nos añora.
–Hay mucha gente que les fascina escucharlos
–Nuestras productoras son argentinas y se reía Nati, que es de Buenos Aires, porque al Robocop le pusimos, bien mexicano, RoboChota. Imagínate lo que se reían en Argentina.
La última trinchera nos revivió el poder estar otra vez vigentes. No somos ni seremos estandoperos, porque además no nos gusta.
–¿Cómo estás con el tema de salud?
–Me han cambiado muchas cosas, ya no me enfiesto en la mayor parte del tiempo, estoy encontrándole un placer a despertar sin cruda. Vivo en Ajijic, en Chapala, salgo a caminar, tengo una vida mucho menos activa socialmente, pero estoy muy contento. ¿Tomo pastillas para la presión? Sí, aunque de repente creo que tengo un zumbidito en los oídos que no tenía. Me estaba afectando la secuela del COVID.
–Andrés Buenafuente dijo una vez algo emocionante. Que él hacía el programa con Berto Romero porque lo quería mucho. ¿Tú quieres mucho a Andrés Bustamante?
–Mira, te voy a decir una confesión que no hice nunca: soy el típico mexicano que tiene dos casas. Tengo a dos amantes. Uno es Andrés Bustamante y el otro es Jis. Tengo esa fortuna de estar con dos talentosísimos amigos. Lo que hemos perdido es un poco de espontaneidad en nuestra relación, porque decimos algo gracioso y de pronto nos paramos y dictaminamos, esto es para La Chora, esto es para La última trinchera.
–¿Eres del Atlas, todavía?
–Claro, si eso no es gripa.
–No hay remedio, no hay remedio y estoy muy triste de que hayan convencido a Diego Cocca para que vaya a dirigir a la Selección. Ese era el entrenador que debería haber aguantado más y haberle pagado para seguir ahí más años, como pasaba en el Manchester United.











