El libro se parece mucho a Corazón, de Edmundo de Amicis, una aventura en donde la vida de la protagonista está siempre en peligro. De pronto, algo surge y otra vez recorre un camino que se parece a De los Apeninos a los Andes y vuelve a estar en el centro, en su centro.
Ciudad de México, 30 de mayo (MaremotoM).- Tras el fallecimiento de su padre, Rodrigo González, en el terremoto de 1985, Amanda Lalena Escalante, de seis años, se embarca junto con su madre en un avión con destino a la Ciudad de México, dando inicio a esta narración autobiográfica en la que Amanda, desde una profunda intimidad y honestidad, comparte su vida en momentos conmovedora y en otros dolorosa.
El libro se parece mucho a Corazón, de Edmundo de Amicis, una aventura en donde la vida de la protagonista está siempre en peligro. De pronto, algo surge y otra vez recorre un camino que se parece a De los Apeninos a los Andes y vuelve a estar en el centro, en su centro.
El libro muchas veces está al borde de la sensiblería, de lo cursi y sin embargo es la historia de una artista precoz y muchas veces procaz, donde también la inocencia ocupa una plataforma ideal para decirnos: Esta soy yo y estoy viva.
Amanda hace un viaje al inframundo bajo el mantra “Un día contaré esta historia y ese día estaré bien”, en donde enfrenta a sus más terribles demonios para renacer como la heroína que es, pero, sobre todo, lista para voltear al pasado y encontrar en él la fuerza y la humildad para mostrar su lado más auténtico y humano. Como entrevistada, estuvo en la CASUL (Casa Universitaria del Libro) y esta es la transcripción de un encuentro honesto y divertido.

–Leí tu libro y me hizo acordar mucho a Corazón, de Edmundo de Amicis. Creo que es una novela juvenil. ¿Lo sientes así?
– Sí, porque la verdad lo escribí de la niña a la adolescente. No lo estoy escribiendo ahorita en la edad madura. Me gustan mucho los protagonistas juveniles. Quise que me acompañara en estos momentos oscuros, pero también en estos cuestionamientos de la juventud, del bien, el mal, Dios existe, no existe, el carácter, todo lo que va pasando.
–Le escribí a Andrés Ramírez diciendo que me había gustado mucho tu libro y que una de las cosas que más me había llamado la atención era esa cosa del sentimentalismo. A veces pareciera que va para ahí y te traes de repente. ¿Cómo hiciste este libro?
–Mira, la verdad es que una tiene varios trucos narrativos. Si traté de que no fuera sólo una biografía contada, sino ponerle estos elementos. Andrés de pronto me escribía, muy asustado y yo le contestaba: acuérdate que soy escritora. Te voy a spoilear la historia, estoy viva. Tiene esa parte narrativa que me gusta jugar un poco con las emociones y no caer en lo cursi. Lo más difícil del libro es que soy una persona que trabaja mucho con el sentido del humor. En las acciones, en todo. Siempre hago el chiste que rompe el drama. De pronto para mí fue empezar a escribir desde otro lado, desde el lugar más serio.

–Una de las cosas que es central es tu relación con tu madre. Por supuesto que hablas de ser la hija de Rodrigo, que hablas de lo que es finalmente ser la hija de un artista, pero al mismo tiempo, toda tu infancia, tu adolescencia, estás al servicio de tu madre…
– Creo que esa es la parte más difícil de su muerte. Cuando me doy cuenta que había hecho del cuidar a mi mamá parte de mi responsabilidad; era mantenerla viva y mantenerla bien desde que era una niña. Entonces, cuando mi madre muere, me quedo como sin brújula, como que me quedo sin saber qué hacer y es donde entra uno de los momentos más difíciles de mi vida. Siento que muchos hijos que tuvimos que ser padres no sabemos lidiar con eso. Los hijos tenemos que ser hijos y a muchos hijos nos toca ser padres. Después de que se murió mi mamá, pensé que al fin iba a poder estar en paz, como que ahora se va a tratar de mí, pero se seguía tratando de ella. Se siguió tratando de ella hasta que estuve bien y tuve la capacidad de perdonar y tuve la capacidad como de corregirme. Quizás hasta ahorita que estoy publicando el libro y que he tomado mucha terapia y he estado en caminos espirituales, estoy empezando a relacionarme con ella desde otro lugar. En mi caso, la relación con mi madre era bipolar. Era una persona a la que amaba mucho, pero que también me lastimaba.
–Ahora, hay mucha desconfianza con respecto a la cantidad de personas que se te acercan y al mismo tiempo hay mucha confianza. Tu confianza en tu tía Vainilla, por ejemplo…
–La imagen que representa la tía Vainilla es la de la madre perfecta. Llega a mi vida como si fuera perfección; hasta visualmente todavía la recuerdo como con un halo, tenía el pelo naranja y me parecía hermosa. Luego esta figura se va como deformando con el paso del tiempo y con el paso del libro. Es el encantamiento de una sirena. Primero llega dándome lo que más necesito que es ternura, amor, maternal, estabilidad y luego quitándome lo poco que tenía que era la certeza de quién era yo.
Sé que ahorita, por ejemplo, la paz es mi prioridad. Antes era sobrevivir. Ahora estoy aquí, hablando de literatura.
–¿Cómo haces tú el balance?
–Tuvo mucho que ver que me cansé del dolor. O sea, mi religión era el dolor, mi religión era el victimismo, mi religión era vivir en esa película del pasado y cuando cumplí cuarenta años dije, ¿qué tengo que hacer para vivir de otra manera? Lo primero de lo que me tengo que deshacer es de beber. Lo primero que me tengo que deshacer es de ver a tales personas. Lo que me regula es la espiritualidad. Busco todo el tiempo. Busco psicología y cuando no siento que es suficiente busco psiquiatría, pero no estoy dispuesta a vivir desde el dolor un día más, porque ya fue mucho. Y esto es una decisión personal. Tú me conoces desde hace muchos años y creo que mucha etapa de mi vida la estaba sobreviviendo y ahorita me siento viva, me siento en paz por primera vez.
–Tú dices, soy escritora, dices que tienes 40 años, pero nadie te va a creer la edad…
–Tengo 45 (jajajaj) Algo bueno la genética tenía que hacer por mí. Muchas veces, uno cree que es escritor cuando publica. Claro. Y yo por mi caos no pude publicar, no tenía la salud mental para escribir algo para presentar. Sin embargo, no paré de escribir y cuando ya por fin me sentí lista, publicamos 13 latas de atún. Ahora siento que son dos libros, pero que llevo escribiendo 30 años. Y por fin estoy logrando poderme decir soy escritora, porque sé que escribir no tiene que ver con publicar, pero cuando publicas y tú escribiste mucho y borraste y tiraste, entonces eso es lo que te hace escritor.
–¿Qué piensas del reconocimiento?
–Tuve mucho reconocimiento, porque en la música me volví famosa. El reconocimiento no me importa, pero en la escritura, quería hacer un contacto con la gente y creo que lo estoy logrando.
– Cuando te entrevisté por 13 latas de atún me sorprendí muchísimo, porque podía hablar contigo de literatura, de cuentos, de novelas, con una solidez sorprendente para mí, que desconocía. En esa época tú seguías teniendo éxito como música y a veces pienso, ¿cuándo vendrá el próximo disco de Amandititita? ¿Cómo has ido equilibrando las dos carreras?
–Hasta ahorita, por muchos años, lo primero fue la música, porque era lo que también me estaba dando dinero. En estos momentos en un momento donde puedo elegir, mi quinto disco sale este año, un trabajo de hip hop. Me encantan las canciones, porque también estoy en una época donde la gente ya me aprecia, ya no estoy como batallando para demostrar que la cumbia no es tan mala, que una mujer sí puede ser. Cuando empecé, que fue hace 16 años, que una mujer cantara cosas como que yo, era horrible. Las mujeres solo cantan de amor y de desamor y son muy flacas y son altas. Y son güeras, y llegué cantando “La güera Televisa”; “La mataviejitas” y ahorita eso es que ya se abrió. Es divertidísimo cantar y no estar peleando.
–Tu libro es como un grito de libertad y un grito de aprobación, una cosa que ahora, tanto la libertad como la aprobación ya la tienes
–Es cierto. Esta historia no está buscando el reconocimiento, porque incluso cuando lo publiqué, hubo un momento donde dije, ¿por qué estoy contando esta historia ahorita que me está yendo tan bien? O sea, ¿por qué cuando yo estoy en paz se me ocurre abrir esto? Primero que nada, porque era algo que me había prometido un día contar esta historia y llegó el momento donde yo trataba de escribir una novela o cuentosy le decía: –Andrés, ya te voy a enseñar algo. Cuando vi una cosa en internet sobre derechos infantiles y vi que este libro sigue poniendo a la conversación el tema de las infancias, el tema de los padres ausentes, el tema de los padres y madres alcohólicos. O sea, creo que al final, este libro me da la oportunidad de seguir hablando de cosas que conozco para buscar un poco de educación alrededor de un país donde estos temas no se hablan y se viven cotidianamente. Son de enorme peligro que atravesamos las mujeres que transitamos en la ciudad.
–El narrador jalisciense Hiram Rubalcaba, me decía la semana pasada que su preocupación son los niños…
–Sé que ahorita, por ejemplo, la paz es mi prioridad. Antes era sobrevivir. Ahora estoy aquí, hablando de literatura.











