Miguel Ángel Gallo

MIGUEL ÁNGEL GALLO: LA HISTORIA EN LAS VENAS Y EL OFICIO DE ENSEÑAR

Gallo no habla desde la nostalgia. Habla desde la experiencia. Formado originalmente en Ciencias Políticas, su vida docente lo fue acercando cada vez más a los fundamentos teóricos y metodológicos de la disciplina histórica. Hoy, después de 50 años de enseñanza, puede decir con una sonrisa: “Soy más historiador que politólogo.”

Ciudad de México, 10 de noviembre (MaremotoM).- Hoy las pantallas sustituyen al aula y los algoritmos parecen saberlo todo, Miguel Ángel Gallo insiste en una convicción que no pasa de moda: la historia no se enseña con datos, sino con conciencia.

Su nuevo libro, Por la historia en las venas, publicado por Editorial Resistencia, es el testamento vital de un hombre que ha pasado medio siglo enseñando, discutiendo y pensando la historia como una herramienta de libertad y no como un catálogo de fechas ni héroes de bronce.

Miguel Ángel Gallo
Editó Resistencia. Foto: Cortesía

“Sí hay problemas en la enseñanza de la historia”, dice con esa serenidad que solo tienen los profesores que han sobrevivido a los cambios de plan y a las reformas educativas. “Buena parte del problema está en el perfil profesiográfico. En el nivel medio superior, los que dan clase de historia no son historiadores. Son abogados, economistas, sociólogos… y la historia, aunque es una disciplina amplia, requiere de una teoría, de una formación específica.”

Gallo no habla desde la nostalgia. Habla desde la experiencia. Formado originalmente en Ciencias Políticas, su vida docente lo fue acercando cada vez más a los fundamentos teóricos y metodológicos de la disciplina histórica. Hoy, después de 50 años de enseñanza, puede decir con una sonrisa: “Soy más historiador que politólogo.”

Su voz se enciende cuando el tema pasa al uso político de la historia, esa tentación que atraviesa gobiernos y épocas.

“La historia la manejan los gobiernos. El PRI, por ejemplo, contaba la historia hasta después de la Revolución, porque ellos eran la culminación de la historia, pero lo mismo hicieron los liberales del siglo XIX, que escribieron México a través de los siglos como una epopeya que termina con Porfirio Díaz. Hoy pasa igual: ahora la historia culmina en la Cuarta Transformación.”

La claridad de su análisis no tiene rencor. Tiene lucidez. Cita al historiador cubano Francisco Fraginals: “La historia es un arma.” Luego añade: “Depende de quién la empuñe y para qué.”

Su libro, explica, es también una invitación a mirar más allá de esa visión institucional de la historia. A mirar lo cotidiano, lo íntimo, lo humano. “La corriente de los Annales —escuela historiográfica que surgió en 1929 — cambió la mirada. Ya no se trataba solo de los documentos firmados por Napoleón, sino de la vida privada, del arte, de los muebles, de los gestos cotidianos. La historia dejó de ser el relato de los vencedores.”

Miguel Ángel Gallo
La claridad de su análisis no tiene rencor. Tiene lucidez. Foto. Cortesía

Lo que aprendimos de niños

En Con la historia en las venas hay teoría, pero también memoria. En la primera parte, Gallo se confiesa “un hombre afortunado” por haber encontrado en la docencia un sentido vital. “La infancia es destino”, dice, citando a un historiador francés: “Lo que sabemos de historia es lo que aprendimos de niños.”

Esa idea, que parece sencilla, encierra una verdad inquietante: la manera en que se enseña la historia en la escuela marca la forma en que una sociedad se piensa a sí misma.

“Desde niños aprendemos la historia como un enfrentamiento entre buenos y malos. Eso se queda en el pensamiento colectivo. A menos que estudies historia o ciencias sociales, no te independizas nunca de esa manera de ver el pasado.”

Gallo lamenta que los programas educativos se modifiquen con cada gobierno, “como si la historia tuviera que volver a empezar”.

Es tajante cuando habla de la pérdida de profundidad: “Cada vez se sabe menos teoría, cada vez hay menos maestros formados para enseñar historia.”

El libro —dice— nació con una doble intención: servir como apoyo para la materia de Teoría de la Historia y, al mismo tiempo, funcionar como un texto de divulgación accesible.

“Quería que lo leyeran los alumnos, pero también los profesores que no son historiadores, para que comprendieran los fundamentos de la materia.”

La obra, sin embargo, va más allá del aula. Tiene algo de confesión, algo de manual y algo de diario intelectual. Gallo mezcla recuerdos personales con explicaciones teóricas, nombres de escuelas, corrientes, pensadores y ejemplos vivos. “Es un libro producto de muchos años de dar clase, de discutir, de estudiar, de tener amigos entrañables y maestros memorables.”

Miguel Ángel Gallo
Miguel posando con una ilustración de su hija Valeria Gallo. Foto: Cortesía

Uno de esos amigos fue Salvador González Marín, editor, comunista, traductor de libros soviéticos, que vivió en Cuba y en la URSS. “Era un deleite hablar con él —recuerda Gallo—. Íbamos a su casa a discutir durante horas sobre Marx, sobre los misiles, sobre la historia como idea.”

Un maestro que todavía enseña

Miguel Ángel Gallo no se detiene. Trabaja, escribe, reescribe. Habla de la falta de promoción de los libros que ama —“Curiosamente, los que más quiero son los que menos se han vendido”— y del entusiasmo con que prepara su nuevo proyecto: un libro sobre el cómic mexicano.

Hace cuarenta años publicó Los cómics, un enfoque sociológico y ahora quiere actualizarlo. “La historieta es una fuente histórica fascinante, dice. Rius, Mafalda, Fontanarrosa… todos nos enseñaron a pensar.”

En su voz hay cansancio, pero también una alegría contenida. Como si cada conversación fuera una clase más.

“La historia se puede enseñar con todo —dice—: con el cine, con los museos, con el cómic, con la vida. Todo vale para acercarse a la historia.”

Y cuando se despide, después de hablar de Marx, de los Annales, del PRI y de los programas escolares, dice algo que podría ser su epitafio:

“Yo sigo teniendo la historia en las venas y mientras la tenga, seguiré enseñando.”

 

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