En 2018 cambió oficialmente su apellido a Richardson, no para escapar de la sombra de Neeson, sino para mantener viva la herencia de su madre. “Era una actriz extraordinaria. Quería que su nombre siguiera adelante”, comentó su abuela Vanessa Redgrave.
Ciudad de México, 9 de agosto (MaremotoM).- A los 30 años, Micheál Richardson ha construido una carrera actoral que se entrelaza inevitablemente con la tragedia que marcó su vida: la muerte de su madre, la actriz Natasha Richardson, en un accidente de esquí en 2009.
Hijo del célebre Liam Neeson, pudo haber transitado la industria con un apellido que abre puertas, pero decidió cambiarlo para honrar la memoria de su madre, fallecida cuando él tenía solo 13 años. “Fue una forma de tenerla cerca y continuar con el nombre”, declaró. Hoy, su trayectoria es un tributo constante a una figura que definió su infancia y su vocación.
El 16 de marzo de 2009, Natasha Richardson sufrió una caída mientras esquiaba en Mont Tremblant, Canadá. Inicialmente parecía una lesión menor, pero resultó un hematoma epidural fatal. Dos días después, falleció en Nueva York, dejando a su esposo y a sus dos hijos, Micheál y Daniel, sumidos en un duelo que se vivió bajo el ojo público.

Liam Neeson, en entrevistas posteriores, recordó haberle dicho en el hospital: “Amor, no vas a volver de esto. Te llevaré a casa, toda tu familia y amigos vendrán”. La actriz tenía 45 años y, como donante de órganos, salvó tres vidas.
CAER Y LEVANTARSE
Micheál tenía 13 años. Años después confesó que, en aquel momento, “bloqueó” la tragedia, pero cayó en un espiral de fiestas, drogas y alcohol. “Toqué fondo”, admitió. Con ayuda de su familia y un paso por rehabilitación en Utah, logró dejar atrás las adicciones y reencaminar su vida.
Aunque no planeaba ser actor, su entorno familiar —su padre, su madre, su abuela Vanessa Redgrave, su abuelo Tony Richardson y su tía Joely Richardson— terminó influyendo. Tras trabajar en moda y curaduría de arte, debutó en cine en 2013 y, años después, compartió pantalla con su padre en Venganza bajo cero (2019).
Su proyecto más significativo llegó con Made in Italy (2020), donde padre e hijo interpretan a un hombre y su hijo lidiando con la muerte de la esposa/madre. Fue una experiencia catártica: “Nadie sabe cómo llorar una pérdida. Cada uno tiene su manera”, dijo Micheál, recordando incluso una mariposa que apareció durante una escena y que ambos interpretaron como un guiño de Natasha.
En 2018 cambió oficialmente su apellido a Richardson, no para escapar de la sombra de Neeson, sino para mantener viva la herencia de su madre. “Era una actriz extraordinaria. Quería que su nombre siguiera adelante”, comentó su abuela Vanessa Redgrave.

Presente y futuro
Hoy, Micheál Richardson sigue activo en el cine con proyectos como After, dirigido por Michael Marantz. Su vínculo con su hermano Daniel —dedicado a los negocios y fundador de una marca de tequila— es tan estrecho como con su padre. Encuentra en la actuación una forma de revivir la conexión con Natasha. Su película favorita de ella es Juego de gemelas (1998): “Así era más o menos en la vida real: dulce, maravillosa, mi mejor amiga”.
Micheál Richardson no ha olvidado la tragedia que marcó su adolescencia, pero la ha transformado en un motor creativo y personal. En un mundo que suele etiquetar a los hijos de celebridades como nepo babies, él elige otro relato: el de un hijo que encontró en el cine no solo una carrera, sino una forma de reencontrarse, una y otra vez, con la mujer que lo marcó para siempre.











