Martín Kohan

Martín Kohan publica Nueve cuentos, por la editorial mexicana Pollo Blanco

Nueve cuentos es una selección que han hecho los amigos de Pollo Blanco, a partir de dos libros que había publicado en Argentina: Cuerpo a tierra y los cuentos de Desvelo de verano. Celebro enormemente la posibilidad de que circulen aquí. Los libros están separados en el tiempo y ahora están reunidos. Yo mismo he advertido algunas líneas de conexión, muy en la línea Piglia si quieres por el tema del cuento. El efecto de reunión es muy particular.

Ciudad de México, 10 de diciembre (MaremotoM).- La Feria Internacional del Libro de Guadalajara da unas cuantas sorpresas, entre ellas descubrir (gracias a las actividades de Carolina López Hidalgo) a uno de los mejores autores argentinos: Martín Kohan.

Precisamente, este reconocido autor acaba de publicar bajo el sello de Pollo Blanco Editorial el volumen de relatos Nueve Cuentos.

Se trata de un libro chiquito, una colección de otros libros de cuentos suyos y la editorial mexicana destaca que su virtud en este género “son el laconismo y un ritmo insistente y rotundo: con ellas Kohan retrata la vida en el campo y en la ciudad, los conflictos existenciales de sus personajes y temas como el amor, el desamor, los celos, la violencia y el azar o —por llamarlo de otro modo— el destino que encuentra siempre el modo de cruzarse y cambiar el curso de las cosas.”

“La prosa de Kohan hace suyo un género difícil y lo coloca ante la tradición, apropiando y alterando procedimientos formales de voces canónigas en la literatura argentina como Borges y Hernández”, dice Pollo Blanco y a este estudioso de Ricardo Piglia uno también se deja caer en la tentación de preguntarle si el cuento narra dos circunstancias.  Él se ríe y dice: A veces sí, a veces no.

Martín Kohan (Buenos Aires, 1967) es licenciado como Profesor de Enseñanza Secundaria Normal por la Universidad de Buenos Aires, donde también se licenció y doctoró en Letras. Trabajó como crítico literario en el periódico Clarín y actualmente es profesor de Teoría Literaria en las universidades de Buenos Aires y Patagonia.

Empezó a publicar en 1993 libros de ensayo, antologías de cuentos y novelas, pero no fue hasta 2007 que fue reconocido con el Premio Herralde de Novela por Ciencias morales, llevada al cine tres años más tarde en el filme La mirada invisible. Posteriormente publicó las novelas Cuentas pendientes, Bahía Blanca, Fuera de lugar y Confesión. Entre las obras de Kohan destacan los libros de relatos Cuerpo a tierra y Desvelos de verano y los ensayos El país de la guerra, Ojos brujos, 1971 y La vanguardia permanente.

–Extrañamos mucho el Me acuerdo que sacaste con Godot y no lo viniste a presentar acá

–Mirá, si me invitan yo vengo. Esa es mi tesitura, donde me invitan, siempre agradezco, es una fiesta de valoración y de interés que siempre me entusiasma.

–Me encantó ese ejercicio literario que se basa creo yo en Perec y que aquí lo tomó Margo Glantz. Hubiera sido lindo hacer una charla entre tú y ella…

–Nos vimos en Buenos Aires hace poco y estuvimos charlando informalmente de eso. El que creó el estilo fue Joe Brainard, pero fue George Perec el que creó la lista de recuerdos sin desarrollo narrativo. Es un libro atípico en mi obra. Lo que escribía no era un libro, cuando empecé a escribir el me acuerdo no estaba pensando en un libro. Me dieron tantas ganas por el género, porque eso es lo que impulsa. Impulsa a escribir y mientras escribía esto estaba haciéndome la pregunta de por qué yo, que soy reacio a la escritura autobiográfica, pues mis propias vivencias no me resultan atractivas, por qué lo estaba haciendo.

–Podría parecer como una especie de relajación

–Fue eso, pero fui advirtiendo que la escritura necesitaba contención. Por el despojamiento que te impone el género. El ejercicio lo fui sintiendo de ese modo, sobre la base de por qué estoy escribiendo sobre mí, que es algo que no me gusta hacer. En la novela Ciencias morales, por ejemplo, transcurre en el colegio que yo fui y sin embargo la trama no tiene que ver conmigo. Mi disposición en general es esa. Lo que descubrí con el me acuerdo es que había una especie de escisión con el lenguaje y el sujeto del recuerdo, como si el recuerdo se trasladara por sí sólo y no con el sujeto que lo está trayendo.

–Por otro lado también es construir la memoria, ¿no?

–Al escribir pensaba que el hacer memoria nos llevaría a desplegar una narración y a conectar los recuerdos, mientras lo que hace el género del recuerdo es un montaje de recuerdos. Las conexiones pueden darse en una línea de montaje, cada recuerdo aparece por sí solo. Los recuerdos aparecen como objetivados…

Martín Kohan
El lector, en los huecos de la separación, entra él, entra la lectura. Foto: FIL en Guadalajara.

–Un criterio que aparece como muy dable para el lector

–Claro, porque el lector, en los huecos de la separación, entra él, entra la lectura. El gesto decisivo del recuerdo es que uno se retire. Los recuerdos están cargados de afectividad, pero el sujeto de la afectividad está retirado. Tiene que ser un modo delicado de retirarse para que no sea un gesto indolente. No es indolencia.  Es la discreción del que ofrece su recuerdo y se retira para que el lector se encuentre con el recuerdo como tal. La lectura se vuelve muy actividad y las resonancias corren por el lado de la lectura.

–Hablaste de Ciencias morales, una novela que me parece lo mejor de lo tuyo, ¿Qué ofreces en Nueve cuentos?

Nueve cuentos es una selección que han hecho los amigos de Pollo Blanco, a partir de dos libros que había publicado en Argentina: Cuerpo a tierra y los cuentos de Desvelo de verano. Celebro enormemente la posibilidad de que circulen aquí. Los libros están separados en el tiempo y ahora están reunidos. Yo mismo he advertido algunas líneas de conexión, muy en la línea Piglia si quieres por el tema del cuento. El efecto de reunión es muy particular.

­–Es bueno que vengas con los cuentos aquí, para que te desarrolles aquí con otra mirada. ¿Cómo lo ves tú?

–No lo veo. En el sentido de que no direcciono ni superviso los espacios de lectura. Quedo muy expectante. Me interesan mucho, pero son espacios que no deben de ser controlados por los autores. Porque me reivindico lector y me reivindico crítico literario. Los efectos de lectura es algo que yo percibo a través de las devoluciones de los lectores. A veces creo que lo que hay son prejuicios. Yo trabajo en la universidad, muchos de mis cuentos tienen mundos completamente ajenos a mi trabajo universitario, al mundo de la literatura, al mundo intelectual, que también me interesan. Ojos brujos que es un ensayo que escribí sobre las letras de los boleros y el amor, claro que soy lector de Roland Barthes y es imposible hacer un trabajo así sin que Barthes esté en el medio, pero también está mi propia relación con la cultura de masas. Y con la circulación de un registro sentimental en la cultura de masas. Y eso no está separado de mi condición de mi docente universitario, pero no queda encuadrada dentro de eso.

–También hay otro prejuicio, que tiene que ver con que has estudiado mucho a Ricardo Piglia. Las cosas que no entendía de él, las entendí contigo

–Me alegra muchísimo, porque lo admiro tremendamente. Es Piglia, es Saer, es algunas zonas de mi Puig, como mi libro Ojos brujos, es esa zona de la cultura de masas que habilita una sentimentalidad para el varón. En el tango, por ejemplo, hay registros que están sancionados.

–El tema del tango hay que analizarlo, hay unos tangos bien machos, pero también el tango hembra y en el medio muchas variantes

–Exactamente, hay una zona cristalizada que cuando empieza a profundizar, incluso ayer lo comentábamos que salió la conversación en la presentación de Nueve cuentos, el tango macho, como ese que cantaba Gardel: Un hombre macho no debe llorar, ya esa indicación supone que hay un hombre que podría ponerse a llorar. De manera que al interior de esa configuración está la contracara.

–¿Qué es el cuento?

–Es un formato muy exigente

Martín Kohan
El cuento me ha llevado a una escritura muy distinta que la novela. Foto: FIL en Guadalajara

–¿Cuenta dos historias a la vez como decía Piglia?

–Si Piglia lo dice, yo digo que sí, pero no siempre. Piglia tenía una enorme maestría para la formulación de una literatura como tal, pero en realidad a veces sí, a veces no; en todo caso para mí el cuento me ha llevado a una escritura muy distinta que la novela, que es una escritura más despojada. En las novelas es menos lo que tacho, que lo que tacho en el cuento. Los cuentos me llevan a un despojamiento del lenguaje.

–¿Cómo ves la victoria de 1985, la película?

–Sobre la película es que todos tenemos que reflexionar que es lo que hizo que la película resultara tan necesaria. Ha tenido un gran impacto porque uno puede advertir que era necesario que se expusiera. Ha habido formas de encubrimiento, de entorpecimiento de la mirada sobre esos años, gran parte de la sociedad de había perdido de vista el carácter feroz de la represión.

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