María José Navia. Foto ZA

El encierro como detonante para la introspección

Mi compromiso es tenerle un respeto infinito a los lectores y pensar que me dan lo más valioso que tienen que es su tiempo.

Guadalajara, Jalisco, 30 de noviembre de 2023 (MaremotoM).- La Feria Internacional del Libro de Guadalajara ha reunido a grandes talentos literarios contemporáneos entre los que destaca la joven cuentista, María José Navia, originaria de Chile.

La autora presenta su libro de cuentos, Todo lo que aprendimos de las películas (Páginas de Espuma) y nos habla, en entrevista, sobre su prosa luminosa, las reflexiones inherentes a los cambios, el encierro y los afectos.

María José Navia en entrevista. Foto: ZA

En este libro hablas de los cambios de ciclo, ese sin duda es un tema recurrente en las historias.

Claro es un libro sobre los cambios en diferentes niveles, los que se dan en el cuerpo, por ejemplo, por eso hay cuentos como Sirena, Guardar el aire con personajes que se van transformando, desde la pubertad hasta mujeres que van envejeciendo. Yo creo que tienen que ver con cómo los cambios te llevan a mirar la realidad desde distintos lugares y niveles. Te obligan a ir ajustando la mirada a medida que se avanza con la lectura, para que las cosas adquieran nitidez y se revele la conexión entre los relatos, entre los personajes, entre las circunstancias, todo parte de un mismo universo. 

—En tu libro encontramos situaciones cotidianas a las que vale la pena prestar atención, hay mucha reflexión.

—Sí, está la experiencia del encierro que nos hace reflexionar. Este es un libro que escribí en pandemia. Yo no quería que se viera el COVID por todos lados, pero sí fue un libro que escribí confinada desde mi casa. En Chile fue duro. Yo soy profesora en la universidad y estuvimos dos años dando clases en línea, nos convertimos en películas para los demás. La experiencia de no poder salir o moverte de tu casa es terrible, pero permite que uno se vea hacia dentro. En muchos de mis relatos está ese encierro. En el cuento Mal de ojo no hay un encierro físico, pero dejar de ver te aísla, la protagonista al perder la vista poco a poco empieza a observarse a ella misma y examina lo que le pasa. También hay otras experiencias de encierro, pandémicos, por desastres naturales. Incluso en vacaciones familiares, donde no tienes la libertad de elegir irte y alejarte, lo que te obliga a analizar tu interior y tu entorno, reflexionar sobre el pasado y examinar el dolor. En la vida real pasó eso, la pandemia detonó muchas cosas, hubo quien se separó de su pareja, dejó el trabajo, cambió de vida, crisis existenciales, etc. En circunstancias normales despertamos en nuestra casa y salimos a la escuela, al trabajo, pero es distinto no poder hacerlo. Fue todo un desafío lo que nos pasó en pandemia y creo que eso está mucho en Todo lo que aprendimos de las películas (Páginas de Espuma).

—Este libro fue finalista de uno de los premios más importantes, el Premio Ribera del Duero. ¿Te cambió la vida de alguna manera obtener ese reconocimiento?

—Para mi sí, los premios son una validación. Uno siempre tiene la duda de si valdrá la pena seguir publicando, está bien o no mi obra, pero que te lea un jurado de otro país, que no te conoce y además quedar finalista fue tremendo reconocimiento. Este era un premio que yo seguía mucho, siempre estaba al pendiente de quién lo ganaba, los finalistas, los leía, porque a mí lo que me gusta escribir es cuento y este es el gran premio de cuento. Quedar finalista, publicar después en una editorial como Páginas de Espuma que celebra el cuento por todo lo alto me transformó, soy cuentista y quiero seguir aquí. Además, esta editorial distribuye sus libros por todo Latinoamérica. Visité Colombia, Argentina, Santiago, España también y ahora estoy acá, en México, en contacto con otros lectores donde no me habían leído antes. Soy más visible, además del espaldarazo de sentir que voy por buen camino. Aunque uno siempre se está cuestionando, me siento parte de una gran familia, en Páginas de Espuma tengo un hogar. Después de esto estoy escribiendo muchísimo, con una confianza que antes no tenía.

—Además de la confianza que ahora sientes, ¿hay un compromiso adicional con los lectores?

Mi compromiso es tenerle un respeto infinito a los lectores y pensar que me dan lo más valioso que tienen que es su tiempo. Es imposible controlar a quién le gusta o no lo que escribo, o cómo les caigo, pero al menos puedo controlar la calidad de lo que escribo, corregirlo de la mejor manera, para que el libro y el tiempo que inviertan en él valga la pena. Yo me doy por entero a mi libro, por eso en este juego con la estructura, las conexiones entre relatos. Quiero que el lector disfrute los cuentos, pero también juegue al detective conmigo, que vaya encontrando las conexiones entre historias. Ese es un compromiso conmigo, pero al lograrlo seguro podrá conectar con otras personas. 

Editó Páginas de Espuma Foto: Cortesía

—¿En esta colección de cuentos, ¿tienes alguno que sea más significativo que otro?

—Sí, ya me regañaron por decir eso, porque es como decir que uno tiene un hijo favorito. Pero en todos mis libros hay un cuento que me gusta o va sobre esos temas que me interesan más. Trato de que cada libro tenga una pirueta, me desafío a cosas que no había hecho antes. Aquí hice un homenaje explícito a mi película favorita que es Lost in Translation de Sofía Coppola. Me fijé en esos vínculos breves pero significativos, una historia de amor, de los afectos. Bond es el cuento que está al centro del libro y que es el corazón. La historia de una relación extraña que no calza en la cajita, no es de pareja, ni de padres e hijas, es la historia de esta muchacha con una de exnovios que tuvo su madre, durante un par de meses. Yo quería esa belleza del vínculo, ternura, la conexión hacia adelante, esa compañía sin caer en el cliché de después son amantes. Quedarse en ese cuidado significativo que a veces se forma entre dos personas que aparentan no tener mucho en común.

 

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