Alejandro Toledo

Los tiempos en que era cronista deportivo: Alejandro Toledo

Ahora estamos con La pluma y el achique, un libro que rescata los años que Alejandro Toledo trabajó como cronista deportivo en El Universal, un hecho que le sirvió para ser mejor escritor, para contar historias y transcribir el contexto, porque después de todo, es el entorno lo que hace mágico este futbol de gloria y de miseria, tan latinoamericano.

Ciudad de México, 12 de septiembre (MaremotoM).- Siempre hablar de lo que significa un periodista cultural es difícil. En mi caso, no quiero que me digan que soy una periodista cultural. Antes prefiero política, porque es de esa raíz donde nace cualquier actividad con esta profesión.

También prefiero saber quiénes son mis periodistas preferidos y en lo que hace a Cultura, Alejandro Toledo es probablemente uno de los mejores que he visto. Estuvo a punto de ser mi jefe, pero el editor de entonces, mucho más ligado a los poderes fácticos (y de café, con alcohol de por medio), lo desestimó a la primera. Es bueno saber que ese editor duró solo dos años, antes de que lo echaran por la puerta chica, por las múltiples denuncias de acoso, en fin.

Lo cierto es que Alejandro, detrás de esa cara seria, mantiene una rigurosidad y una falta de cansancio tan propias de un periodismo serio, entretenido y muy a tono con la realidad circundante. Yo siempre digo y creo que en esto Toledo me dará la razón: al otro día de la borrachera, lo único que me puede sacar la cruda es tener una entrega periodística.

Algo pasa en el cerebro, que enseguida encuentra un mecanismo que a uno lo vuelve fresco, inteligente por esas dos horas de hacer el trabajo, el resto del día uno volverá a la cruda.

Alejandro Toledo
Pasa lo mismo que en el boxeo, los futbolistas no son intelectuales, hay que entender su contexto. Foto: Cortesía

Me da mucha risa cuando hablan de periodistas culturales a personas que hacen dos cables por día, como si el no ser escritor y quedarse con este oficio mal pago, casi anónimo y muy agotador, fuera para escribir poco. No es así. Un periodista cultural debe escribir muchos libros, debe quedarse con muchos libros en la cabeza y debe expandir su cerebro hasta –como suelen decir los confianzudos- saber de todo, sin saber de nada.

Alejandro Toledo
Editó la UANL. Foto. Cortesía

Alejandro Toledo, nacido en la Ciudad de México en 1963, es autor, entre otros títulos, de los libros periodísticos De puño y letra: historias de boxeadores (2005), La batalla de Gutiérrez Vivó (2007), Todo es posible en la paz: de la noche de Tlatelolco a la fiesta olímpica (2008), A sol y asombro (2010) y La gloria también golpea: De la Hoya-Chávez I (2015). Editó para el Fondo de Cultura Económica las Obras completas de Efrén Hernández y Francisco Tario. Y sabe de literatura, como el que más. Para el Fondo de Cultura Económica, recientemente editó Las crónicas de Pepe Faroles y otras escrituras, de Josefina Vincens y tengo en mi biblioteca Instantáneas de la beatlemanía, editado por la zacatecana firma DosFilos Editores, que establece el conocimiento y el amor que el cronista tiene por la música.

Ahora estamos con La pluma y el achique, un libro que rescata los años que Alejandro Toledo trabajó como cronista deportivo en El Universal, un hecho que le sirvió para ser mejor escritor, para contar historias y transcribir el contexto, porque después de todo, es el entorno lo que hace mágico este futbol de gloria y de miseria, tan latinoamericano.

ENTREVISTA EN VIDEO A ALEJANDRO TOLEDO

“El libro resume mi vida como cronista deportivo. Tuve que aprender muchas cosas, a ver partidos para poder hacer la crónica técnica y tenía muchas lagunas en torno a los personajes. Una de las cosas que hice para salvar eso, fue que los deportistas contaran su historia”, dice Alejandro Toledo en entrevista.

Toledo habla de Sarajevo, una zona de guerra en ese tiempo, al describir la carrera de Claudio Suárez, al que le decían El emperador en las canchas, “y era una buena historia contar sus experiencias en esa zona tan peligrosa. Conté la historia a dos voces”, valiéndose del contexto de su esposa.

“Pasa lo mismo que en el boxeo, los futbolistas no son intelectuales, hay que entender su contexto. Aunque uno se lleva muchas sorpresas, encontré a varios lectores en el futbol. Una vez me pasó que me pidieron entrevistar a un defensa del Monterrey, que iba a enfrentarse con el Cruz Azul en la final del torneo y encontré a este personaje con una novela de Robert Graves. Lo que más hice en esa época leía mucha literatura futbolera, de Villoro a Valdano”, cuenta.

Televisión y poder
Maradona, campeón del mundo. Foto: Cortesía

También habla de Diego Maradona y su relación con los militares, cuando Dios dice: “no voy a tener relación con Videla, porque ha desaparecido a 30 mil argentinos”.

Toledo explica la ruptura de Maradona con el establishment y habla de un libro de Luis Di Giano, que se ha dedicado a analizar todos los periódicos deportivos de la época y ve cómo los valores futbolísticos vernáculos y se va por la idea del orden “y el entrenador visto como un dictador”, afirma Toledo.

“Maradona basaba su éxito en la improvisación y no tenía ni siquiera un físico apto para el futbol”, agrega.

Cuando Toledo fue a visitar a Bonifacio Núñez Vega, le hizo la referencia al poeta Rubén Bonifacio Nuño. “Esos cruces de caminos son como juegos que hay ahí y le dan una dimensión distinta al texto”, afirma.

El libro La pluma y el achique (UANL) funciona como un involuntario manual para los nuevos periodistas. “En esta tarea funciona como en todas las disciplinas humanas: hay uno que actúa y el otro que observa y luego opina. Ahora no encuentro las tres crónicas (una de color, por ejemplo) en el futbol en los periódicos. Lo despachan con dos o tres párrafos y falta una narración”, expresa el profesional.

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