El regreso de Carlos Velázquez al cuento lo tiene muy contento. Esta es la primera vez que edita en Océano y “el equipo que me encontré es un equipazo. El director y el diseñador son varones, pero el resto son todas mujeres. Llegué a un punto que me entienden como autor. Tengo un proyecto que es a largo plazo, hay muchas cosas por hacer y eso me da mucho gusto”, afirma.
Ciudad de México, 25 de enero (MaremotoM).- El menonita zen (Océano) es un libro de siete relatos atravesado por la música y por las obsesiones que pueblan el universo Velázquez. Una mujer fitness que cuando se embriaga sale a buscar sexo con gordos, un menonita que decide dejar de ser lo que su religión significa para él se inicia en la práctica milenaria de la meditación, un hombre decide convertirse en payaso después de que su hermano le arrebatara su esposa, son algunos de los personajes que pueblan estos cuentos hilarantes hasta la estridencia.
El regreso de Carlos Velázquez al cuento lo tiene muy contento. Esta es la primera vez que edita en Océano y “el equipo que me encontré es un equipazo. El director y el diseñador son varones, pero el resto son todas mujeres. Llegué a un punto que me entienden como autor. Tengo un proyecto que es a largo plazo, hay muchas cosas por hacer y eso me da mucho gusto”, afirma.
“Me gusta mucho los libros eclécticos y El menonita zen tiene muchos cuentos que son disímbolos entre sí, salvo los de música. Por ahí surge el gancho hacia los jóvenes. Todo el tiempo estamos oyendo en los medios de comunicación críticas hacia las generaciones jóvenes, pero lo que he visto es que los jóvenes pese a las diferencias, están redescubriendo la nueva música. Lo vi en el concierto de Paul McCartney, de The Cure, creo que los jóvenes están descubriendo la música de mi generación y eso flota en mi libro”, agrega.
Carlos Velázquez tiene visiones críticas del rock y siente que cada vez le resuena más la frase de Joker, cuando dice: “O mueres pronto y te conviertes en un héroe o vives mucho y te conviertes en un villano”.
“Creo que uno como aficionado a la música no debe de perder de vista la actitud crítica. El fanatismo debe tener ciertos límites. Yo entiendo que al artista se les puede perdonar muchas cosas, pero tampoco está mal dejarlos ir. A veces el no dejarlos ir tiene que ver con nuestra sensación de que no encontramos nuevos referentes, pero en este momento se está haciendo una música increíble”, admite.

“Con un registro que los lleva del humor a la tragedia y de regreso. Un músico legendario que desaparecen en medio de la nada, otro que se quita la vida antes de convertirse en la máxima figura de nuestro rock y el dueño de una disquera independiente que le empeña su alma al diablo con tal de no perder el sello discográfico, acompañan a esta nómina de seres capaces de inmolarse por amor a sus más bajas pasiones. Además, hay espacio para un cuento de ciencia ficción a la manera Velázquez, ubicada en el espacio rural. Lo que hace a este libro un verdadero banquete”, promueve la editorial.
“En el Corona Capital vi a un grupo de chicos de 20 años, que se llama Yard Act, es una banda de Leeds que fusiona el minimalismo del post punk con un ingenio abstracto y auténtico. Me llamó la atención que alguien al lado mío me preguntaba por qué en México no tenemos bandas así. No tengo la respuesta, pero a lo mejor si la gente soltara a Calamaro y a toda la música que escuchamos y nos abriéramos a lo nuevo, nos daríamos cuenta de que hay mucha tela donde cortar. No tenemos que estar cazados con estos fachos. Hay que soltar”, afirma Velázquez.
“El tema de la cancelación está muy de moda, pero los buenos discos quedarán para siempre. La cancelación es propia de las redes. Si vas a un barrio y te pones a caminar y te pones a escuchar lo que sale de las bocinas te das cuenta de que esa música no se ha ido. Puedes tomar la postura de darle la vuelta a un artista, pero la música te acompañará. Un caso es Michael Jackson, hay gente que ha quemado sus discos, que dice que no lo escuchará más, pero la música de él es la que sigue sonando en las calles, en los bares”, agrega.

Carlos Velázquez es un caso particular en la literatura contemporánea de México. Originario de Torreón, en el norte del país, ha capturado la esencia de esta región a través de su escritura única y provocadora. Explorando temas como la marginalidad, la violencia, la identidad y el rock, su estilo audaz y transgresor, lleno de personajes excéntricos y situaciones surrealistas, ha sido reconocido por colegas y críticos, quienes destacan su valentía y originalidad a la hora de tratar temas tabúes y su habilidad para dar vida a personajes complejos y memorables, dice el boletín de prensa.
En toda esta biografía, ¿se ha sentido alguna vez cancelado?
“La verdad es que no hice tantas cosas como para que me cancelen. No tengo miedo. Todo lo que hago lo cuento en mis crónicas. Nunca nadie se ha visto inmiscuido en mis desmanes, más que yo”, dice.
Obras como La marrana negra de la literatura rosa (cuento) y La biblia vaquera (cuento) han sido elogiadas por su capacidad para plasmar el lenguaje, las tradiciones y los conflictos propios del norte mexicano.
Es también autor de los libros de cuento Cuco Sánchez blues, La efeba salvaje, Loca academia de astronautas y Despachador de pollo frito. Además, ha incursionado en la crónica y el ensayo en libros como El karma de vivir en el norte (Premio Bellas Artes de Testimonio “Carlos Montemayor” 2012) y El pericazo sarniento: selfie con cocaína (Premio Bellas Artes de Narrativa Colima para Obra Publicada 2018). Algunas de sus obras han sido traducidas a varios idiomas.
El menonita zen se presentará el jueves 8 de febrero en La increíble librería, Ámsterdam 264, Col. Hipódromo Condesa.
Acompañan al autor: Ligia Urroz y Alonso Pérez Gay
“En este libro están mis temas, la gordura, la paternidad…estoy trabajando todo el tiempo, soltándome un poco más en relación a que no soy tan selectivo con el tema. Estos cuentos tenían mucha vida en mi cabeza hasta que pude volcarlo en las páginas. El primer relato es un tributo a Oscar Wilde y también a Charly García, que canta ‘El fantasma de Canterville’ y acá hablo de fantasmas”, dice.











