Emilia Pérez

Lo bueno es que mi primo pagó los boletos para ver Emilia Pérez

¿Y los rumanos se habrán enojado tanto con Nosferatu como los mexicanos se enojan con Emilia Pérez?, pensaba poco antes de entrar a la función.

Ciudad de México, 24 de enero (MaremotoM).-Vi la película más ridícula que he visto entre las candidatas a un Oscar y me replanteé si Jacques Audiard no será un completo imbécil y sus películas Metal y hueso y Un profeta, que a mí me parecen obras maestras, en verdad son infames bodrios de una cultura que no entiendo, porque nadie puede hacer geniales obras maestras y después una película tan perversamente inepta como Emilia Pérez.

¿O será que así es todo el cine extranjero subtitulado que vemos? ¿Tal vez las películas japonesas o turcas que nos maravillan son en verdad disparates turísticos que no tienen ningún grado de fiabilidad, pero no nos damos cuenta porque ignoramos la lengua, los acentos y la cultura. Ya lo decía Saer discutiendo con Cortázar: “Yo no creo en los actores. Las películas ganan siempre con los subtítulos”.

Emilia Pérez
La personalidad rusa de Selena Gómez. Foto: Cortesía

Dejando de lado las infumables actuaciones y esa personalidad rusa que le nace a Selena Gómez al masticar la lengua española, las canciones son indigestas: “y es que siento un mucho sentimiento”, “malas personas todos son” y cosas así; a la premisa le podemos dar el beneficio de la duda de quizá ser interesante, una sátira que podría ocurrírsele  a un escritor estilo Juan Pablo Villalobos: un narcotraficante se quiere operar para ser mujer y termina convertida en una paradójica madre buscadora convenciendo a los narcotraficantes, que están muy arrepentidos, de que digan dónde escondieron los cadáveres de los desaparecidos.

Es efectista y barata, pero bien veo a algún simpático escritor mexicano pensando en una trama así. Luego viene el melodrama, el coro trágico de llantos, los balazos machucones, el auto que explota y un paródico final santificado a Emilia Pérez con la procesión más falsa que haya visto el peregrinaje de cualquier religión del mundo.

Salí del cine pulverizado.

Ahora sé cómo se sintieron los japoneses el año pasado cuando el mundo entero ovacionó con palmas de 15 minutos y lágrimas endiosadas y todos los premios de la academia una apología de la bomba que destruyó una parte de su nación y dejó secuelas enfermizas por los siglos de los siglos.

Vamos a rescatar algo bueno porque el jurado de Cannes no puede estar tan ciego, algo bueno debe de tener Emilia Perez…. Silencio… Pensaré más… Están interesantes las coreografías…. Y creo que una canción que canta un niño de que su tía huele a su papá no me disgustó del todo… Quizá me parece chistoso traer a México el cine de abogados estilo gringo con un jurado, un juez con peluca, un estrado, alegatos y que digan ¡objeción su señoría!

… Ahora sí, más ridiculeces: ¿Hay buenas escuelas en Polanco?, pregunta ignorante la muy mexicana Emilia Pérez hablando del barrio más rico de todo México, a Emilia Pérez se le salen fraseos españoles a cada rato: ¿El qué? pregunta a la española, cosa que nadie diría en México. La abogada dice constantemente  ¿sí? ¿mande? Cuando cualquier mexicano sólo respondería con una de dos opciones, jamás con las dos, luego en una escena le pide a gritos a su amiga un tampón, cosa que Penny me dijo que nunca ha oído que pase en México.

Nadie revisó la ortografía de los supuestos letreros oficiales de la ciudad, la Cárcel dice afuera “carcel” sin acento. Las señoras ricas del narco toman chelas en un tianguis, ¡chelas en el tianguis! Eso está completamente prohibido, es vía pública, quizá tepache. Hay demasiadas para continuar con esto, me ahorro eso que dice Selena Gómez de: me arde la pinche vulva. eso estuvo chistoso.

En fin, Emilia Perez me parece un magnífico ejemplo del cine Desperados.

¿Y qué es el cine Desperados?

Recuerdo que cuando vivía en Europa me dieron a probar la gran bebida de mi tierra, una bebida profundamente asquerosa, cerveza sabor tequila, al parecer inventada en Francia, patria del director de Emilia Perez, llamada Desperados (así sin “e”, jactándose de pronunciar mal la palabra, como el acento de Selena Gomez, como el Perez, que es Pérez, pero que ya pertenece a la patria de Rosie Perez y a la lengua Hollywood donde no existen los acentos), pues bien  todos mis amigos bebían “Desperados” con heroico y profundo sentimiento de mexicanidad. Siempre me pareció chistoso, pensaba que nosotros los mexicanos probablemente también tenemos estereotipos idiotas de otros países, y así cada uno comprende lo que quiere comprender de la cultura ajena.

“Shakespeare no fue a Verona para escribir sus obras teatro”, se justifica el director Audiard y tiene razón, pero Shakespeare tenía un profundo conocimiento de la historia europea y, además, nunca tuvo el atrevimiento de escribir una obra o un poema en una lengua que ignorara en su totalidad.

En Italia recuerdo que unos amigos me hablaban entre risas del Estate, un tipo de té frío que tenía un comercial con todos los estereotipos Speedy González, donde dos chaparritos morenos con un sarape recostados junto a un cactus bebían estate y se ponían a bailar el jarabe tapatío. Me dio risa también. Lo mismo se ha hecho en México, con tantas asquerosidades que inventa Televisa sobre las culturas lejanas, ¿se acuerdan de Tachidito? ¿Esa botarga pseudo coreana que apareció en el Mundial de 2002 y que estuvo en la tele más de un año ridiculizando todo lo que fuera mínimamente oriental?

Emilia Pérez
Producto de Netflix, candidata al Oscar. Foto: Cortesía

Pero Emilia Perez es demasiado, especialmente por sus masivas nominaciones a los premios de la Academia. Creo que eso es lo que más molesta, pero al mismo tiempo es un alivio: descubrir que los premios son una porquería superficial siempre es un alivio. Es como si en México nomináramos a todos los premios de la academia, el guión, la fotografía, la brillante dirección y, por supuesto, la soberbia actuación del inigualable Ta Chidito.

En fin, el aplauso mundial a la infumable película Emilia Perez sencillamente me rebasa, pero no sentí que perdiera mi tiempo viendo la película. Aprendí, por ejemplo, lo que las academias cinematográficas del mundo consideran que es una obra maestra hecha en tu tierra.

Lo bueno es que mi primo pagó los boletos.

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