Ahora viene con El tiempo de las moscas (Alfaguara), una novela que recupera la protagonista de Tuya y que trata de estar en el mundo con todas las cosas que han cambiado en términos de género.
Ciudad de México, 3 de mayo (MaremotoM).- La escritora argentina Claudia Piñeiro es una de las más leídas, no sólo en su país, sino en Latinoamérica y ha ganado también muchos premios internacionales, entre ellos el Premio Pepe Carvalho del Festival Barcelona Negra y el Premio Dashiell Hammett de la Semana Negra de Gijón. Su visión de la novela negra se sale del género, ese que los escritores hombres han pergeñado, un poco para seguir con los lineamientos de una manera de escribir como si fuera un corolario de acciones y personajes ya establecidos y por otro para no preguntarse por la sangre que asuela nuestro continente con un derroche que suena a muerte y a olvido.
Claudia Piñeiro dice que las preguntas para hacer novela negra han cambiado, que ahora uno también piensa en las víctimas y que para ella ser nombrada en alguno de los concursos para hombres es conveniente, porque significa que ellos han empezado a leer las novelas de las mujeres.
Ahora viene con El tiempo de las moscas (Alfaguara), una novela que recupera la protagonista de Tuya y que trata de estar en el mundo con todas las cosas que han cambiado en términos de género.
Inés había asesinado a la amante de su marido y sale en libertad después de 15 años de permanecer presa. Su vida ha cambiado, pero así también la sociedad: el avance del feminismo, las leyes de matrimonio igualitario y del aborto, el lenguaje inclusivo. Inés, una ama de casa tradicional y a quien la maternidad no le resultó algo feliz, entiende que debe ser práctica y adaptarse a la nueva realidad. Aunque le cueste.

Tuya y El tiempo de las moscas, las dos novelas de Claudia Piñeiro sobre una mujer que pasó de ser un ama de casa que le pega un tiro en la sien a la amante de su esposo, a una ex presidiaria que tras cumplir su condena monta una empresa de fumigación con quien fue su compañera de celda, serán adaptadas por Netflix.
“Nos dijeron tanto cómo teníamos que ser que entonces lo que tienes que hacer es que eso no quieres ser. Hay que ser otra persona, arrancamos con un montón de mandatos y no sé si en el pasado era más fácil. Los jóvenes no tienen este planteo de que si son mujeres u hombres, dejan ver qué es lo que son”, admite en entrevista.
“Hace muchos años el escritor Guillermo Martínez me dijo que tenía que seguir con el personaje de Inés. Durante la pandemia me acordé de su consejo. Cuando me di cuenta que si la sacaba de la cárcel el mundo había cambiado tanto, se volvió muy interesante. Una mujer patriarcal que comienza a tener relaciones francas con mujeres. Tiene, de hecho, a una mujer que es su mejor amiga, que es La Manca”, agrega.
Inés se empezó a socializar cuando entró a la cárcel, se da cuenta de que las mujeres no tenían que ser rubias y de ojos celestes, “aunque ella no era rubia ni de ojos celestes”, dice Claudia Piñeiro, muy cansada luego de dar tantas entrevistas, pero al mismo tiempo satisfecha con su trabajo.

“Yo creo que nos tenemos que permitir no saber en las relaciones. ¿Es amor? ¿No es amor? Hay muchos sentimientos a los que se les puso nombre y estamos viendo qué es. Lali lleva la maternidad con mucho placer, con una pareja con la que está contenta. Esos sentimientos a los que no les podíamos encontrar nombres, forman parte de la vida”, afirma.
“Podemos estar rodeados y ser solitarios. Aunque tengas vínculos, tienes el placer de estar solo. Yo tengo tres hijos, mi marido tiene cuatro, mi maternidad está deseada y la viví con gusto, pero la viví con todos los conflictos que tiene ese estado. A veces se cuenta todo rosa, pero por qué no dijeron que era todo tan difícil. En la novela hay un verbo que no existe, maternar, pero que con mis amigas la usamos y muchas veces decimos, qué duro es maternar, estoy harta de maternar”, expresa.
“Cuando uno lo piensa como verbo tiene esa cosa de no parar, que esta cosa no tiene fin. He leído a Jonathan Franzen y él decía, ¿por qué no tengo hijos? Y se contestaba, escribo novelas y eso me sale bien. No sé si tener hijos me saldrá bien. Aunque muchos escribimos novelas y también tenemos hijos, me gustó ese razonamiento”, dice Piñeiro.
–¿Qué motivación además del consejo de Guillermo Martínez te obligó a escribir El tiempo de las moscas?
–Yo de todo lo que habla el coro de las novelas, no las pensé como tema que iba a tratar en la historia. La Manca y ella se encuentran con un montón de leyes que no estaban cuando ellas entraron a la casa. Me atrajo mucho discutir todo hacia adentro del feminismo. Esas discusiones hacia adentro se tienen que seguir dando, es un movimiento en transformación permanente. ¿Por qué trabajas a una mujer que mata a otra mujer? Bueno, porque está llena de historias de hombres que matan a una mujer. Me interesa poner en incomodidad a los personajes y al lector también.
–¿Y cómo trata el feminismo el tema del amor?
–Por eso también en la novela está Lali que está muy enamorada de su marido, está la pareja de la Manca, que es un hombre encantador. Me parece que la novela no necesitaba hombres monstruosos. Lo que teníamos que pensar era más hacia adentro. A veces en estos movimientos históricos vas a un extremo y luego tenés que ir a un punto intermedio. Todo ese rechazo que hay al amor romántico me parece que está bien cuando se confunde, cuando se vuelve obsesivo, pero no siempre hay que rechazarlo. Está muy bien que los hombres y las mujeres estemos enamorados. Nos quejamos de la maternidad, pero también hay un montón de mujeres que quieren ser madres.

–¿La novela noir, las mujeres en el género, qué piensas? Hay como cierto Billiken (revista popular argentina para niños) de muchos hombres queriendo que entre el género…
–Hay una novela muy clásica que sigue existiendo, pero me gustan más las novelas negras que tratan de desbordar el género. La pregunta clásica es a futuro, transcurre en El tiempo de las moscas. No preguntas quién la mató y por qué, sino qué preguntas la van a matar, van a volver a la prisión otra vez. Tengo la alegría que he vuelto a ser finalista del Premio Dashiell Hammet; que El tiempo de las moscas esté como finalista, me alegra mucho, más que por el premio, que se esté leyendo. Hace mucho tiempo que en Gijón no se leía a las mujeres. Todos estos son movimientos que son interesantes para la novela negra.
–También tiene que ver con la indagación de la violencia
–Durante mucho tiempo no se incorporaban todas las violencias. El género negro tiene mucho de social y se supone que es privado. Hace tiempo que aprendimos que el tema no es privado. Cuando llamamos a la policía, empieza el género negro. Lamentablemente los crímenes siguen sucediendo, ni aquí en Argentina ni en México.
–¿Qué te pasa con los premios?
–Que son la continuación para seguir. Cuando gané el Premio Clarín con Las viudas de los jueves, me dije: al fin, esta es una oportunidad. El premio Sor Juana que gané con Las grietas de Jara, permitió que el público mexicano me conociera. Y el Dashiell Hammett con Catedrales, hizo que el libro se reeditara un montón de veces en España. Son oportunidades para los libros.











