La voz de Hind Rajab emerge en Venecia como un himno silencioso contra la deshumanización y una denuncia visceral que trasciende lo cinematográfico.
Ciudad de México, 4 de septiembre (MaremotoM).- En enero de 2024, la pequeña Hind Rajab, de cinco o seis años según distintas fuentes, quedó atrapada bajo fuego israelí en Gaza mientras viajaba en un automóvil con su familia.
En medio del horror, logró comunicarse con la Media Luna Roja Palestina a través de llamadas telefónicas reales, suplicando ayuda desde su refugio improvisado en el vehículo. Tanto ella como los rescatistas fueron encontrados muertos días después. Estas grabaciones constituyen el núcleo emocional de la película La voz de Hind Rajab.
La cineasta tunecina Kaouther Ben Hania transforma este episodio trágico en una experiencia cinematográfica sobria y devastadora, centrando la narrativa casi exclusivamente en el centro de operaciones de rescate. El audiovisual evita imágenes explícitas y opta por transmitir violencia emocional mediante la voz de Hind y la desesperación de los equipos humanitarios.

Recepción en Venecia
En su estreno mundial el 3 de septiembre de 2025 en la 82ª edición del Festival Internacional de Cine de Venecia, la película dejó una marca histórica: recibió una ovación de pie de 23 minutos y 50 segundos, la más prolongada registrada en un festival de cine, superando récords anteriores como el de El laberinto del fauno, en Cannes. Durante la proyección, el público coreó “¡Palestina libre!” en señal de solidaridad.
La película cuenta con la participación como productores ejecutivos de figuras destacadas como Brad Pitt, Alfonso Cuarón, Rooney Mara, Joaquin Phoenix y Jonathan Glazer, quienes le dan un impulso significativo en el circuito internacional y potencian su llegada a un público más amplio.
Durante la conferencia de prensa, se recordó que la voz de Hind representa no solo su tragedia personal, sino la de decenas de miles de niños asesinados en Gaza, en el marco de un contexto que muchos califican de “genocidio”, mientras que otros rechazan esa denominación. La película, por tanto, aparece como un acto de denuncia y memoria, conlleva un mensaje poderoso: “¿Cómo dejamos a una niña suplicando por su vida?”, preguntó una de las actrices.

Ben Hania construyó el guion sobre las llamadas originales y testimonios de la familia y los rescatistas, evitando dramatizaciones superfluas y enfatizando la voz de Hind como símbolo del horror silencioso y universal. La producción fue rodada en apenas doce meses, la más rápida de la directora hasta la fecha.

La cinta representa la apuesta de Túnez para competir en los Oscar 2026 como mejor película internacional y su éxito en Venecia augura una difusión global significativa.
La voz de Hind Rajab emerge en Venecia como un himno silencioso contra la deshumanización y una denuncia visceral que trasciende lo cinematográfico.











