En su emocionante thriller La visible oscuridad (Lumen), Norma Lazo rescata de las sombras a la agente de la policía secreta Ana María Dorantes, quien detuvo a los asesinos seriales Goyo Cárdenas y la Ogresa de Roma.
Ciudad de México, 4 de octubre (MaremotoM).- Es una forma interesante de concebir a las personas por la oscuridad que los envuelve, la que propone Norma Lazo en su nueva novela La visible oscuridad.
En este thriller situado en una Ciudad de México de los años 40, hay personajes que tienen la visible oscuridad, la melancolía interior que hace derramar tristeza en los otros, pero los más peligrosos, llevan dentro pulsiones invisibles, que cuando se exteriorizan siempre salen de formas horribles, humillantes, sádicas.
La agente del servicio secreto Ana Terán y Manuel Artigas, el fotorreportero de la nota roja del periódico El Mundo, entrarían en la primera categoría: un melancólico que cuestiona la mezquindad del mundo y una mujer con una idea de justicia tremendamente rígida, que es dura hasta consigo misma, se encuentran en una noche sin estrellas para guiar al lector en una emocionante cacería de asesinos seriales que sembraron el horror entre las mujeres de aquella época y, después de leerla, de esta también.
La visible oscuridad se nutre de las obsesiones narrativas de la autora para hacer un retrato psicológico de un México dolido y triste, que vive entre apagones programados, desapariciones de mujeres y la peor helada del siglo.

La escritora veracruzana cuenta en entrevista que para tejer esta trama se inspiró en personajes de la vida real, como la mencionada Ana María Durán y los fotoreporteros Enrique Metinides y su maestro Antonio El Indio Velázquez y el criminólogo Alfonso Quiroz Cuarón. Resultado: un homenaje a las mujeres agentes secretos silenciadas por la misoginia oficial.
–¿Cómo la descubriste? ¿si había tan poca información de la Secreta, cómo lograste perfilarla?
–Descubrí a Ana María Dorantes en la hemeroteca, investigando más sobre el caso del estrangulador de Tacuba, Gregorio Cárdenas. Se me grabó el nombre porque fue la que lo detuvo. Recordemos que en esa época en México las mujeres no podían tener ni siquiera una cuenta de banco a su nombre. Tenían que estar prácticamente guiadas y tuteladas si eran solteras por el padre, si eran casadas por el marido. Entonces esta mujer me voló la cabeza, quise saber más de ella y así fue como recurrimos al Archivo Nacional de Lecumberri y pues luego no apareció nada y dije, bueno, esta historia hay que contarla. Me interesaba contar cómo debió ser esa mujer.
–Qué bueno que notaste a estas mujeres, realmente me sorprendió que en esa época hubiera agentes secretos mujeres
–Sí y aparte es curioso, lo que más me llamaba la atención es que supuestamente tenían a las mujeres del servicio secreto como “anzuelos” para capturar peces gordos, esa era como la narrativa. Sin embargo, esta Ana María Dorantes yo la encuentro en el caso del estrangulador de Tacuba y también la encuentro en otra nota periodística en el caso de la Ogresa de la colonia Roma. Entonces, así como que “anzuelos”, pues no es cierto, realmente estaban haciendo un trabajo en la calle y había un principio de investigación criminal, cosa que se ha perdido completamente por lo que estamos en el hoyo en el que estamos.

Incluir en la ficción a personajes de la vida real deja en el lector una sensación constante de estar en una línea difusa con la realidad.
– ¿Por qué escoges a esos personajes de la época precisamente?
–Veo la oscuridad y también las complejidades de estas personas. Obviamente Manuel Artigas está inspirado en el Niño Metinides y recordemos que a Metinides, su papá le regaló una cámara siendo niño y tomó una foto en un accidente y la foto fue tan buena que se la publicaron. Era un niño que estuvo publicando la nota roja, desde los 11 años, ya solo eso te dice el tipo de personalidad que tenía Enrique Metinides en la vida real.
Otro personaje clave de La visible oscuridad es el padrino de Ana Terán, el criminólogo Lázaro Quezada del Olmo, que está inspirado en el padre de la criminología Alfonso Quiroz Cuarón.
–¿Qué nos dices de él?
–Para algunos es un farsante, para otros, entre los que yo me cuento, sí considero que estaba muy adelantado, especulaba mucho, es cierto, imaginaba y especulaba lo que estaba viendo al momento, pero tenía mucha idea, no andaba nada perdido. Estamos hablando del 42, o sea, 30 años antes o más de que empezaron los perfiladores del FBI”

–El horror en tu novela es comprobar a través de la historia de las agentes Ana y Ordóñez que el odio sistemático a la mujer en nuestra sociedad no es ficción. ¿qué opinas? ¿Lo cambiaremos tan solo con evidenciarlo o como Ana habrá que eliminarlo a plomazos?
–El problema es que muerto el perro no se acaba la rabia. Ese es el verdadero problema. Creo que se han dado pasos, creo que ha habido avances, lo cual para mí el logro es directamente las feministas que son activistas. Creo que falta mucho. De repente te encuentras que están en esos lugares de poder mujeres y en teoría ese es el avance feminista, pero resulta que esa mujer es más misógina que cualquier otro machín y maltrata a familiares de una chica desaparecida, a las madres, a los padres que pierden a una hija en un feminicidio, en eso seguimos muy atoradas.
La visible oscuridad se presentará en la librería Octavio Paz, del Fondo de cultura Económica, el 8 de octubre a las 19:00 horas, con Eve Gil y BEF. Y el 10 de octubre en la cuarta semana de Novela Negra, en la Biblioteca de México, con Eduardo Antonio Parra.











