La caída de Technochtitlán

La Technochtitlán histórica es como un pueblo pequeñito: José Luis Pescador

La caída de Technochtitlán se centra en la masacre de Cholula, uno de los sucesos más cruentos de la guerra entre españoles y mexicas y que despejó toda duda sobre las verdaderas intenciones de los extranjeros. El volumen culmina con el encuentro entre Motecuhzoma Xocoyotzin y Hernán Cortés, una cortesía diplomática que selló el funesto destino del más grande imperio mesoamericano.

Ciudad de México, 26 de diciembre (MaremotoM).- ¿Qué es Technochtitlán? La pluma ardiente de José Luis Pescador descubre los secretos en uno de los misterios más esclarecidos de la cultura mexicana en su libro La caída de Technochtitlán: “Año Ce-Acatl. Acallantepetl. Atoctli, malherido y apenas vivo, es conducido a la montaña por un misterioso guerrero jaguar. Los dos únicos sobrevivientes del enfrentamiento entre texcaltecas y caxtillantlacah tienen ahora una tarea crucial: prevenir al huey tlatoani sobre la inminente llegada de los invasores a la capital del imperio. Mientras tanto, en Chollulan, Mallintzin negocia alojamiento y provisiones para recibir a la enorme comitiva que, tras la reciente alianza con los texcaltecas, sigue a Cortés en su avance a través del Anahuac. Todo parece conducirse en paz durante la fiesta del Tepeilhuitl, hasta que una fiebre asesina se apodera de los recelosos castillanos”.

La caída de Technochtitlán se centra en la masacre de Cholula, uno de los sucesos más cruentos de la guerra entre españoles y mexicas y que despejó toda duda sobre las verdaderas intenciones de los extranjeros. El volumen culmina con el encuentro entre Motecuhzoma Xocoyotzin y Hernán Cortés, una cortesía diplomática que selló el funesto destino del más grande imperio mesoamericano.

José Luis Pescador (Ciudad de México, 1979). Artista visual, autor de cómic, arqueólogo aficionado y papá de Romina y Santiago. Ha publicado su trabajo en La Cúpula Ediciones (España); Fantagraphics y Decade Press (EUA); Kiss Comics (Francia); Tank Magazine (Reino Unido); Raíces y Turner (México), entre otras editoriales. Ha expuesto de forma individual y colectiva en museos y espacios de arte. Dirigió en 2010 el proyecto de cómic histórico Serie Bicentenario, que involucró a escritores y a algunos de los mejores historietistas de México. Ha recibido un par de becas del Instituto Estatal de la Cultura de Guanajuato por el proyecto de cómic La Conquista de México (1998) y la serie de pintura Obesos monumentales (2002). En 2008 el Instituto Cultural de León apoyó con una beca la producción del cómic Estas ruinas que ves, una adaptación de la novela de Jorge Ibargüengoitia. Ha recibido apoyo del Fonca por El Marambo en La Habana (2014) y Sensacional del Marambo Cómix (2019).

La caída de Technochtitlán
Editó Grijalbo. Foto: Cortesía

–Yo la pronuncio, por supuesto, recontramal y en ese sentido te pregunto, a propósito de tu libro cuarto sobre la ciudad, ¿qué es Technochtitlán?

–Nosotros tuvimos que hacer seis libros y todos los libros que hablan sobre ese tema son muy gruesos, muy amplios, porque no es un tema sencillo y por las implicaciones que todo eso tiene. Son investigaciones o ideas que tenemos de aquellos tiempos. Creo que la vamos reconstruyendo, cada quien tiene a su Technochtitlán en la cabeza.

–No es lo mismo para la gente de la Ciudad de México que se imagina una Technochtitlán o la gente de Los Ángeles que la reconstruye también de su manera

Para este cómic era hacer otra Technochtitlán que pudiera no responder a ninguno de esos clichés y que pudiera ser vista como a nivel de cancha y que se pudiera reconocer de otra manera. Estoy seguro de que los pueblos originarios tienen otra idea también de lo náhuatl, de la cultura náhuatl y solamente podemos verlas desde el siglo XXI.

–¿Tú dices que el punto antiguo está presente todavía, que uno puede identificarlo, que uno puede reconocerlo en algunas cosas?

–Sí, sin duda, porque hasta en las maneras que tenemos de hablar, de comer, por ejemplo, la gente come parada en la Ciudad de México, en todos lados, pues eso es muy mexicano, pero de aquellos años. Y la misma Ciudad de México, que es donde se desarrollan estas cosas, pues son muchas ciudades, entonces cada una tiene su propia manera de ser y también siempre se habla como del indígena en pasado. Cuando están ahí, en Guerrero, en Veracruz, en Chiapas, en nuestra misma sangre mesoamericana y me atrevo a decir que continental. Eso es interesante y por eso también despierta mucha virulencia.

–Cada vez que se hace una obra pública, decimos, encontraron eso del paso y es muy normal

–Sí, exactamente y tan al alcance de la mano que en realidad los edificios son las pirámides, son las mismas piedras, están a la vista, tampoco es que esté tan lejos. La batalla contra el lago de Texcoco está vigente también, parece que lo quieren desecar o no saben qué hacer con tanta agua y a veces falta el agua en la ciudad.

–¿Sientes que ha habido hasta ahora como una especie de apartheid y digamos los blancos han gobernado México?

–Sí, claro, a lo mejor no es tan tremendo como un apartheid, pero tampoco está tan lejos, porque si vemos la clase dirigente, pues todos son blancos y con apellidos no mexicanos, no originarios. Si vemos al ejército, que es moreno, sigue siendo el mismo esquema nacionalista. También hay unas élites indígenas, digamos, que pactaron con los invasores y que ahora son pues la élite política, o sea, todos son esos, sí está clarísimo. Además, el despojo de tierra y agua y territorios sigue vigente. Todavía hay luchas, que no se han terminado para nada en todo el territorio mexicano.

José Luis Pescador
José Luis Pescador es inquieto y sabe hacer historias que nos convoquen a otra dimensión. Foto: Cortesía Facebook

–¿Cómo ha evolucionado tu pluma?

Pues me gustaría pensar que este está mejor escrito, que además de dibujar bien, que también se va puliendo la escritura y que las ideas se narran más claramente. El cómic también es parte de esa búsqueda literaria, de ir amarrando los acontecimientos en secuencias y narrarlas en forma dibujada. Este libro está mejor armado, creo que va por buen camino, ojalá que también tenga un gran final y que no pase como en Game of Thrones.

–¿Qué piensas del cómic que hay en México? Sí, es cierto.

–Veo el vaso medio lleno, porque hay muchos autores que se autoeditan, entonces hay una especie de renacimiento, de temáticas muy ricas, amplias. Este año fui jurado del FONCA y me tocó revisar más de ciento cuarenta y tantos proyectos que llegaron y había muchísimos muy buenos. El problema es que no se muestran, no tienen un público amplio y canales de difusión más intensos. La industria ya desapareció y eso era la visibilidad, pero están confinados a las ferias del libro y a un público muy de nicho.

–Tú hablas de jurado, precisamente a lo mejor también falta un jurado…

–Sí, pues puede ser esa falta de visibilidad, que no hay tantos espacios, hay lugares como Global Comics, Shark Comics, que son dos tiendas de cómics que solo venden material mexicano. También es porque no están buscando temas que le hagan eco a la sociedad, pocos son los que están hablando de temas como los desaparecidos o que le hablan a otro tipo de público, más bien están pensando en fantasías superheroicas.

–¿Cómo quieres que yo te presente: un dibujante o un hacedor de cómics?

–Un día soy más hacedor de cómics y otro día soy más dibujante. La etiqueta de artista visual, pintor, todo eso, pues bueno, está muy bien, pero creo que dibujante siempre es mucho más amplio, porque con un simple lápiz puede uno encontrar todas las posibilidades, aún con lo digital también, porque se manejan esas herramientas, las manejo, pero es mejor dibujar.

–¿Vives realmente de tu dibujo?

–Sí, yo me dedico totalmente a dibujar, todos los trabajos que hago son alrededor del dibujo, la pintura, la ilustración, todo eso, no doy clases, de repente doy clases o talleres, pero cortos.

–Hablas de otra Technochtitlán, ¿qué hay en este libro?

Es como una Tenochtitlán imaginaria, mucho más dinámica, tal vez, porque al final, si la comparamos con nuestras ciudades actuales, pues tendemos a imaginar Tenochtitlán como la Ciudad de México, enorme, llena de gente, que nunca se termina. Inabarcable. La Technochtitlán histórica es como un pueblo pequeñito. El cómic no se sustrae tampoco a la idea de grandiosidad, en realidad, pero sí me gustaría llevarla hacia lo más pequeño y que en esas pequeñas historias podamos ver la macrohistoria.

Comments are closed.