Gemma Ruiz Palá

LA MEMORIA QUE FUE BORRADA: GEMMA RUIZ PALÁ ESCRIBE LO QUE LA HISTORIA CALLÓ

“Nuestras madres practicaron el feminismo sin el lenguaje del feminismo”. Lo dice sin estridencias, con serenidad. Ruiz Palà entiende que la conciencia política nace después de la experiencia. Que primero existe la mujer que cría, trabaja, resiste, calla. Después llega la teoría que nombra eso. No al revés. “Ellas nos trajeron un mundo más libre sin saber la palabra libertad”, afirma.

Ciudad de México, 2025 (MaremotoM).— Gemma Ruiz Palà habla como quien carga una verdad antigua. Se le escucha la firmeza de quien ha mirado hacia atrás sin temor y ha encontrado ahí, en la memoria doméstica, el guion oculto de un país. Nuestras madres, novela que ganó el Premi Sant Jordi y reventó silencios de medio siglo, surge de esa necesidad de corregir una Historia escrita con mayúscula que dejó fuera la vida real. La pregunta que la sostiene es del tamaño de una herida: ¿qué deseaba tu madre antes de que el mundo decidiera por ella?

La autora parte de una convicción. “Vamos cojos en el relato”, dice. “La mitad más una de la humanidad ha sido invisibilizada”. Habla de España en los años setenta. Habla de mujeres que no podían sacar pasaporte sin permiso patriarcal. Habla de quienes no podían abrir una cuenta bancaria ni elegir un trabajo sin tutela legal. Habla de abortos clandestinos en Londres mientras el Estado miraba a otra parte. No busca victimizar. Busca devolver nombres y voz a mujeres que sostuvieron los días con el cuerpo.

Gemma Ruiz Palá
Nuestras madres. Foto: Cortesía

“Nuestras madres practicaron el feminismo sin el lenguaje del feminismo”. Lo dice sin estridencias, con serenidad. Ruiz Palà entiende que la conciencia política nace después de la experiencia. Que primero existe la mujer que cría, trabaja, resiste, calla. Después llega la teoría que nombra eso. No al revés. “Ellas nos trajeron un mundo más libre sin saber la palabra libertad”, afirma.

El libro reúne diez historias. Cada protagonista encarna una fractura. Un aborto. Un sueño aplastado. Una maternidad no elegida. Una vocación postergada. Un silencio impuesto. Ruiz Palà quería que cada personaje representara una arista concreta de la vida bajo dictadura y transición. Necesitaba mostrar que ese modelo político no se entiende desde los pactos oficiales sino desde la ropa lavada en la madrugada, desde el miedo a la comisaría, desde el llanto escondido al cerrar la puerta de la cocina. “La política se hace en los afectos”, asegura la autora. “La Historia pasa por los vínculos del hogar. No por los discursos”.

La conversación se enciende cuando se menciona la Transición. Ruiz Palà sostiene que España la blanqueó. “Nos vendieron un proceso ejemplar. El dictador murió en la cama. No hubo juicio. No hubo reparación”. No lo dice con ira. Lo dice con memoria. Su novela propone otra lectura: la de quienes vivieron esa época sin monumentalidad y sin privilegios. Las mujeres de las clases populares denuncian en la ficción lo que se calló en los libros de texto.

Lali abre la novela. Setenta años. Nietos que no dan respiro. Vida de obediencia. Hasta que un día algo se quiebra. “Hazte la vasectomía”, dice al hijo. Ella ya no cuida. Ella ya no calla. Ruiz Palà quiso que la vejez también fuera insumisión. Que la resistencia pudiera llegar tarde pero llegar. “No es un libro de mármol. Son mujeres que respiran”, afirma.

Gemma Ruiz Palá
“Nos vendieron un proceso ejemplar. El dictador murió en la cama. No hubo juicio. No hubo reparación”. Foto: MM

El impacto la sorprendió. Cataluña agotó ediciones. España sostuvo la ola. Más de 50 mil ejemplares vendidos. Lectoras que asistieron a presentaciones con lágrimas guardadas durante décadas. Hombres que se acercaron con prejuicios rotos. “A veces me quedo sin palabras”, confiesa Ruiz Palà. “Es precioso lo que está pasando. Ninguna expectativa lo anticipaba”.

La recepción internacional confirmó algo. No se trata sólo de España. No se trata sólo de dictadura ibérica. Las lectoras argentinas se reconocieron. Las latinoamericanas también. Ruiz Palà lo sintetiza de una forma que incomoda y ordena. “Las dictaduras comparten ADN. Incluso sin haber vivido la argentina la siento”.

El proyecto continúa. Su próximo libro se ubica en Hollywood. Una mujer de sesenta años decide rehacer su vida a contraluz. No nostalgia. No derrota. Una segunda mitad sin obediencia. Ruiz Palà escribe con la misma brújula. No complacencia. No indulgencia. Escritura como acto político.

La entrevista termina sin cierre rotundo. El silencio que sigue no clausura. Abre, porque Nuestras madres no es homenaje. Es restitución. La historia que faltaba empieza a escribirse aquí.

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