En un país del Primer Mundo es inaceptable, como los campos de juegos emparchados a los que se les volaban los panes de pasto, pero eso mejor que yo ya lo explicó Marcelo Bielsa, al que sigo considerando un ser admirable.
Ciudad de México, 15 de julio (MaremotoM).- La selección argentina volvió a mostrar que esta generación de jugadores es el mejor de su rica historia y que un técnico joven y sin antecedentes anteriores como Lionel Scaloni superó a monstruos de la dirección técnica como César Luis Menotti, Carlos Salvador Bilardo o Marcelo Bielsa.

En un partido parejo y digno de una final, cuando parecía que iban a los penales y los argentinos apostaban todo a las manos milagrosas del Dibu Martínez, apareció Lo Celso con un pase exquisito y Lautaro Martínez demostró que es un goleador increíble, del nivel de Gabriel Batistuta o Hernán Crespo.
Con un Lionel Messi testimonial, que estaba en la cancha por todo lo que representa y no por su presente futbolístico (y que salió llorando cuando su tobillo no lo dejó seguir, demostrando todo lo que representa la selección Argentina para él) y con un Ángel Di María, que jugó su último partido como si fuera el primero, corriendo los 115 minutos que jugó como si fuera un pibe.
Argentina encontró otros líderes, los del presente y posiblemente del futuro. Dibu infranqueable en el arco. Cristian Romero, una pared en la defensa y Alexis Mac Allister y Enzo Fernández que se hicieron cargo de hacer de “Messis” cuando el rosarino ya no estaba en la cancha y sobre el final Leandro Paredes que se plantó en la mitad de la cancha y dijo “por acá no pasa nadie” y Giovanni Lo Celso, que con una frialdad tremenda puso el pase del gol entre la línea defensiva colombiana.

Ellos son los líderes actuales en una selección que tendrá que suplir la ausencia total de Di María y la parcial de Messi, pero que ya tiene en el futuro cercano a dos chicos que pintan para ser sus sucesores: Alejandro Garnacho y Valentín Carboni, que tuvieron en esta Copa su debut.
Argentina ganó su 16ª Copa América, superando por una a Uruguay, en esa historia que comenzó hace más de un siglo en 1916, en lo que es la competición continental más vieja del mundo.
Argentina tuvo enfrente una selección colombiana, que llevaba 25 partidos invicto y que su última derrota había sido hace dos años en Córdoba contra Argentina por las eliminatorias al Mundial y justamente con un gol de Lautaro Martínez.
El fútbol argentino, con sus distintos estilos, demostró que está en la cumbre de América y casi seguramente del mundo. Pensar que de los 5 mejores clasificados en la Copa. 4 tenían un técnico argentino. Además de Scaloni, al que Menotti como secretario nacional de selecciones le completó el cuerpo técnico, agregando a Walter Samuel (que ya estaba) a Pablo Aimar y Roberto Ayala. El segundo fue Colombia con Néstor Lorenzo (el mejor alumno de José Pekerman, que volvió a Colombia a completar el trabajo de su maestro). El tercero fue Uruguay con el siempre vigente Marcelo Bielsa y el quinto Venezuela (la revelación del torneo) con Fernando Batista (otro alumno de Pekerman, que hizo más escuela que Menotti y Bilardo).
El fútbol argentino tiene presente y futuro, porque sigue sin estar contaminado por las sociedades deportivas que le quitan mística y sentido de la pertenencia a los jugadores. Todos estos campeones salieron de los clubes de barrio, a los que todavía recuerdan (para muestra Messi y su relación con el club Grandoli) y fueron formados en las divisiones juveniles de los clubes, un trabajo que en Argentina comienza a los 11 años con el fútbol infantil. Por eso saben lo difícil e importante que es llegar a primera y el amor que le tienen a la selección argentina, por la que dan la vida y siempre quieren más.

Argentina festejó otro título, el cuarto de esta generación (2 Copas América, 1 Mundial y 1 Finalísima Europa-América ante Italia), ahora viene otra finalísima ante España, campeón de la Eurocopa y en 2026 el Mundial.
Un párrafo aparte para la organización. Un desastre, desde el Pastor amigo del presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez que santificó el torneo hasta el final donde la gente fue maltratada y muchos con entradas o pases de prensa no pudieron entrar.
En un país del Primer Mundo es inaceptable, como los campos de juegos emparchados a los que se les volaban los panes de pasto, pero eso mejor que yo ya lo explicó Marcelo Bielsa, al que sigo considerando un ser admirable.











