Luis Felipe Pérez

La literatura mexicana sigue siendo testimonial y por eso es tan crítica: Luis Felipe Pérez

La novela es una novela de la espera en donde el personaje está en la zozobra de recibir una noticia que no quiere recibir. “Hay un momento de la vida en que todos nos preguntamos si está teniendo sentido lo que hacemos”, expresa.

Ciudad de México, 18 de abril (MaremotoM).-  “Mala entraña es una novela agridulce como la propia memoria. Nos encontramos con una protagonista que parece haber atesorado cada oscuro pensamiento para contarlo alguna vez. Esta voz confesional no se conforma con la ternura que suponen los lazos de la sangre y decide aventurarse a vivir cualquier cosa, sólo para poder contarlo alguna vez”, escribe Marevna Gro en la contraportada.

“La narrativa de Luis Felipe Pérez Sánchez nos hace partícipes de lo que parece ser un viaje alrededor de la conciencia del hijo pródigo. Nos otorga un relato íntimo de una memoria sinvergüenza que desea experimentarlo todo con tal de no olvidarse a sí mismo.

Luis Felipe Pérez
Ediciones La Rana. Foto: Cortesía

Estamos ante una novela de emociones contundentes y provocadoras que invariablemente suscita algún gesto de complicidad”, agrega.

También es cierto que estamos ante la narración de una mujer que no descubre sólo su cuerpo, sino que también el alma sola en medio de un paisaje conocido y abismal.

Esta es su primera novela y está satisfecho por este gran paso que ha dado en la literatura. Nacido en Irapuato en 1982, Luis Felipe Pérez es autor de Eufemismos para la despedida y Yo fui un chico cursi. Narrador y ensayista mexicano. Mereció el Premio Nacional de Cuento Efrén Hernández 2012. Fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas flm 2011-2013 en el área de ensayo.  

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Una mujer es la que narra y aunque pareciera ser recurrente con los tiempos que corren, el autor la empezó a escribir en el 2015, cuando consiguió una ayuda del Estado. “La retomé cuando me la pidieron para dictamen en algunos lugares, entre ellos Ediciones La Rana. La retomé un poco con el pudor del contexto que estamos viviendo. Pensé que tenía que hacer varios gestos literarios para que me deslindaran de la biografía y de la supuesta autoficción y la retomé también cuando leía Una novelita lumpen, de Roberto Bolaño.

“Me emocionaron mucho esos personajes de hijos pródigos, que son una especie de normalidad. Había leído también Los enamoramientos, de Javier Marías. Las dos tenían narradoras mujeres”, dice Luis Felipe, centrado un poco en esos escritores que al decir de Adolfo Bioy Casares siempre obligaban a escribir. Para él la inspiración está en la lectura.

“Mucho de lo que me atrae de la literatura es una verosimilitud que se mueve con los escenarios y con el tiempo. Por otro lado, he pensado mucho en que la literatura mexicana está hecha de testimonios. Todo el mundo que escribe tiende a decir que estuvo ahí o se lo contaron”, afirma.

Luis Felipe Pérez
Recuerdo mucho a Daniel Sada, dice Luis. Foto: Cortesía Facebook

La novela es una novela de la espera en donde el personaje está en la zozobra de recibir una noticia que no quiere recibir. “Hay un momento de la vida en que todos nos preguntamos si está teniendo sentido lo que hacemos”, expresa.

Hay como cierta sustancia de lo que es ser mexicano en términos de apariencia. “Y lo que juega en nosotros la apariencia. Es una especie de autoconciencia de sí y pensaba en que al personaje le dicen chiwo, que significa tarántula y todo lo que en ella hay parecido al animal. Está en un proyecto que quiero desarrollar a nivel ensayístico de cómo los apodos nos van forjando la vida. El apelativo es siempre una especie de metonimia. Hay una autoridad que te dice rara y perversa de cómo te vas a percibir”, expresa Luis Felipe Pérez.

Las consecuencias que tienen las decisiones en algún momento. “La gente cuenta cosas que uno piensa que ya no están, pero están. En la zona media de San Luis Potosí me contaron historias de madres e hijas. Y cómo la madre y la hija querían separarse. En los cuentos Juan sin miedo el personaje se pregunta qué es el miedo, la que me tocó escuchar era sentir peces en la panza. Me pareció una buena metáfora el asunto del aborto como el miedo en la panza”.

También la leyenda del hijo pródigo, que es el hijo que quieren que le adelanten la herencia. Pérez pensaba en el escritor uruguayo Mario Levrero (1940-2004) y como siempre terminamos hablando de Roberto Bolaño, le cuento que una de las peleas que tuvo el autor con su padre fue que Roberto le había mandado una carta desde España, pidiéndole antes la herencia.

La gente cuenta cosas que uno piensa que ya no están, pero están.

“La novela tiene como referencia a Daniel Sada y esa frase que él repetía que el costumbrismo es una crítica a la cultura. Más allá de pensar en una especie de folclorismo para mí es una crítica, como las de Daniel Sada, la de Tomás de Cuéllar. Mi novela plantea escenarios en Puebla y en Mérida, en algunos pasajes también aparece Guanajuato y hay una crítica al estado de las cosas”, afirma.

Luis dice Sada y no dice Rulfo, porque evoca los talleres literarios de Daniel, a quien conoció personalmente. También habla de Tomás de Cuéllar, de Ángel de Campo, “con ese aire melancólico que es una de las grandes búsquedas de la literatura mexicana desde que inicia el México de la decena de Benito Juárez. Una pregunta por lo que va a ser mexicano, buscando que la novela sea un proceso de reconocimiento, de crítica. La literatura mexicana sigue siendo testimonial y por eso es tan crítica”, concluye.

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