Juan José Rodríguez

LA HERIDA QUE REGRESA: JUAN JOSÉ RODRÍGUEZ REVIVE EL CASO DE LA BANDA DEL AUTOMÓVIL GRIS

Rodríguez lo resume sin rodeos: lo que ocurrió con la banda del automóvil gris “fue el inicio del México moderno”. El lector contemporáneo encontrará en este libro no solo un episodio criminal rescatado del archivo, sino un espejo que incomoda, explica y recuerda que hay heridas que regresan con el mismo tono del primer disparo.

Ciudad de México, 24 de noviembre (MaremotoM).— El centenario del cierre judicial del caso resuena como un eco que no deja de volver. Juan José Rodríguez, uno de los narradores más férreos y minuciosos de la historia mexicana, publica El inextricable caso de la banda del automóvil gris (Grijalbo), una reconstrucción devastadora del origen del México moderno: la primera alianza conocida entre delincuencia organizada y poder político institucional.

Rodríguez explica que todo comenzó con dos fuerzas simultáneas: “Una cronológica, porque en 1919-1920 se cerró el caso y una vital, porque es un tema que siempre me había seguido”. La repetición histórica aparece como un golpe que se rehúsa a apagarse. “Decía Nietzsche que la historia se repite como un eterno retorno. Marx decía que lo hace como tragedia o como farsa”, recuerda el autor, quien identifica en el presente mexicano un reflejo directo del pacto que dio forma a aquella banda de asaltantes protegida por autoridades.

La banda del automóvil gris inaugura en México una manera moderna de delinquir: vehículos de lujo, órdenes apócrifas, operadores mezclados entre militares, tecnologías recientes y una estructura que duplicaba el método de los capos actuales. “Fue la primera banda criminal asociada con un poder político. La anterior delincuencia era de otro tipo. Esta actuaba como una hermandad que juró hacer lo que hacía el jefe”, afirma Rodríguez.

El retrato se expande hacia un México revolucionario poco explorado. La capital ardía bajo combates constantes, hambrunas, epidemias y alternancias violentas de poder, aunque los teatros seguían llenos y los cines barriales abarrotados. “Esa etapa siempre se nos escabulle. La revolución también pasó en la Ciudad de México. Y lo que me llamó la atención es cómo, aun tomada y retomada por zapatistas, villistas, carrancistas u obregonistas, la vida seguía”, señala.

La leyenda del automóvil gris convive con una avalancha de informaciones nuevas y contradicciones históricas que solo ahora comienzan a salir a la luz. “Por años no se decía quién mató a Madero. Tampoco quién mató a Carranza. Tampoco se hablaba de la rebelión escobarista. Poco a poco va decantando la información”, explica Rodríguez.Juan José Rodríguez

El escritor encontró hallazgos fundamentales. Una carta de Zapata dirigida a Carranza, donde exige frenar a “esa mafia del automóvil gris”, es uno de los documentos más reveladores. También una carta firmada por altos mandos —entre ellos Álvaro Obregón— reclamando a Carranza detener a la banda, carta que luego todos negaron. Aquella evidencia apunta al general Pablo González como jefe intelectual del grupo.

Otra revelación provino del cine. “Nadie había mencionado que quizá la historia se inspiró en una película francesa sobre la banda de Brunot”, señala. Esa película se exhibió en México poco antes de los asaltos. El hallazgo añade una capa inesperada: los criminales pudieron haber copiado un modelo de espectáculo criminal europeo, mientras la prensa y el público copiaban a su vez el nombre tomado del filme. “Quizá el automóvil ni siquiera era gris”, comenta Rodríguez.

Teatro, violencia y un país modelado por la puesta en escena

La Revolución mexicana aparece en el libro como un teatro feroz poblado por personajes de una magnitud literaria: Villa, Zapata, Carranza, Obregón, Calles. Rodríguez traza uno de los paralelos más incisivos del libro: “La historia de Carlota y Maximiliano es una ópera perfecta. Lo que ocurre en ese periodo es de todos colores. Llegan, irrumpen, salen como villanos. En otros países no se da ese dramatismo”.

La teatralidad se cruzó con la violencia en formas irrepetibles. Los asesinos y policías de la banda aparecían disfrazados de militares victoriosos, actuaban ante sus víctimas como parte de una representación y se movían con una conciencia precisa del efecto escénico de sus crímenes.

El periodismo jugó un rol contradictorio. Mientras algunos diarios ofrecían información valiosa, otros deformaban de forma agresiva la imagen pública de políticos como Madero. “Madero dio demasiada libertad de prensa. Las caricaturas eran brutales. Eso tuvo consecuencias. Lo que le hicieron a Bernardo Reyes en un dibujo provocó posiblemente que fuera a Palacio y muriera atribuido por las ametralladoras”, señala Rodríguez.

La comparación con el presente surge inevitablemente. La desinformación digital parece una extensión moderna de los panfletos y grabados que alimentaron revoluciones anteriores. “En México también hay quienes quisieran que solo hubiera boletines oficiales. Lo que hoy son memes, antes eran esos grabados que circularon antes de la Revolución Francesa”, afirma.

Juan José Rodríguez
Quise asumir el método en la página: crónica de archivo, documentos, recortes, notas familiares. Foto: Cortesía

Los documentos audiovisuales se vuelven decisivos. La película El automóvil gris —incompleta, montada, manipulada— sirve como archivo y propaganda al mismo tiempo. “La película era una especie de infomercial a favor de Pablo González”, explica Rodríguez. Los fragmentos perdidos probablemente reforzaban aún más la figura del general.

Otros hallazgos amplían el retrato social: la carta del consulado japonés, la presencia francesa, las cantantes Mimi Derba y María Conesa, cuyos nombres aparecen conectados a los generales implicados. La historia se vuelve un mosaico de contradicciones, silencios y revelaciones inesperadas.

Rodríguez concibe su proyecto como una “teología del mal en la Revolución mexicana”. El siguiente episodio de esta serie será Rodolfo Fierro, el temible general villista. El autor advierte que el revisionismo actual suaviza o tergiversa figuras complejas, desde Porfirio Díaz hasta personajes menores. La reflexión desemboca en la comprensión del poder, sus alianzas y sus traiciones.

El escritor aspira a que las nuevas generaciones descubran un episodio que se está perdiendo. “Quiero que sientan la emoción de investigar un tema. Que vean cómo un dato cambia una historia completa. Que descubran esas contradicciones”, afirma.

La historia de México aparece como un entramado hecho con tradición oral, testimonios fragmentados y documentos que resucitan décadas después. Rodríguez subraya esa riqueza compleja: “A veces la tradición oral es la que más verdad esconde”.

El libro también reivindica la figura de Francisco Madero, víctima de un Estado liberal imposible de sostener. “Intentó ser un Gandhi en un país que no estaba listo. Gobernó con quienes debió separar. Estaba atado de manos”, dice Rodríguez. La novela lo retrata no como el mártir idealizado, sino como un hombre cuya convicción ética no pudo sobrevivir a la maquinaria política de su tiempo.

Las asociaciones entre crimen y poder, el papel de la prensa, la teatralidad de la violencia, la intervención estadounidense, los rumores que moldean la política, el impacto de las tecnologías nuevas: todo lo que sucedió entre 1910 y 1920 adquiere un inquietante parecido con la actualidad.

Rodríguez lo resume sin rodeos: lo que ocurrió con la banda del automóvil gris “fue el inicio del México moderno”. El lector contemporáneo encontrará en este libro no solo un episodio criminal rescatado del archivo, sino un espejo que incomoda, explica y recuerda que hay heridas que regresan con el mismo tono del primer disparo.

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