Hasta aquí la descripción de una editorial que tiene un nombre tan bello como un poema y que además de formar parte de una de nuestras casas preferidas, Anagrama, tiene en Elena Medel, la fundadora, una gran guía en una empresa donde no pondría capital Elon Musk, por suerte.
Ciudad de México, 21 de enero (MaremotoM).- “Un poeta debe ser más útil que cualquier otro ciudadano de su tribu”, una frase del Conde de Lautréamont, que es slogan en la editorial La Bella Varsovia.
Una casa para la poesía: con esa intención surgió La Bella Varsovia en 2004. Para la poesía abordada desde un trabajo riguroso con el lenguaje, que nos proponga otras formas de mirar lo que sucede. Y una casa para quienes escriben poesía: para publicar libros, sí, pero sobre todo para acompañar obra a obra en su carrera.
La Bella Varsovia fue considerada como “piedra angular de la poesía española” por la revista digital Publishing Perspectives, centrada en el análisis internacional de la edición. En noviembre de 2021 se integró como sello en la editorial Anagrama, continuando Elena Medel como directora.
Aunque prestamos especial atención a la poesía contemporánea escrita en español, tanto en España como en América Latina, nuestro catálogo también se abre a las traducciones, incluyendo las distintas lenguas del Estado. Y editamos desde una clara conciencia feminista, presente ya en nuestros inicios, subrayando el valor de la literatura escrita por mujeres.

Nuestra colección de poesía alcanza en estos días los 150 títulos. Anteriormente hemos publicado otras colecciones, que siguen vivas en librerías: Prosa, abierta a textos híbridos; Biblioteca, con antologías de poetas españolas clásicas fuera del canon y La Pequeña Varsovia, de poesía infantil ilustrada, que coordinó María Martínez Bautista.
Hasta aquí la descripción de una editorial que tiene un nombre tan bello como un poema y que además de formar parte de una de nuestras casas preferidas, Anagrama, tiene en Elena Medel, la fundadora, una gran guía en una empresa donde no podría capital Elon Musk, por suerte.

–Elena Medel, eres poeta y también editora
–Siempre intento separar, aunque es muy difícil, la escritura de la edición. Por una parte, para proteger la propia escritura, porque al final la edición, el tiempo del trabajo, termina fagocitando el tiempo posible de la escritura, que al final se convierte en tiempo imposible. Y luego, por otra parte, porque creo que cuando edito, al menos en mi caso, tengo que ser invisible. Estoy al servicio del texto y de quien lo ha escrito, del autor, de la autora y de lo que quieran. Hay autores que deciden no trabajar el texto porque consideran que está todo cerrado, hay autores que necesitan esa conversación constante… Escribo sí, aunque hace tiempo que ya no. De vez en cuando surge algún poema suelto. Me gustaría en algún momento poder afrontar un proyecto otra vez poético, pero ahora me interesan más las novelas y ensayos.
–¿Eres la dueña de La bella Varsovia?
–De hecho, ya no soy la dueña porque la editorial forma parte de Anagrama desde hace tres años. Ahora soy la directora editorial. Hubo un momento en el que, en cierto modo, había lugares a los que como editora no sabía o no podía llegar. Los días tienen un tiempo determinado y había cuestiones que a mí me importaban mucho, que era la relación con América Latina. El diálogo, la conversación entre unas y otras poéticas y estaba ahí una cuestión clave que era, por ejemplo, la distribución. Era algo que no podía afrontar como editora minúscula en casa, trabajando en la cocina. Y sí que lo podía afrontar con una editorial ya asentada como Anagrama. Ha sido un proceso muy natural y feliz, porque sigo trabajando con absoluta libertad.
–El tema del negocio es importante, porque cada vez que uno hace un proyecto individual trata de refugiarse en algún lugar,
–Me encanta que Anagrama sea como una especie de casa protectora. Si alguien de repente me dice, he comprado este libro en Salamanca, he comprado este libro en Zaragoza, de La Bella Varsovia, yo probablemente sepa el nombre de quien lo haya vendido, porque también una estructura independiente permite eso. Dentro del paraguas de Anagrama, La Bella Varsovia está integrada como colección en la editorial, pero todavía mantenemos ese trato más directo. Creo que los modos de la poesía son diferentes a los de otros géneros. Me parece que es muy interesante que la gente sepa cuántas personas hay implicadas en un libro en todos los sentidos. Que un libro no es algo que surge por arte de magia, de repente te lo encuentras en las mesas de novedades, pero también al mismo tiempo que un libro implica un trabajo fortísimo que está sustentado en el esfuerzo de una persona o de dos personas.
–¿Cómo fue armar la Bella Varsovia? ¿Cómo fue elegir el nombre? Es maravilloso.
–Tengo 39 años, voy a cumplir ahora 40. Soy joven, pero ya no tanto. Empecé con 19, venía de publicar fanzines, revistas, etc. No vengo de una familia intelectual, sino de una familia trabajadora, muy modesta, muy humilde y en mi familia no hay precedentes de ningún tipo de vínculo con la cultura. No hay un tío escritor con una biblioteca que me permitiera descubrir a los clásicos, no hay una tía pintora, no hay ningún tipo de precedente de ese tipo. Esto para lo bueno y para lo malo. Es algo muy común a mi generación, al menos en España, que nacimos en los 80, una creencia en que la educación y la cultura nos iba a permitir una vida mejor. No mejor en el sentido intelectual, sino material. Si estudias, conseguirás un trabajo mejor que el nuestro en todos los sentidos, con unas condiciones mejores, un respeto, estabilidad, etc.
–Y lo has conseguido
–Bueno, no sé qué decirte. Mi familia está contenta, pero al mismo tiempo tuvieron mucho miedo. Ellos pensaban que mi camino iba a ser profesora y lo de la edición de poesía no lo comprendían. Entonces yo tampoco era muy consciente de lo que implicaba editar. No sabía cuánto costaba hacer un libro. Sabía que me gustaba. El momento en el que ese archivo se convierte en un objeto físico, como para que alguien pueda decir, este libro me llama la atención porque es bonito.
–Pensabas en el libro como en un objeto bello
–Es a lo que me ha interesado mucho siempre. Desde pequeña, además. Hay una anécdota que siempre contaba mi abuela, hace ya muchos años, que me gustaba mucho ojear las revistas del corazón, que ella compraba estas revistas sobre las noticias de los famosos. Ella describía cómo tocaba el papel. Yo no sabía leer, tenía tres años, pero me quedaba impresionada por el papel, los colores… Me ha gustado mucho siempre la diferencia que hay entre un libro con un buen papel y un libro con un mal papel, por ejemplo. El nombre de La Bella Varsovia fue porque había que publicar ya los primeros libros y todas las opciones eran bastante peores.
–¿Cómo aprendiste a editar?
–Primero aprendí que tenía que ahorrar costos. No podía pagar a un diseñador y aprendí a diseñar, aprendí a marcha forzada las cuestiones de contabilidad. Ahora ya, por fortuna, como ya no soy la dueña ni soy la jefa, se ocupa gente que sabe hacerlo mucho mejor que yo. Hay una ensayista española, Remedios Zafra, que publica Anagrama, que tiene un libro titulado El entusiasmo. Allí habla sobre cómo se aprovecha ese entusiasmo de los trabajadores culturales, pues parece que la vocación, el entusiasmo, el hacer algo que disfrutamos, que nos gusta, lo justifica todo.
–¿Cuándo salieron los primeros libros y qué sentiste?
–Fue en octubre del 2004. Para mí todavía el momento de recibir los primeros ejemplares es muy emocionante. No es solo abrir una caja y encontrar unos ejemplares, es el trabajo de años para una persona que ha estado poniendo su entusiasmo, sus expectativas en lo que ha hecho. Siempre se establece una relación de confianza con los autores y a lo mejor quizás, disculpa la cursilería, de ilusión. Este año hemos publicado 10 libros, el año que viene creo que subimos, no sé si serán 12 o 14, pero todavía son pocos títulos así que escogemos muy bien lo que publicamos, tienen que ser libros que nos entusiasmen mucho.

–En España hay muchas editoriales de poesía…
–En España hay un momento excelente desde hace ya tiempo, más allá de los sellos que quizás se pueden conocer más en México, son los más establecidos, tú has mencionado Vaso Roto, que tiene un catálogo excepcional. Para mí una buena noticia, una venta espectacular de un compañero editor es una excelente, porque se supone que hay esperanzas para nuestros libros. Hay una editorial que me gusta muchísimo que es La uÑa Rota, que publica también ensayos y teatro. En poesía tienen a una escritora excepcional que es Ángela Segovia, por ejemplo. Me da gusto ir a la librería y comprar los que están publicando los compañeros y ver además que es complementario, que no nos estamos pisando, en cierto modo cada cual está haciendo su camino.
–¿Hay una estrella dentro de La Bella Varsovia?
–No, todos los libros son magníficos. Cada seis meses tenemos que reunirnos con los comerciales que van a ir por las librerías contando los libros y yo soy catastrófica para su planificación, porque estos seis libros del semestre son buenísimos y todos van a vender un montón. Lo que me gusta pensar es que quien se acerca al catálogo de la editorial, puede encontrar libros excelentes de autoras sobre las que no sabe nada y tener a lo mejor quizás esa confianza en decir bueno, pues he leído otros libros de la editorial, me han gustado a ver qué tal este. Eso me lo contaba hace poco un librero en donde habíamos publicado un libro espléndido de Matías Miguel Clemente y es un autor que tiene ya un bagaje de muchas décadas publicando, pero no es un autor muy mediático y él me decía que como era de La Bella Varsovia había pedido varios ejemplares y que se había puesto a ojear y le había gustado tanto que había pedido el doble y que los estaba vendiendo todos. porque los estaba recomendando. La estrella es la poesía en la Bella Varsovia.
Premios y distinciones de la Editorial La Bella Varsovia
Premio al Libro del Año 2018 en la categoría de Poesía según las Librerías de Madrid para Las órdenes, de Pilar Adón.
Premio Nacional de Poesía “Miguel Hernández” 2018 para Los salmos fosforitos, de Berta García Faet.
II Premio “Javier Morote” de Las librerías recomiendan/CEGAL (2019) para Galgos, de María Martínez Bautista.
III Premio “Javier Morote” de Las librerías recomiendan/CEGAL (2020) para Fuegos, de Ismael Ramos (con traducción del autor).
Desde 2021 convocamos el Premio “Ana Santos Payán” para Proyectos de Libros de Poesía, con periodicidad bienal y en homenaje a la escritora y editora de El Gaviero. En la primera edición resultó ganador el proyecto Soo, de Julián Mesa, y se concedió un accésit a Violeta, de Aurora H. Camero.











