Detective de Objetos es un gesto radical de escucha. Una escritura que no embellece el caos, pero lo atraviesa con preguntas, con encuentros, con la convicción de que los objetos aún tienen algo que contarnos.
Ciudad de México, 9 de julio (MaremotoM).– “No entendemos nada. Ni de ninguna edad entendemos lo que está pasando con el mundo”, dice entre risas y certezas una escritora, antropóloga, pedagoga y creadora escénica que ha fundado un universo enigmático y profundamente poético: el de la detective de objetos. El nombre es Shaday Larios. Su libro, del mismo nombre, editado por la Universidad de Sonora, gracias a los buenos oficios del editor Iván Ballesteros Rojo, es mucho más que una obra literaria: es un archivo sensible, una etnografía poética y una respuesta creativa a un mundo en crisis.
“Ya desde la pandemia venía gestándose esta posibilidad de crear refugios compensatorios desde otros sitios. Creo que estamos en un momento tan caótico, con tanta desesperanza, que los relatos responden a esa vitalidad”, reflexiona.
La conversación se despliega con naturalidad, desde una voz comprometida con el presente y la memoria. Habla de tendencias literarias como el posthumanismo, la sociología crítica, el perspectivismo amerindio o las descolonizaciones, no como modas intelectuales, sino como formas de buscar oxígeno ante los fascismos, las guerras, y una sensación flotante de “fin del mundo”.
Un libro que no se parece a nada
Detective de Objetos se publicó originalmente en España en 2019, con la editorial La Uña Rota. Ahora, finalmente, tiene edición mexicana. Lejos de encajar en un género tradicional, se trata de lo que el dramaturgo Alberto Conejero llamó un “poemario encubierto”.
“Yo tengo una agencia de detectives de objetos desde 2014 que se llama El Solar. Vamos a comunidades e instituciones a hacer etnografías poéticas, territoriales. Son convivencias de meses con gente, con sus objetos, con sus memorias materiales”, explica la autora.
Junto con Jomi Oligor (Navarra) y Xavier Bové (Cataluña) y Shaday Larios forman un trío de artistas-investigadores que crean instalaciones, teatro documental, libros y documentales en diálogo con los espacios y sus historias ocultas.
Tres ciudades, tres casos, una poética
El libro recopila tres “casos”: Girona, Barcelona y Berlín. No son relatos de viaje, ni crónicas, ni tampoco ensayos. Son exploraciones literarias desde la materialidad del mundo. Cada capítulo toma la forma de aquello que narra: la carpintería de 70 años en Girona, las barracas olvidadas bajo el Jardín Botánico de Barcelona y los vestigios de la RDA en Berlín.
“La carpintería de Girona me inspiró a escribir con estructura de cajones, mapas, gavetas. En Barcelona no hablamos solo del jardín, sino de lo que hay abajo: 30.000 barracas de migrantes expulsados de la historia oficial. Y Berlín… Berlín es un capítulo descentrado, como su propio muro invisible”.
Hay algo profundamente político en este trabajo: visibilizar memorias no institucionalizadas, escuchar a las comunidades y dejar testimonio de lo vivido.
“A veces me dicen que esto no es literatura, que es teatro, antropología o archivo, pero para mí es una práctica viva. Somos detectives de objetos y ese oficio tiene toda la licencia para jugar con la poesía como fuerza autosuficiente. Para decir: esto pasó, esto dolió, esto floreció”.

La poesía como informe forense
La propuesta de Detective de Objetos está en la intersección de muchas disciplinas, pero su corazón late con fuerza literaria. Los objetos hablan, los territorios responden, las personas confían. Lo que queda es un testimonio, un archivo afectivo que también sirve para la docencia:
“Estos libros me funcionan de maravilla en mis clases. Digo: yo viví esto, pero aquí está condensado. Si te sirve, aprovéchalo. Son informes poéticos que abstraen nociones para compartirlas”.
Y lo que les ocurre a los lectores, según cuenta, es algo desconcertante pero poderoso: se sitúan entre lo real y lo poético. “Saben que lo que leen ocurrió, pero lo viven como una experiencia estética transformadora”.

Ni Bolaño ni Holmes: la inspiración está en la gente
Aunque el título puede remitir a Los detectives salvajes o a Sherlock Holmes, la autora aclara que su inspiración no viene de ahí.
“No me inspiré en Bolaño, en Holmes, aunque lo leímos en clave de teatro de objetos. Mi inspiración viene de los espacios vividos, del afecto con la gente, de los lazos que tejemos. Cada capítulo intenta reflejar la forma del espacio: esa es mi brújula”.
Y agrega con ironía y ternura: “Este libro es raro, sí. Muy raro. Pero es mi manera de dejar constancia de que estuvimos ahí”.
En tiempos donde la memoria también se vuelve mercancía, el trabajo de El Solar propone un acto de resistencia. En Berlín, por ejemplo, colaboraron con tiendas que aún venden productos de la RDA, no para turistas, sino para quienes realmente vivieron ese sistema.
“Se han creado museos clandestinos, aunque estén en números rojos. Porque extrañamos esas casas sin publicidad, hechas para las personas y no para el mundo neoliberal”.
En definitiva, Detective de Objetos es un gesto radical de escucha. Una escritura que no embellece el caos, pero lo atraviesa con preguntas, con encuentros, con la convicción de que los objetos aún tienen algo que contarnos.











